sábado, 13 de septiembre de 2014

El odio siempre esta a un paso del amor



-Así que el odio y el vodka fueron mas fuertes...

-Como siempre. Se que estuve mal. Se que me gane todo su asco. Pero por lo menos alguien fue capaz de responderme todas mis preguntas. 
-La curiosidad mato a Guillermita. 
-Pero el odio sigue intacto.


Ahora que lo veo de lejos, toda la situación me genera risa. Al principio tuve la sensación de que iba a odiarte para siempre, de que nunca más iba a poder verte con esos ojos que te miraba cuando recién te conocía y me tenias enamorada de todo lo que hacías. Fue difícil terminar con vos, muy difícil. Creo, de hecho, que fue una de las cosas mas difíciles que tuve que hacer en mi vida. Aunque tal vez no fue eso lo que me costó realmente, sino tener que deshacerme de esa imagen que te había creado... tuve que entender que vos tal vez no eras la persona que yo todavía amaba. Y que yo, evidentemente, tampoco fui la persona que vos querías. No me acerque siquiera. 

Sí, yo era medio idiota y creí siempre que íbamos a terminar juntos. Que no había obstáculo que interrumpiera nuestro amor, no había limites. Pero me olvide un dato importante: nada nunca es para siempre. Y nosotros no eramos la excepción a ninguna regla.

Tendría que haberlo visto con el correr de los años, pero esa constancia en nuestra relación torcida era lo que me generaba mas esperanzas. Seguíamos ahí después de todo, a pesar de todo. Aunque eso no quería decir nada. 


Me di cuenta tarde. Hice todo mal con vos, y a destiempo. Lo reconozco y soy totalmente consciente de mis faltas. Se con que te lastime, se del caos emocional que arme durante todo el tiempo que estuvimos juntos y separados a la vez. También se que le di un final a nuestra historia inapropiado. Pero eso puedo explicarlo. Lo hice por odio. 

Siempre me resulto más fácil terminar siendo la hija de puta de la relación. No se si por cargo de consciencia o qué, la cuestión es que mis actitudes y mi accionar terminan alejando a las personas que quise, de mí. Es una manera simple y cómoda, porque me garantizo que no vuelvan. ¡Quizás es eso! No quiero volver a vivir ese circulo interminable y vicioso que vivía antes, así que redacto un contrato donde queda asentado que me odian y que jamás volverían a estar conmigo. Total la única que lo sufre soy yo. 

Recuerdo perfectamente el momento en que me gane tu odio. Recuerdo el sabor que sentí en mi boca, de victoria, de venganza. Y te juro que al recordarlo, me genera risa. ¿Cómo hiciste para provocar todo eso en mí? ¿De dónde salió ese super poder que me vencía tan fácilmente? Yo se que no vas a leer esto, y se que aunque lo hicieras, no te generaría nada. Lo se, porque yo me lo gane. Y no me arrepiento. 

La noche en que me gane tu asco y tu odio, yo sabía a lo que me exponía. Pero necesita erradicarte de mi vida. Necesitaba que desaparezcas. Haberte amado se había convertido en un infierno. En lo único que podía pensar era en lo que había perdido. Te juro. Me levantaba todos las mañanas sabiendo que te había perdido, y que perderte había sido mi mayor error. Cuando supe que no ibas a volver, cuando fui capaz de verlo, decidí que no podía seguir teniendo la esperanza viva. Había que matar todo el amor que existía entre nosotros, así iba a ser más fácil.

Aproveche toda la situación que se me había presentado. El vodka, tu amigo, mis dudas. Era el único que estaba dispuesto a responder cada una de mis preguntas, así fue como me entere de todo. De cada parte de tu historia de amor nueva. Pero no fue en ese momento cuando creció mi odio. Te detestaba, si, pero fue a medida que empece a entender que no me querías, lo que fomento semejante odio. No me querías. Era claro. No eras vos el que me habia hecho replantear todas mis vacaciones. No, era yo. Yo ilusionada. Yo creyendo en el maldito final pedorro y feliz que me arme en mi mente. Yo solita, queriendo. Y vos nada. 

Al odio se le sumó la bronca. A la bronca, la ebriedad y así fue como pasó lo que pasó. Caí en mi propia trampa, en mi propio plan. Era obvio que ibas a odiarme. Pero aún no lo aceptaba. A pesar de todas las cosas que ya había visto, todavía no aceptaba que vos no me querías. Mi corazón seguía ilusionado con vos, esperanzado. Creía que te iba a decir todo lo que me pasaba (¡por fin!) y que vos ibas a leerlo, conmoverte, entenderme, aceptar que me había equivocado (porque se que besar a uno de tus amigos es equivocarse, lo tengo claro) y que podíamos volver a saludarnos (aunque sea) cuando nos crucemos por la calle. 

