jueves, 15 de septiembre de 2011

Un mes y tres muertes después.

Hay una parte de mi que desapareció. Se suicido, no se, o fue asesinada, se fue caminando sola, se fue lejos. Yo la busco todos los días, pero no me puedo acordar de su nombre, que imbécil ¿no? Como si solo el nombre le diera consistencia a las cosas, como si fuese tan fácil, decís eme, efe, jota e instantáneamente aparezca. No me acuerdo el nombre, no me acuerdo como era y es por eso que a veces vuelvo en mis recuerdos a buscarla...
Me siento en un rincón del salón a mirar como pasan las horas y hay quienes caminan sobre mi: me pisotean, me ensucian, me obligan a hacerme un bollo y arrojarme a la basura. Adentro de ese bollo estoy yo, llena de partes que me faltan; adentro de ese bollo hay una mujer, una nena, una adolescente en proceso de crecimiento. Ahí adentro hay una pregunta que lo único que hace es repetir lo mismo cual disco rayado "¿A donde te fuiste, Guillermina?
Entonces la encuentro, esa parte de mi que tanto busque esta ahí, me mira... con la sonrisa un poco torcida y la nariz sin germinar, los ojos de almendra, vacíos. Los gritos, el alma, los demás y vos también. El bollo se abre, el cuerpo se llama, el alma ocupa el lugar que siempre ocupó (¿donde habita el alma, Facundo?). Así nos morimos a veces y yo no quiero. 

No hay comentarios: