jueves, 27 de septiembre de 2012

Inoportuna

Si extrañar significa recordar algo bueno, 
estoy dispuesta a extrañarte hasta mis huesos.




-Hoy viaje con la vieja del chupete.- Fue lo primero que soltaron mis nervios apenas escuche su tipico "ho-hola" del otro lado. 

-Jajaja ¿Le hablaste?-
-Ay! Mauro! ¿Qué le voy a decir?-
-Jajajaja, ¿me llamaste solo para contarme eso?- En realidad no tenia idea de para que lo había llamado. Claramente no era para contarle lo de la loca del chupete, ¿pero para que entonces? 
¿Te tengo que poner al día no? Si, me parece que si. En fin, Facundo, la vieja loca del chupete era una mujer que veíamos siempre cuando estábamos juntos. Aparecía por todos lados con un chupete en la boca y olor a aliento de cachorro (lo se porque me hizo recordar a Thiago cuando recién lo trajeron a casa) y caminaba mucho, por todos lados. Siempre la veíamos y hoy justamente me toca viajar con ella. Suena un poco absurdo pero tenia que contárselo, estaba emocionada con el hecho de poder contarle a alguien algo divertido. Últimamente no pasan muchas cosas divertidas. Con Agustín intentamos recuperar algo de lo que teníamos y cada vez que lo hacemos empezamos a los gritos y a los llantos. Y esa es la máxima emoción que puedo contarte, así que esta conversación que estaba manteniendo con Mauro y que provocaba que mi corazón quisiera escaparse de mí cada un segundo, me mantenía viva. 
-¿La verdad? No sé por qué llame. Quizás te extrañaba y el universo me mandó a la loca del chupete como excusa...- Risas. Suyas, mías. Era cierto que lo extrañaba, pero él no lo sabía, podía esperarlo o imaginarlo, si, calculo que si, pero saberlo con certeza no, jamas. 
-Estas loca, ¿sabias?
-Se que no lo estoy. ¿Y vos?
-Yo no estoy loco.
-¿Y vos cómo estas?
-Bien. Un poco sorprendido por el llamado. 
-¿Un poco triste porque te obligo a hablar?- Risas otra vez. Que deje de reírse, pensaba, porque me tomo el primer 324 que pase y lo voy a ver. Pero no podía. No podía verlo, era fallarle a Agustín (y era incapaz de eso) y fallarle a Mauro (al que ya le había hecho, desde mi punto de vista, demasiado mal)... por eso mi única solución era tenerlo cerca de esa forma, era llamarlo por teléfono, aunque a él no le gustase ni un poco dialogar... al menos podía hacer que me escuche. Cuando eramos novios nos pasábamos horas hablando por teléfono, literal. Bueno, en realidad yo hablaba y él escuchaba, siempre era así. Seguramente si estuvieras acá recordarías aquellas vez que mi mamá pagó mil pesos de teléfono por nuestras charlas. Casi me matan, ¿pero quién podía robarme todas esas conversaciones nocturnas? 
-¿Vas a dejar de cargarme alguna vez porque hablo poco?
-Jajaja, dejame pensar... creo que no. 
Me limite a hablar idioteces, consciente de que si tocaba algún tema con un poco de seriedad que se base en nosotros, o si me animaba a recordar algo que habíamos pasado alguna vez iba a terminar rogándole (si, leíste bien) que me perdone y me acepte de nuevo. Algún día lo voy a terminar haciendo, ¿no? ¿Cuántas probabilidades hay de que, llegado ese día, él me rechace como me merezco? ¿Un 78%? En ese caso, no se si estoy lista para que llegue ese momento. No se si alguna vez me voy a animar a confesarle todo esto. A veces me gustaría que este diario le llegase a sus manos, quizás para que entienda como me sentí y me sigo sintiendo... O quizás para que se entere por accidente y sin que yo tenga que poner la cara para el cachetazo, porque esta claro que va a haber cachetazo. O mínimo un: Gui, me parece que es un poquito tarde. Y yo lo sabía. 
La conversación terminó como cualquier otra. "Un beso, nos vemos. Dale, arreglamos y hacemos algo. Si, si, seria genial." No hablamos de mi novio, aunque él sabía que existía, y claramente no hablamos de su situación amorosa, la cual desconocía, y era mejor así. Recuerdo perfectamente la vez que se puso de novio y fui a desearle felicidad casi muriéndome. Y es literal, sentía que me moría, que lo perdía, que se había ido. No podía recordar cual era la ultima vez que habíamos estado bien, la ultima vez que me había abrazado. Para su desgracia y mi suerte su relación terminó a los meses y yo me di el gusto de reconquistarlo en ese tiempo, aunque sea por unas noches. Pero nunca le volví a decir lo importante que era para mí. Si como amigos, si como persona, pero jamas le dije que lo extrañaba, que todavía lo quería... de hecho me esforcé en hacerle creer todo lo contrario. 
Así que resignada corté el teléfono y volví a mi vida. Me acosté porque era tarde y al otro día tenía que ir al colegio a reencontrarme con mis nuevas amigas: Micaela, Tatiana, Tamara y Daiana. Si, ya tenía un grupo, ya era parte de algo, cosa que a Agustín no le gustaba demasiado. Decía que ellas me cambiaban y me hacían volver a ser una "pendeja". Esto ultimo lo decía ya enfurecido, y era una de las razones por las que peleábamos últimamente. El problema real era que él no se daba cuenta de que yo era la misma, simplemente había cambiado mi lista de prioridades y me había jurado y recontra jurado a mi misma nunca mas dejar de lado a mis amigas/os. Obvio que eso a Agustín no le gustaba, pero ya no podía hacer mas nada. Se la tenía que bancar, como yo me tenía que bancar todo los días peleas, malos tratos y discusiones. 
Todavía no me quedaba claro por qué seguíamos juntos y vivos. Tendríamos que habernos matado hace meses o haber cortado, que era prácticamente lo mismo. Si hace unos meses eramos un árbol torcido, ahora eramos definitivamente uno caído, o al menos en proceso de... 