Pero, como ya quedo comprobadisimo en este diario, nada de lo que armó mi mente pudo materializarse. Quizás fue tanta energía negativa, no lo se. La cuestión fue que te escribí todo. O al menos lo que pude en ese momento. Y tu respuesta inmediata (y coherente, creo) fue rechazo. Rechazo. Puro. Simple. Y no me quede conforme, sino que seguí. Seguí hablando, seguí diciéndote, porque en mi cabeza, vos tenías que escucharme... y cuanto más te decía, vos más me rechazabas. Cuando mas amor te tiraba, vos mas asco sentías por mí. Insistí, hasta que lo sentí. Entonces me quede quieta. Ya no tenía más nada para vos y mi corazón, que acababa de romperse realmente, se había rendido. Generalmente el corazón nunca se rinde, insiste, pelea, sigue adelante... pero el mio no tenia nada mas por qué luchar. 

Con el corazón fuera de esto, pude ver todo con absoluta claridad. Vi nuestra historia, chiquita, fugaz, hermosa. Dos nenes jugando a que se amaban eternamente. Solo eso: jugando. Y después me vi a mí, todo el tiempo que siguió, jugando sola. Te vi como te veía antes, príncipe, bueno, sin un defecto a la vista, perfecto. Salido de un cuento de hadas. Pero también te vi ahora: humano. Nada más y nada menos que ser humano. No eras más el ser mitológico que yo amaba y que yo me había inventado. Y tampoco me amabas como yo creía... y ahí, cuando lo vi, fue que mi corazón se despidió de vos. 

Tanta realidad había arruinado nuestros recuerdos. Yo me empeñe tanto en que me veas, que sólo viste lo malo de mí, mis miserias. Miserias que arruinaron lo que sentías por mí. Yo arruine nuestros recuerdos juntos. Arruine la imagen que tenias de tu primer novia de la adolescencia. Arruine todo. Pero vos me sacaste lo más valioso para mí: la sensación de haber sido amada por alguien












lunes, 1 de septiembre de 2014

Tu misterioso alguien





El verano terminó hace rato. Y mi historia de amor también. Desde acá, aun en este encierro, se percibe el aire fresco que viene a limpiarlo todo. Hay cambios, afuera, en el ambiente, y adentro mío. Hay razones nuevas para vivir, aunque todavía no las conozca. Ni las sienta cerca. 
Acabo de sobrevivir a esta relación eterna. ¿Cómo? No tengo idea. Pero no podría haberlo hecho sin vos. Sí, vos. Y aunque todavía me duele un poco y la herida me pica, se que estoy dejándolo ir de a poco. A él y a todo mi circulo vicioso. Igualmente me paso horas revisando su perfil ¿no soy la única en el mundo que lo hace no? porque en el fondo quiero conocerla. Quiero saber quién es y qué hace... Cómo fue que lo conquistó. Por supuesto que ningún tipo de stalkeo me va a develar esas preguntas. Nadie puede hacerlo. Ya no.
Pero de todas formas, entro todos los días a corroborar que sí, todavía la quiere. Y a partir de esa confirmación, surgen nuevas preguntas: ¿Cómo la conoció? ¿Sabra de mí? ¿Habré sido tan importante para él como yo creía? ¿Y si él si entendió que fue solo un amor adolescente y yo fui la única que que vivió atada a ese recuerdo como si fuese aire?

-¿Tiene importancia eso ahora? ¿Tiene importancia todo lo que estas haciendo?
Ahí estabas otra vez, salvándome de mí misma. Tratando de hacerme entender que ninguna tortura emocional que me imponga va a cambiar las cosas. Y es cierto. Nada va a cambiar las cosas. Nada va a volver a ser como era antes.
-No, no la tiene. Pero es insoportable tener tantas preguntas en mi cabeza y que nadie sepa responderlas. 
-Tuviste tu oportunidad. ¿Por qué no fuiste? 

Sí, tuve mi oportunidad. La última mañana de mis vacaciones deje de ser tan obvia y lo llame con mi número oculto. Fue la única vez que atendió (eso debería haberme dado una pista no?) así que no le quedó otra opción mas que hablarme. Le dije que realmente tenia que hablar con él y accedió a verme el día siguiente a la tarde. 
En un universo perfecto el encuentro se habría concretado. Habríamos hablado, yo sabría qué le pasaba, qué sentía y seguramente le hubiéramos dado un final normal a nuestra historia, o al menos el final que se merecía. Pero no fue así. Cuando me desperté, con todo el alcohol y el dolor encima, habían venido a buscarme. Tuve que irme de mis vacaciones sin poder hablar con él. Sumado a eso, no tuve como avisarle. Me había quedado sin cargador de mi celular así que pase unos días en Mar de las Pampas incomunicada. Cuando volví a Buenos Aires y entré a su perfil de Facebook, ahí estaba ella. Besándolo. Recibiendo su beso. Esos besos que antes eran míos, que me correspondían a mí. Entendí todo. Su rechazo, el hecho de que me evitara con tanta necesidad... pero a la vez no entendí nada. ¿Por qué me había hecho algo así? ¿Por qué había planeado verme en vacaciones si había alguien en el medio? ¿O era yo la que estaba en el medio? Un sin fin de preguntas sin respuestas, eso era yo. Y lo soy todavía. Cuando me di cuenta del lugar en el que me había puesto, me creció un odio descomunal. Sí, lo odiaba. Odiaba a la persona que, hasta hace unos minutos, amaba mas que a mi propia vida. Solo en el mundo del amor se permiten esos cambios bruscos. 

