lunes, 1 de septiembre de 2014

Tu misterioso alguien





El verano terminó hace rato. Y mi historia de amor también. Desde acá, aun en este encierro, se percibe el aire fresco que viene a limpiarlo todo. Hay cambios, afuera, en el ambiente, y adentro mío. Hay razones nuevas para vivir, aunque todavía no las conozca. Ni las sienta cerca. 
Acabo de sobrevivir a esta relación eterna. ¿Cómo? No tengo idea. Pero no podría haberlo hecho sin vos. Sí, vos. Y aunque todavía me duele un poco y la herida me pica, se que estoy dejándolo ir de a poco. A él y a todo mi circulo vicioso. Igualmente me paso horas revisando su perfil ¿no soy la única en el mundo que lo hace no? porque en el fondo quiero conocerla. Quiero saber quién es y qué hace... Cómo fue que lo conquistó. Por supuesto que ningún tipo de stalkeo me va a develar esas preguntas. Nadie puede hacerlo. Ya no.
Pero de todas formas, entro todos los días a corroborar que sí, todavía la quiere. Y a partir de esa confirmación, surgen nuevas preguntas: ¿Cómo la conoció? ¿Sabra de mí? ¿Habré sido tan importante para él como yo creía? ¿Y si él si entendió que fue solo un amor adolescente y yo fui la única que que vivió atada a ese recuerdo como si fuese aire?

-¿Tiene importancia eso ahora? ¿Tiene importancia todo lo que estas haciendo?
Ahí estabas otra vez, salvándome de mí misma. Tratando de hacerme entender que ninguna tortura emocional que me imponga va a cambiar las cosas. Y es cierto. Nada va a cambiar las cosas. Nada va a volver a ser como era antes.
-No, no la tiene. Pero es insoportable tener tantas preguntas en mi cabeza y que nadie sepa responderlas. 
-Tuviste tu oportunidad. ¿Por qué no fuiste? 

Sí, tuve mi oportunidad. La última mañana de mis vacaciones deje de ser tan obvia y lo llame con mi número oculto. Fue la única vez que atendió (eso debería haberme dado una pista no?) así que no le quedó otra opción mas que hablarme. Le dije que realmente tenia que hablar con él y accedió a verme el día siguiente a la tarde. 
En un universo perfecto el encuentro se habría concretado. Habríamos hablado, yo sabría qué le pasaba, qué sentía y seguramente le hubiéramos dado un final normal a nuestra historia, o al menos el final que se merecía. Pero no fue así. Cuando me desperté, con todo el alcohol y el dolor encima, habían venido a buscarme. Tuve que irme de mis vacaciones sin poder hablar con él. Sumado a eso, no tuve como avisarle. Me había quedado sin cargador de mi celular así que pase unos días en Mar de las Pampas incomunicada. Cuando volví a Buenos Aires y entré a su perfil de Facebook, ahí estaba ella. Besándolo. Recibiendo su beso. Esos besos que antes eran míos, que me correspondían a mí. Entendí todo. Su rechazo, el hecho de que me evitara con tanta necesidad... pero a la vez no entendí nada. ¿Por qué me había hecho algo así? ¿Por qué había planeado verme en vacaciones si había alguien en el medio? ¿O era yo la que estaba en el medio? Un sin fin de preguntas sin respuestas, eso era yo. Y lo soy todavía. Cuando me di cuenta del lugar en el que me había puesto, me creció un odio descomunal. Sí, lo odiaba. Odiaba a la persona que, hasta hace unos minutos, amaba mas que a mi propia vida. Solo en el mundo del amor se permiten esos cambios bruscos. 

-Así que el odio y el vodka fueron mas fuertes...
-Como siempre. Se que estuve mal. Se que me gane todo su asco. Pero por lo menos alguien fue capaz de responderme todas mis preguntas. 
-La curiosidad mato a Guillermita. 
-Pero el odio sigue intacto.

