domingo, 25 de septiembre de 2011

Así fue como un día llegué al colegio y empecé a hacer amigos. Si, amigos. Esas personas, mis compañeros, que quizás antes creía seres de otra galaxia hoy se convirtieron en mucho mas que eso. 
Ya me había pasado con las chicas, primero no nos entendíamos, pero con los años nos dimos cuenta que a pesar de haber tenido vidas distintas, toda la experiencia, la poca experiencia vivida, nos complementaba. Hoy, gracias a eso, tengo cinco razones para despertarme todos los días con una sonrisa. A veces nos peleamos o no nos entendemos, pero a la larga esos malentendidos nos sirven para estar mas juntas, mas abrazadas que nunca. Son como mi familia, porque la pueden pifiar, me pueden hacer enojar e incluso me pueden lastimar, pero siempre vamos a terminar compartiendo la misma mesa, el mismo techo. No importa lo que pase, se que no estoy sola porque las tengo a ellas. 
Viví convencida todo este tiempo de que la escuela era un sitio totalmente innecesario y aburrido, no valía la pena. Pero era todo lo contrario, aprendí que por ser como vos, por tener miedo a relacionarme con personas que el día de mañana me podían dejar, me estaba perdiendo de conocerlos a ellos, mis compañeros. 
Son las chicas, mi familia. Es Julian, con el que me río y canto canciones de Miranda! todas las mañanas, desafinada como siempre, pero sonriente. Es Matias, mi nuevo compañero de banco con el que me sentaron por hablar toda la mañana (claro, como si ahora no lo hiciera). Son Guada, Vero y Brenda, con las que antes tenia ganas de agarrarme de los pelos y ahora no puedo esperar a conocerlas mas y mas. Es Rodrigo, siempre escuchándome y dándome los mejores consejos. Agustin siempre atento, siempre ayudando, atento a mis macanas para hacerme ver que valgo mas de lo que yo misma creo. Mauro y Rodrigo, dos personas distintas a mi, pero hermosas. Son ellos, mis amigos, los que me enseñaros que aun en el peor colegio del mundo, podes encontrar personas que valen la pena, razones para existir. 

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