jueves, 6 de septiembre de 2012

Sincericidio.

Cuanto te quise, quizás, 
seguirás sin saberlo. 




Me desperté y lo tenía al lado... mientras desayunaba me miraba con su sonrisa torcida y sus ojos amables. Salí a caminar y lo tenía pegado a mí. Parecía que quería decirme algo, que estaba ahí para hacerme dar cuenta de cosas que quizás uno no suele ver, como si le hubiera quedado algo para hablar. Sí, la negación es una salida fácil, pero no importa lo mucho que me esfuerce en alejarlo, él, quiera o no, siempre vuelve. Entonces me doy cuenta que soy yo la que le debe todo, la que necesito sacarme de encima su peso, su recuerdo y cada uno de mis errores.
Esta ahí, esperándome en la ropa sucia del armario, en la caja con cartas que nunca tiré, en fotos de veranos pasados... esta ahí, atento. No sé cómo hace, pero siempre se las empeña para volver. Desde acá lo veo esperando en el camarin, listo para salir a escena y poder así terminar esta historia.  
Una parte de mí siente que es correcto traerlo en este momento, pero otra parte sabe que no estoy lista para enfrentarlo, que tengo que conservar mi calma y mi paz. Sobre todo la estabilidad que me da en este momento mi relación con Agustín. No es muy pacifica, pero es duradera y lucho tanto todos los días para estar bien que perder todo eso por él no tiene mucho sentido en este momento. Pero no puedo evitarlo, el destino lo cruza nuevamente en mi camino y no puedo, tengo que asistir a la cita. 

Me miro al espejo y un disfraz de porrista me dice que estoy lista para ir a la fiesta. El anfitrión es un amigo de Mauro. Mi hermana me comunicó hace unos días que estábamos invitadas y yo salté de felicidad y de nerviosismo. Felicidad porque iba a estar él, Mauro, mi rana convertida en príncipe. Nerviosismo por la misma razón. La idea de verlo me emocionaba, le daba un poco de color a estos días rutinarios y grises que vivo constantemente: escuela, Agustín, escuela, Agustín, escuela... etc. Sin embargo todos los días, generalmente, hablaba con él por donde sea, siempre trataba de mantener contacto. Ya sabes que mi amor por Mauro supera todas las cosas. No, por supuesto que Agustín no entiende eso y es una de las razones por las que vivímos discutiendo, pero no me importa, sabe que si me daban a elegir lo voy a elegir a Mauro siempre, sin importarme contra quien se enfrente. Por lo tanto ir a esa fiesta y no caer en sus brazos era una prueba de aquellas. 

