Si extrañar significa recordar algo bueno,
estoy dispuesta a extrañarte hasta mis huesos.
-Hoy viaje con la vieja del chupete.- Fue lo primero que soltaron mis nervios apenas escuche su tipico "ho-hola" del otro lado.
-Jajaja ¿Le hablaste?-
-Ay! Mauro! ¿Qué le voy a decir?-
-Jajajaja, ¿me llamaste solo para contarme eso?- En realidad no tenia idea de para que lo había llamado. Claramente no era para contarle lo de la loca del chupete, ¿pero para que entonces?
¿Te tengo que poner al día no? Si, me parece que si. En fin, Facundo, la vieja loca del chupete era una mujer que veíamos siempre cuando estábamos juntos. Aparecía por todos lados con un chupete en la boca y olor a aliento de cachorro (lo se porque me hizo recordar a Thiago cuando recién lo trajeron a casa) y caminaba mucho, por todos lados. Siempre la veíamos y hoy justamente me toca viajar con ella. Suena un poco absurdo pero tenia que contárselo, estaba emocionada con el hecho de poder contarle a alguien algo divertido. Últimamente no pasan muchas cosas divertidas. Con Agustín intentamos recuperar algo de lo que teníamos y cada vez que lo hacemos empezamos a los gritos y a los llantos. Y esa es la máxima emoción que puedo contarte, así que esta conversación que estaba manteniendo con Mauro y que provocaba que mi corazón quisiera escaparse de mí cada un segundo, me mantenía viva.
-¿La verdad? No sé por qué llame. Quizás te extrañaba y el universo me mandó a la loca del chupete como excusa...- Risas. Suyas, mías. Era cierto que lo extrañaba, pero él no lo sabía, podía esperarlo o imaginarlo, si, calculo que si, pero saberlo con certeza no, jamas.
-Estas loca, ¿sabias?
-Se que no lo estoy. ¿Y vos?
-Yo no estoy loco.
-¿Y vos cómo estas?
-Bien. Un poco sorprendido por el llamado.
-¿Un poco triste porque te obligo a hablar?- Risas otra vez. Que deje de reírse, pensaba, porque me tomo el primer 324 que pase y lo voy a ver. Pero no podía. No podía verlo, era fallarle a Agustín (y era incapaz de eso) y fallarle a Mauro (al que ya le había hecho, desde mi punto de vista, demasiado mal)... por eso mi única solución era tenerlo cerca de esa forma, era llamarlo por teléfono, aunque a él no le gustase ni un poco dialogar... al menos podía hacer que me escuche. Cuando eramos novios nos pasábamos horas hablando por teléfono, literal. Bueno, en realidad yo hablaba y él escuchaba, siempre era así. Seguramente si estuvieras acá recordarías aquellas vez que mi mamá pagó mil pesos de teléfono por nuestras charlas. Casi me matan, ¿pero quién podía robarme todas esas conversaciones nocturnas?
-¿Vas a dejar de cargarme alguna vez porque hablo poco?
-Jajaja, dejame pensar... creo que no.
Me limite a hablar idioteces, consciente de que si tocaba algún tema con un poco de seriedad que se base en nosotros, o si me animaba a recordar algo que habíamos pasado alguna vez iba a terminar rogándole (si, leíste bien) que me perdone y me acepte de nuevo. Algún día lo voy a terminar haciendo, ¿no? ¿Cuántas probabilidades hay de que, llegado ese día, él me rechace como me merezco? ¿Un 78%? En ese caso, no se si estoy lista para que llegue ese momento. No se si alguna vez me voy a animar a confesarle todo esto. A veces me gustaría que este diario le llegase a sus manos, quizás para que entienda como me sentí y me sigo sintiendo... O quizás para que se entere por accidente y sin que yo tenga que poner la cara para el cachetazo, porque esta claro que va a haber cachetazo. O mínimo un: Gui, me parece que es un poquito tarde. Y yo lo sabía.
La conversación terminó como cualquier otra. "Un beso, nos vemos. Dale, arreglamos y hacemos algo. Si, si, seria genial." No hablamos de mi novio, aunque él sabía que existía, y claramente no hablamos de su situación amorosa, la cual desconocía, y era mejor así. Recuerdo perfectamente la vez que se puso de novio y fui a desearle felicidad casi muriéndome. Y es literal, sentía que me moría, que lo perdía, que se había ido. No podía recordar cual era la ultima vez que habíamos estado bien, la ultima vez que me había abrazado. Para su desgracia y mi suerte su relación terminó a los meses y yo me di el gusto de reconquistarlo en ese tiempo, aunque sea por unas noches. Pero nunca le volví a decir lo importante que era para mí. Si como amigos, si como persona, pero jamas le dije que lo extrañaba, que todavía lo quería... de hecho me esforcé en hacerle creer todo lo contrario.
Así que resignada corté el teléfono y volví a mi vida. Me acosté porque era tarde y al otro día tenía que ir al colegio a reencontrarme con mis nuevas amigas: Micaela, Tatiana, Tamara y Daiana. Si, ya tenía un grupo, ya era parte de algo, cosa que a Agustín no le gustaba demasiado. Decía que ellas me cambiaban y me hacían volver a ser una "pendeja". Esto ultimo lo decía ya enfurecido, y era una de las razones por las que peleábamos últimamente. El problema real era que él no se daba cuenta de que yo era la misma, simplemente había cambiado mi lista de prioridades y me había jurado y recontra jurado a mi misma nunca mas dejar de lado a mis amigas/os. Obvio que eso a Agustín no le gustaba, pero ya no podía hacer mas nada. Se la tenía que bancar, como yo me tenía que bancar todo los días peleas, malos tratos y discusiones.
Todavía no me quedaba claro por qué seguíamos juntos y vivos. Tendríamos que habernos matado hace meses o haber cortado, que era prácticamente lo mismo. Si hace unos meses eramos un árbol torcido, ahora eramos definitivamente uno caído, o al menos en proceso de...