¿Capricho? ¿Necesidad? ¿Lealtad?
¿Ceguera? ¿Obsesión?
¿Amor?
Los días se hacen cada vez más difíciles: peleas, enojos, discusiones, dolor, desamor... Lo quiero, sí, pero ya no puedo soportar sus delirios y sus malos tratos. Mi amor hacia el otro tiene un límite imposible de traspasar: mi amor por mí misma. Entonces la pregunta es: ¿Por qué no lo dejo? ¿Amor? ¿Culpa? ¿Costumbre? ¿Miedo? ¿Por qué no lo dejo? ¿Por qué sigo apostando a una relación que es evidente que no tiene sentido? Me cela, me odia, me rechaza, me vuelve total y completamente loca y me pelea constantemente por cualquier cosa... ¿cuál es el problema entonces? Me quiere. Lo quiero. Sí, es mi único argumento. Lo único que importa: me ama y contra eso nada ni nadie puede. Es así.
Quizás después de todo lo peor que me hizo Mauricio no fue romperme el corazón, tampoco fue no corresponderme, sino hacerme creer que no estoy capacitada para que alguien me quiera. Lo mismo con Mauro, me siento tan mal por haber fallado en esa relación que no puedo permitirme ser feliz y ahí entra Agustín en la historia. Me quiere, sí, pero me quiere mal, y a mí no me importa... porque me lo merezco.
¿Ves? Estos son los momentos donde necesito con desesperación que estés acá. Me darías un golpe en la nuca y yo comprendería inmediatamente lo equivocada que estoy, pero no estás y nadie me lo dice, todo lo contrario, me hacen sentir culpable por las lágrimas de Agustín. ¿Las mías no valen acaso?
Me acuesto en la cama deshecha llena de preguntas. Si estuvieras acá te reirías de eso, mi cama siempre desordenada, no me gusta hacerla, no me tortures. En mi biblioteca se me agotaron los libros. Podría empezar otra vez con Rayuela, pero me recuerda mucho a vos y con lo que te necesito últimamente puedo terminar durmiendo en un mar de lágrimas. Me tapo hasta la nariz y pienso… ¿Por qué no lo dejo? ¿Por qué no me deja? En serio, Facundo, ¿por qué?
-¿No es una obsesión?- Bienvenido Facundo, era hora de que empieces a responder mis eternas e interminables preguntas…
Lo que más disfruto de los sueños es esto, la capacidad del inconsciente de crear un mundo que a simple vista parece real. Mi mundo, real o no, estaba delante mío en ese momento y la verdad que con lo temprano que suena la alarma del despertador lo mejor es aprovecharlo.
-¿Mi obsesión o su obsesión?-
- La de ambos. Es muy fácil confundir el amor con la obsesión, enano. Es muy fácil dejarse cegar por esos sentimientos. Donde no había nada ahora hay algo muy similar al amor que viene para llenar ese vacío: el tuyo y el de él.- No respondía. Estaba totalmente paralizada con el sueño que estaba teniendo. Facundo adelante mío, respondiendo mis preguntas, dándome consejos como si estuviera… ¿Cómo iba a hacer después para recordar esto? Está bien que yo recuerde todos mis sueños, pero esto era demasiado paralizante.- ¿Soy claro, Gui?-
- A ver si te sigo… lo que vos queres decir es que como nos falta algo nos inventamos amor. ¿Está bien?-
-Exacto. Toda tu vida buscaste alguien a quien amar. Tu corazón funciona así. Quiere amor, por supuesto, pero sabe que para poder recibir amor hay solo una fórmula: darlo. Tu corazón es una maquina que se alimenta solo del amor que da, sin esperar nada a cambio. Una forma muy sana y muy acertada de querer, pero en este caso fue un arma de doble filo. Agustín te abrió las puertas para que lo ames, tardó, tardó mucho y te hizo sufrir tanto que al final cuando accedió vos lo único que sentías era una gratitud enorme. ¡Por primera vez tenias delante a un chico que te dejaba amarlo a tu manera! Pero no. No era la primera vez (no hagas puchero, ya todos conocemos a Mauro) y nada en esa relación iba a ser a tu manera, ¿pero vos como ibas a saberlo? Entonces se aprovechó de vos. De tu necesidad de amor y con eso empezó a llenar ese vacío, el suyo.