No era fácil estar ahí, con él tan cerca, no era fácil para nada. Decidí aferrarme a la cerveza, una de mis mejores amigas en esas situaciones (no soy alcohólica Facundo, callate). Sabia que eso me iba a desinhibir y era mas factible que termine diciendole a Mauro que lo amaba, pero no me importó, era una buena excusa para después: "estaba borracha, Mau". Mentira, se lo hubiera dicho aun estando sobria, se lo diría en este momento, se lo diría y se lo repetiría toda la vida... Mauro te amo, quedate conmigo
Pero yo no era una mujer para él, lo sabía, lo tenia demasiado claro. Lo había dejado justamente por esa razón: no estaba lista para alguien como él. El miedo a lastimarlo era mas fuerte y no podía amarlo a medias. Era todo o nada, porque eso era lo que Mauro se merecía. Sin embargo me acerqué, quería que nos saquemos una foto, quería un abrazo, quería sentir la seguridad y la felicidad que sentía cada vez que lo tenía cerca. Quería poder respirar. 
-Gui, tenes novio.- No hace falta que te aclare que para este momento ya estaba cerca suyo.
-Ya lo se.- 
-¿Entonces?- Notaba la incomodidad en él, me daba cuenta que no le gustaba lo que estaba pasando, que no podía controlar... me.
-Entonces nada. Una cosa no quita a la otra. Sí, tengo novio, pero no se como se hace para vivir sin vos. Estuve mal, estuve mal siempre, todo mal hice. Te dejé porque pensaba que no podía quererte, que no iba a saber, que te iba a lastimar y al final me alejé para no hacerlo y arruiné todo. Me arruiné a mí y a vos. Arruiné lo que teníamos. ¿Por qué hice todo eso, Mau? ¿Por qué me dejaste hacer todo eso? Me consuelo pensando que vamos a terminar juntos, te lo juro. Estoy segura de que sos la persona para mí... no como una mitad, no se como explicarlo. El indicado. Quizás sí, es porque fuiste el único generoso y bueno, quizás porque fuiste el único que me demostró algo parecido al amor... o quizás porque tengo razón y vos sos para mi y yo para vos... En serio, ¿por qué me dejaste ir? ¿por qué no me lo prohibiste? ¿por qué no me ataste de pies y manos? Si ambos sabíamos que me estaba equivocando...-
Y le di un abrazo que me hizo revivir, fue tan pero tan fuerte la sensación que me recorrió el cuerpo que abrí los ojos. No, Facu, no es una metáfora, es literal. Me había quedado dormida después de tantos vasos de cerveza. Aún sin saber donde me encontraba sabia que estaba en el lugar correcto, en su mano, agarrándome mientras dormía, fuerte como siempre. Se había quedado conmigo a pesar de todas las cosas que le hacia pasar constantemente. Se había quedado a pesar de las cosas que le dije... Para, ¿se las habré dicho al final? 
-Te despertaste. ¿Dormiste bien?- Buen día, hermoso.
-No sabia siquiera que estaba durmiendo, así que calculo que dormí bien...- Le sonreí y me devolvió la sonrisa con total complicidad.
-¿Te sentís mejor?- ¿Me sentía mal? Miedo. ¿Qué habré hecho?
-¿Me sentía mal?
-No te acordas de nada, no? Jajaja.-
-¿De qué me tengo que acordar?-
-Estabas muy insistente con el temita de sacarnos una foto. 
-Seguramente porque borraste la única que teníamos...
-Si tuviéramos una foto besándonos en este momento no querrías que tu novio la encuentre, o me equivoco?- 
No quise responder, no sabia cual era la respuesta adecuada a esa pregunta. ¿Hubiera querido que Agustín la encuentre? ¿La usaría para terminar una relación que estaba torturándome? ¿Me serviría para volver con Mauro? ¿Me gustaría volver con Mauro?
-¿Nos sacamos la foto al final?- Entonces saca la cámara del bolsillo, que seguramente estaba ahí porque le pedí que la cuidara, y ahí estábamos. La única foto que teníamos juntos.- Es linda...- ¿Por qué tenia tantas ganas de que esa mañana no termine nunca?
- ¡Y no es comprometedora!- Eso era muy importante. Aunque sabia que a Agustín de todas formas le iba a molestar. 
-Eso es importante. ¿Te volví muy loco ayer?
-¿Tantas preguntas nos vamos a hacer?- Nuevamente su incomodidad.- Me abrazaste, nos sacamos la foto y al rato te dormiste. Te traje arriba para que estes tranquila. Había gente por todos lados, no quería que te molesten.
-Y te quedaste...
-Yo también tenia un poco de sueño.- Y sonrió. Sonrió con esa amabilidad que lo caracteriza y me demuestra quien es y todo lo que se merece. Sonrió y me miró con esos ojos que tanto necesitaba cerca. No eramos el uno para el otro y lo sabía, lo supe siempre, y es mejor que no se lo haya dicho. ¿De qué hubiera servido alargar mas las cosas? A él lo tenía que cuidar, cuidarlo siempre, de lo mas peligroso: yo misma. 


¡Digan whisky!


 No puedo decir si supere la prueba o no, sin duda había caído en sus redes, lo tenia sujeto de mi y no quería soltarlo por nada del mundo, pero era Mauro, era lo que mas quería en el mundo y por lo tanto, era la última persona que se merecía sufrir. Lo solté, como no pude hacerlo hace años atrás, lo solté sabiendo que no lo soltaba definitivamente pero igual volví a casa completa. Sabía, no tenia dudas, de que mi vida se estaba derrumbando nuevamente. Mi relación con Agustín no era la misma. Yo no era la misma. Y Mauro iba a ser el mas importante de mi vida. Bueno, esta bien Facundo... al menos por ahora.