viernes, 22 de julio de 2011

Las clases cambian mi estilo de vida rotundamente. Los días son mas largos y monótonos. En otras palabras: insoportables. Despertarse temprano, recibir el día con la histeria y el apuro de Fabiana. Cambiarme casi inconscientemente y llegar al colegio para estar quince minutos parada diciendo oraciones en las que no creo sin poder siquiera bostezar. Discutir con la mayoría de los profesores. Tener recreos vacíos y poco interesantes (si, la ausencia de Mauricio se sigue notando), clases aburridas y millones de cosas nuevas para leer. Volver a casa a horarios anormales. No tener la costumbre de dormir siesta. Hacer la tarea. Mirar algo en la televisión o escuchar la radio y si todavía me quedan neuronas disponibles leer algún libro. 
Después me duermo y no espero nada del día siguiente.

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