Así me entere que tenía novia. Y pase dos meses enteros revisando sus cosas. Buscaba la forma de entender todo, pero él seguía sin hablarme. Ni siquiera me pregunto después del viaje, si todavía quería hablar. Se que no merecía ningún tipo de explicación, pero por lo menos avisarme... no se, que nuestros planes veraniegos antes acordados no iban a ser posibles. ALGO. Y como no tenía sus palabras, buscaba las mías para reemplazarlas. Arme una cantidad de hipótesis descomunales. Y no solo yo, todas mis amigas estaban en lo mismo, entre todas teníamos que descubrir el por qué. Pero ninguna pudo. 
El odio que le tenía crecía a medida que lo veía en mas y mas fotos. Cada vez que sus declaraciones románticas aparecían mi odio se acrecentaba. Sentía que si lo cruzaba iba a matarlo, así que empece a evitar esos lugares que le eran habituales. Lo peor que me podía pasar era cruzarlo ¡y con ella! 

Me había quedado con la peor parte del final: el odio, el amor y un sin fin de preguntas sin respuestas. Pero mi historia épica y clásica de amor totalmente estropeada no iba a quedar así. 

Hubo una noche, después de varios meses, en que supe que debía darle fin. Pero no un final cualquiera. No una charla de adultos, no una carta de despedida, no una explicación. Todo lo contrario. Tenía que demostrarle que lo odiaba y así, quizá, generar esa misma sensación en él. No sabía si era posible, pero quería ver si tenía sangre en las venas. Quería un último sentimiento de su parte, aunque fuese odio. Aunque fuese asco.


Tomé una cantidad de vodka increíble. Estaba en un cumpleaños con todos sus amigos. Él no había ido, apenas pregunte por su presencia me dijeron que ya no salia mucho a ningún lado. Me extrañó. Cuando yo lo conocí, una de las cosas que lo hacían perfecto era su manera de vivir la amistad. Siempre estaba de acá para allá con todos, de fiesta en fiesta, y me encantaba. No me lo podía imaginar de otra manera. No me lo podía imaginar más de ninguna manera. Cuánto más escuchaba de su nueva vida, más vodka ingresaba a mi organismo. Pero nada anestesiaba el dolor. Yo quería ser ella. De nuevo. Para siempre. Y como eso era imposible, entonces me convertí en una villana auto-destructiva. Una villana con un aliado muy dispuesto, a facilitarme la información y darme material para mis maldades. 

Cuando me desperté al otro día, sabiendo que había cumplido con mi misión, sabiendo que seguramente ya te habías enterado, me arrepentí. Fui a la computadora y redacte una especie de discurso culposo y tristisimo. Quería que me odies, pero a la vez, sentía que no daba terminar nuestra historia como si fuese una guerra. Escribí, borre, escribí, hasta que me canse de auto-corregirme y por primera en mi vida, te envíe algo de todo lo que te había escrito alguna vez. Esta vez, la respuesta que obtuve dio el cierre. No, con esto no estoy echándote la culpa. No estoy diciendo que vos fuiste un necio y poco comprensivo y reaccionaste siendo más hijo de puta que yo. O si, tal vez estoy diciendo eso. Pero la verdad es que tu respuesta me ayudo a dejarte ir. En serio. Si vos hubieses respondido como un caballero o como el Mauro de mi ideal hablaba, entonces todavía estaría enamorada de vos, todavía me dolerías en todas partes. 
Respondiste con odio, con asco, con indiferencia a todo lo que a mí me había pasado. Pero no me molestó. Lo merecía. Merecía cada gramo de tu rechazo. Lo había logrado. Había logrado, por fin, que te espantes. 

-Eso no quiere decir que te sientas mejor, lo sabias, no?
-Si, Facundo. Lo sé. Pero no tenia mas nada para dar. Mas nada para enredar. Me parece que llegue a un limite en mi misma... 
-Me parece que entendiste que él no te quería. Y ese fue tu limite.
-Me gustaría mucho que estés acá. 
-Estoy acá, tontita. Siempre. 


La noche en que me gané tu odio no pasó nada de lo vos crees que pasó. No voy a decirte que sucedió realmente, porque la verdad es que me gusta que creas una mentira. Me gusta que me hayas demostrado quien era yo para vos, cuanto me conocías. Me gusta haberme enterado, por fin, que significaba. O al menos haberme dado, mas o menos una idea. 
En este momento estas viviendo tu vida feliz. Supongo que lograste borrar todos los recuerdos lindos que teníamos. Si algún día queres recordar, podes venir acá y leernos. Aunque no sea toda la historia, aunque este contada desde mi punto de vista. Aunque ahora este teñida de odio. 





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