-Así que el odio y el vodka fueron mas fuertes...
-Como siempre. Se que estuve mal. Se que me gane todo su asco. Pero por lo menos alguien fue capaz de responderme todas mis preguntas. 
-La curiosidad mato a Guillermita. 
-Pero el odio sigue intacto.

Así me entere que tenía novia. Y pase dos meses enteros revisando sus cosas. Buscaba la forma de entender todo, pero él seguía sin hablarme. Ni siquiera me pregunto después del viaje, si todavía quería hablar. Se que no merecía ningún tipo de explicación, pero por lo menos avisarme... no se, que nuestros planes veraniegos antes acordados no iban a ser posibles. ALGO. Y como no tenía sus palabras, buscaba las mías para reemplazarlas. Arme una cantidad de hipótesis descomunales. Y no solo yo, todas mis amigas estaban en lo mismo, entre todas teníamos que descubrir el por qué. Pero ninguna pudo. 
El odio que le tenía crecía a medida que lo veía en mas y mas fotos. Cada vez que sus declaraciones románticas aparecían mi odio se acrecentaba. Sentía que si lo cruzaba iba a matarlo, así que empece a evitar esos lugares que le eran habituales. Lo peor que me podía pasar era cruzarlo ¡y con ella! 

Me había quedado con la peor parte del final: el odio, el amor y un sin fin de preguntas sin respuestas. Pero mi historia épica y clásica de amor totalmente estropeada no iba a quedar así. 

Hubo una noche, después de varios meses, en que supe que debía darle fin. Pero no un final cualquiera. No una charla de adultos, no una carta de despedida, no una explicación. Todo lo contrario. Tenía que demostrarle que lo odiaba y así, quizá, generar esa misma sensación en él. No sabía si era posible, pero quería ver si tenía sangre en las venas. Quería un último sentimiento de su parte, aunque fuese odio. Aunque fuese asco.


Tomé una cantidad de vodka increíble. Estaba en un cumpleaños con todos sus amigos. Él no había ido, apenas pregunte por su presencia me dijeron que ya no salia mucho a ningún lado. Me extrañó. Cuando yo lo conocí, una de las cosas que lo hacían perfecto era su manera de vivir la amistad. Siempre estaba de acá para allá con todos, de fiesta en fiesta, y me encantaba. No me lo podía imaginar de otra manera. No me lo podía imaginar más de ninguna manera. Cuánto más escuchaba de su nueva vida, más vodka ingresaba a mi organismo. Pero nada anestesiaba el dolor. Yo quería ser ella. De nuevo. Para siempre. Y como eso era imposible, entonces me convertí en una villana auto-destructiva. Una villana con un aliado muy dispuesto, a facilitarme la información y darme material para mis maldades. 

Cuando me desperté al otro día, sabiendo que había cumplido con mi misión, sabiendo que seguramente ya te habías enterado, me arrepentí. Fui a la computadora y redacte una especie de discurso culposo y tristisimo. Quería que me odies, pero a la vez, sentía que no daba terminar nuestra historia como si fuese una guerra. Escribí, borre, escribí, hasta que me canse de auto-corregirme y por primera en mi vida, te envíe algo de todo lo que te había escrito alguna vez. Esta vez, la respuesta que obtuve dio el cierre. No, con esto no estoy echándote la culpa. No estoy diciendo que vos fuiste un necio y poco comprensivo y reaccionaste siendo más hijo de puta que yo. O si, tal vez estoy diciendo eso. Pero la verdad es que tu respuesta me ayudo a dejarte ir. En serio. Si vos hubieses respondido como un caballero o como el Mauro de mi ideal hablaba, entonces todavía estaría enamorada de vos, todavía me dolerías en todas partes. 
Respondiste con odio, con asco, con indiferencia a todo lo que a mí me había pasado. Pero no me molestó. Lo merecía. Merecía cada gramo de tu rechazo. Lo había logrado. Había logrado, por fin, que te espantes. 

-Eso no quiere decir que te sientas mejor, lo sabias, no?
-Si, Facundo. Lo sé. Pero no tenia mas nada para dar. Mas nada para enredar. Me parece que llegue a un limite en mi misma... 
-Me parece que entendiste que él no te quería. Y ese fue tu limite.
-Me gustaría mucho que estés acá. 
-Estoy acá, tontita. Siempre. 


La noche en que me gané tu odio no pasó nada de lo vos crees que pasó. No voy a decirte que sucedió realmente, porque la verdad es que me gusta que creas una mentira. Me gusta que me hayas demostrado quien era yo para vos, cuanto me conocías. Me gusta haberme enterado, por fin, que significaba. O al menos haberme dado, mas o menos una idea. 
En este momento estas viviendo tu vida feliz. Supongo que lograste borrar todos los recuerdos lindos que teníamos. Si algún día queres recordar, podes venir acá y leernos. Aunque no sea toda la historia, aunque este contada desde mi punto de vista. Aunque ahora este teñida de odio.