lunes, 25 de julio de 2011



El fin de semana pasó normal. Nos alcoholizamos y entre todos los escándalos que vivimos gracias a vos y a tu violencia me olvide que tenia un asunto que atender. Como ya sabes no estaba muy segura de que lo que estaba viviendo fuera en serio, primero porque es grande y yo estoy lejos de serlo, debe tener mujeres increíbles al lado como para fijarse en una nenita como yo y segundo porque es mi naturaleza desconfiar de todos menos de Mauricio (a él si, le creo que el cielo es verde y las mentiras son una forma de querer jodidamente retorcida). Aunque mis dudas, mis desconfianza se terminó el lunes, en el colegio. 
Como siempre, Melanie y yo llegamos tarde del recreo. Nos quedamos en el quiosco y nos hacemos las idiotas cuando suena el timbre. Si a mi no me gusta el colegio, a Melanie le gusta menos, imaginate. En fin, estamos subiendo las escaleras y ahí estaba 'el profe'. Nos saludamos y me dijo "Te estuve esperando el sábado". Roja, roja como la bandera de independiente que tenes colgada en la pared, así de roja me puse. Le explique que tenia un amigo muy torpe que solía meternos en problemas y que nos fuimos temprano. Entonces me dijo algo como que le de mi número así él me pasaba a buscar y salíamos a tomar algo. Le dije que sí, roja como estaba y me fui al salón. 
El viernes, en la hora de física la profesora se quedó sin tinta en el fibrón. Yo como buena alumna que soy me ofrecí a buscar uno. No, no pienses que estoy haciendo buena letra para aprobar la materia, física me importa menos de lo que te podes llegar a imaginar, pero ofrecerme me convenía, salia aunque sea cinco minutos del salón de clases y podía ir a pedir el fibron a la sala de computación. Si, eso hice. 
Toqué la puerta y cuando me abrió con mi mejor sonrisa le pedí si por favor no me prestaba un fibrón. "Ida y vuelta" me dijo. No fue una indirecta, pero lo tomé al pie de la letra cuando termino la clase dos horas después. Le pedí a la profesora el fibrón y fui a devolvérselo.  Nos quedamos un rato largo hablando. Le dí mi número de celular y me dijo que a la noche me mandaba mensajes. Me puso un apodo muy gracioso y extraño 'polvorita'. Es increíble la forma distintas de ver que tenemos todos. Él me ve como una especie de chica feliz, sonriente, divertida y no tiene idea que la nena que tiene en frente tiene un vacío y una tristeza adentro que no tiene fin.

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