lunes, 18 de julio de 2011



Y así fue como ocurrió realmente...
 Mentira más o mentira menos.






Entonces llegas a una parte en tu vida donde te estancas. Ni las palabras alcanzan para describir el dolor, la angustia, la vergüenza, el horror que causaste. Tuve a un hombre hermoso y lo perdí. No me preguntes por qué me hice tanto daño a mí misma, por qué perdí al único hombre que yo misma era capaz de querer… no me preguntes porque no tengo idea de la respuesta. 
Después de mis esplendidas vacaciones recibí un mail; si, de Mauricio, obviamente. Un mail patético donde respondía unos de mis tantos lamentos de diciembre. La histeria, el dolor, la bronca que sentí al leer cada una de sus mentiras me dio un tremendo golpe. Vivir anestesiada es fácil. Uno vive la vida como si todo fuera parte de una película romántica donde los protagonistas se juran amor eterno y encima de todo lo cumplen por el resto de sus vidas… lo mío era un poco distinto. En mi película llego el príncipe a salvarme del horror y a convertirme en reina nuevamente. Tanto tiempo adormecida no me sirvió en lo absoluto. Cuando vi su nombre en la bandeja de entrada, cuando abrí su mail, cuando leí sus intenciones nuevamente la vida me dio un baldazo de agua congelada y no pude volver a dormirme. Sé que suena estúpido, pero volver al sueño era lo que más deseaba. 
Cerré el mail, apague a la computadora y volví a mi vida normal con mi novio perfecto y amoroso. Pero en el fondo sabía que no iba a durar mucho la siesta, si había pasado eso, si me había mandado ese mail era porque no iba a rendirse (de hecho jamás lo hizo). Pasaron los días, todo era correspondiente a mi rutina anterior: las conversaciones por teléfono, las visitas, los paseos, los besos y los cigarrillos, todo encajaba perfecto cuando tenía a Mauro al lado. Fueron días esplendidos cada uno de los que pase con él, es una persona que se debe cuidar y no se debe retener, de las millones de personas que habitan el mundo, Mauro es una de las pocas que merecen la felicidad más pura. Y yo era incapaz de darle eso, mi mundo perfecto se iba desmoronando a medida que sentía la presencia del ogro cerca, cada vez más cerca, como solo él sabía estar. ¿Es necesario que te explique que volví a caer en su red? 
Una de nuestras tantas noches perfectas de verano salimos, en esa época el boliche al que asistíamos era al mismo donde nos escapábamos para ir a matinée. Llegamos, nos encontramos con ambos grupos, yo con mi hermana, obviamente, hasta que nos separamos y fuimos a dar vueltas. Como ya te dije estar con él era maravilloso. Íbamos de la mano, parecíamos una de esas parejas de las postales cursis que te venden en el tren o en cualquier trayecto turístico, bajamos la escalera y escucho su voz. Me quedo inmóvil, intentado reaccionar y decirme a mi misma que estaba loca, que nadie puede tener tanta mala suerte de cruzarse en ese momento perfecto. Aunque pensándolo bien era la ocasión ideal para demostrarle que ya no era parte de mi, que mi vida ahora era perfecta y que tenia al lado al hombre que se merecía todo mi amor; era la ocasión ideal para demostrarle que no existía, para saludarlo y seguir de largo aunque por dentro me estuviera muriendo. Era la ocasión ideal, pero ocurrió todo lo contrario. 
Me paralice. Entonces lo escucho otra vez ‘hey, princesa’. Si, era él. Era su voz, su llamado, su ‘princesa’. Era Mauricio y sus brazos los que me agarraban para que reaccione. No me acuerdo ni que dije ni con qué cara lo mire, pero me acuerdo haberme quedado tiesa mientras lo veía hablarme, mientras se alejaba, mientras tenia al lado al hombre de mi vida. Al hombre que debería amar toda mi vida. Pero no pude. No supe manejar el amor perfecto, no supe vivir en mi mundo de novela, de película. Cuando empecé el colegio mi relación con Mauro dejo de ser la misma. Cada útil que tenia me hacia recordarlo, como una especie de alarma que avisa que mi novio era parte de mí y yo era la encargada de que siga siendo así. ¿No es patético? Tener que comprarte una cartuchera de rana para recordarte a vos misma que tu novio es perfecto y que tenés que amarlo aunque todos los días tengas al ogro de tu propio cuento en frente, ¿todos los putos días?
Y esa era yo. Una chica desesperada, una chica cansada, aburrida, una chica enamorada… del menos indicado. 

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