Lo que siento por él,
suele llevar a los besos.
Lo crucé el viernes, en Xantino: Salí con las chicas y nos encontramos con el profe y sus amigos. Estaba con él cuando lo crucé. Mauro estaba con su mejor amiga. Nos abrazamos mucho, hacia un tiempo que no nos cruzábamos ni nos veíamos, solo manteníamos comunicación por Messenger, pero ahora era distinto porque lo tenia en frente. Todos los que me vieron acercarme, mirarlo, abrazarlo se dieron cuenta que clase de amor me unía a él, no era algo que yo solía disimular, ni siquiera sabia como se hacia. Mauro era sagrado para mi y no iba a dejar de demostrarle cuanto lo quería, en ninguna ocasión.
Cuando el profe se fue nos quedamos esperando afuera el remis. Mauro se acercó, me regaló una barra de chocolate y se quedó conmigo. Esa era su forma, protegerme, cuidarme, estar ahí. Eso era de él lo que mas me gustaba. Quedamos en vernos el miércoles.
Llegué tarde, como siempre, quizás para demostrarle que seguía siendo la misma atolondrada de antes. Comimos en Mc Donals y después de recorrer algunos negocios y comprar cigarrillos fuimos a caminar por su barrio. Pasamos una tarde hermosa. Cuando volví me sentí la más feliz del mundo.
Tenerlo cerca a Mauro me da a entender miles de cosas, como por ejemplo que no voy a poder estar lejos suyo nunca. Incluso si él algún día se alejara de mi, yo no resistiria. Podría desprenderme de Mauricio, del profe, pero Mauro era distinto, era mucho mas. Iba a ser parte de mi, mas allá de todo.
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