Vos, feliz de la vida, empezaste a amarlo de todas las maneras que encontraste. La tuya, la de él, la del vecino de en frente… todo servía en el momento de quererlo. Hasta que te diste cuenta de algo, el amor que estabas dando no te devolvía nada. Acá hay otro error.-
-¿Dos solos nada mas? ¿Qué estuviste viendo allá arriba? ¿Deportes?-
-No me gusta como estas alentándome en la cara a Racing. No sos graciosa. Pero bueno, tu segundo error es creer que el que te tiene que devolver algo es Agustín. Creer que tu vida se termina en él. Que no va a haber nada mas allá de él. ¿De dónde sacaste que todo esto que diste no te va a ser correspondido algún día? ¿Te acordas cuando hablábamos del arca de Noé y me dijiste que esa persona, que sienta lo mismo por vos en el mismo momento ya iba a llegar? ¿Es él? ¿Es Agustín?- Bloqueada. Estaba y estoy todavía totalmente bloqueada. ¿Qué es lo que querías decirme? ¿Habías charlado con el destino acaso? ¿De verdad existe? ¿Tiene barba, no? ¿Por qué no podía responder esa pregunta? Desde un principio sentí y quise que sea él el último. Que todo se termine ahí y empezar a comer perdices… pero ahora, cuando la realidad me atraviesa con un baldazo de agua fría… ahora no creo que las perdices sean un buen menú para la felicidad. Y no creo que mi relación con Agustín desemboque en un final de cuento de hadas. O quizás sí. Quizás mi felicidad con él se base en eso, un cuento de hadas, porque no existe.
-No lo sé- Me limite a responder, mientras una musiquita sonaba del otro lado de la consciencia. Abrí los ojos y recordé todo, pero no comprendí nada. Seguía sintiendo culpa. Me habías hablado de un vacío de él, entonces me di cuenta que mi amor no sirve de nada, en vez de llenar ese vacío, en vez de ayudarlo, lo obsesiono. Lo vuelvo un ser espantoso que es capaz de escupirme la cara con tal de demostrarme algo, de hacerme reaccionar. Lucho conmigo misma, Facu. ¿Cómo me hago entender que en realidad no es toda mi culpa? ¿Qué las cosas funcionan o no, pero no por eso uno tiene que castigarse? ¡Eso es! Me castigo. Dejo que haga lo que quiere conmigo solo porque siento que la que está fallando, la que falló siempre, fui yo. Fallé con él, con Mauro, con Mauricio… Fallé y les fallé a todos. No supe querer ni hacer que me quieran. ¡Está clarísimo! Es mi culpa. Toda mía. Debería dejar que Agustín me destruya, que Mauricio me rompa de nuevo el corazón, y que Mauro se quede lejos, lejos como esta, porque estando lejos es la única manera en que me puede lastimar. Mi culpa. Mi culpa por destruir mi relación con Agustín. Debo haber hecho todo mal, todo lo que creí que estaba bien seguramente era un error guiado por mi egoísmo. De otra manera mis amigas me hubieran apoyado ¡y no lo hicieron! Esa debería haber sido siempre prueba suficiente. Aunque también es cierto que tanto ellas como los amigos de Agus no conocen toda la historia. No saben ni ven por todo lo que a veces tengo que pasar. No escuchan los gritos ni nos secan las lágrimas. Presenciaron un par de ataques y sin embargo, a pesar de estar ahí, delante de nosotros, de ver cómo me trataba, seguían acusándome con sus miradas. Empujones, gritos, escupitajos, violencia verbal, todo sirve para demostrarme lo mucho que me equivoco con él y sin embargo, si yo tuviera que demostrarle algo no se qué haría. Nada me alcanzaría.
Me caí tantas veces que no quise ver que estaba haciéndolo una vez más. Pasé mucho tiempo dejándome torturar por el desamor de Mauricio. No me había correspondido y para mí fue la perdición. Tenía tanto para darle que no acepte quedarme con todo ese amor contenido adentro… entonces llegó Mauro, delicado, comprensivo, dejo que le entregue todo mi amor de a poco. No importaba cuanto, él recibía todo con una sonrisa hermosa, pero también me equivoque. Le estaba dando un amor que no le correspondía. Todavía herida por el recuerdo de Mauricio quise sacar todo de mí y desembocarlo en el menos indicado. No se merecía lo poco que tenia para darle y me alejé. Sí, fui una cobarde y una ignorante. No me di cuenta, no hasta ahora, tres años después, que a nadie quise tanto como lo quise a Mauro.
Tengo 17 años y sin embargo mi corazón, de tanto dar amor, funciona como uno de 180. Roto, cansado, total y completamente destruido.
¿Y Agustín donde queda en todo esto? Ambos sabemos la respuesta, la tenemos en la punta de la lengua, expectante... pero ninguno se anima a decirla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario