sábado, 2 de febrero de 2013

Pie derecho


Febrero 2009. 
Buenos Aires. Argentina. Humedad.

Ese día seguramente te levantaste con el pie derecho... estabas tan furiosa que resultabas divertida. Vos y tu metro cincuenta enojados eran la formula perfecta de la belleza. Le diste un golpe tremendo a la puerta y subiste las escaleras con furia. Mucha furia.
-Soy un desastre.- 
-Decime algo que no sepa, enano.- Y sonreíste  Soy la ultima persona que te ve como un desastre, y lo sabes.-
-Te estoy hablando en serio, Facundo.- ¡Cómo dolía cuando la sonrisa desaparecía! Irradias una luz constantemente, pero cuando estas triste esa luz disminuye, pero nunca se apaga.- Lo deje. Lo deje, ¿entendes? Lo-de-je.-
-¿Lo dejaste? ¿DE-JAS-TE?- Y me pegaste. Un poco me merecía el golpe igual. 
-Si. ¿Por qué hago todo mal?-
Ese día te odiabas. Yo te había enseñado que el odio es un sentimiento horrible y que jamas hay que acercarse, porque se instala. Se instala para siempre y se va transformando, te juro. Se transforma y se convierte en muchas cosas: miedo, desamor, rencor, envidia, egoísmo .. al odio no hay que respetarlo, hay que alejarlo. Sobretodo cuando se tiene por uno mismo, como vos ese día. 
Habías dejado a tu novio. Era una catástrofe desde el vamos porque él era el único chico que hasta el momento valía la pena, pero no por lo que le fueras a provocar a él, sino por lo que te estabas haciendo a vos... Desde el primer momento que me hablaste de Mauro lo describiste como un ser perfecto, como alguien dulce, lindo, simpático  divertido, un chico diez en todos los aspectos. Mauro tenía un solo problema: no era la persona que vos amabas. Entonces lo dejaste. Para no lastimarlo, lo dejaste. Para no mentir, lo dejaste. Y te fuiste dejando a vos... Nunca deberías haber hecho esa afirmación, porque a pesar de todos mis intentos por frenarte, vos te la creíste de pe a pa. Vos creías realmente que eras un desastre. Lo crees todavía. 

(Una voz en off me relata este recuerdo justo antes de despertarme...)



No era un día mas en mi vida, era el décimo tercer día que me levantaba con el pie izquierdo. Estaba furiosa. Había arruinado mi vida, como siempre. Había jugado tanto con mi corazón que termine destrozándolo por... por... ¿ves? ¡Ya perdí la cuenta! Ya no tenía sentido el diario. Ya no tenía sentido nada. Se que todavía en sus palabras hay un dejo de esperanza, pero ya no lo creo. Esta historia termino hace muchísimo tiempo, muchísimo  y yo no quise darme cuenta. Y vos ni siquiera aportaste sabiduría  ¿Donde estas? Dale, Facundo, ya fue.¿Donde mierda estas cuando me quedo sola? 

-Hace unos años pasamos por lo mismo, ¿te acordas? Lo habías dejado y viniste a casa corriendo desesperada. Estabas enojadisima por haberlo dejado. Decías que era lo peor que habías hecho en la vida y que nunca te lo ibas a perdonar... ¿Qué te enseñé yo? El pie derecho, Enano. Siempre.-
-¿No vas a saludarme?-
-Deja de lado las formalidades. Acá estoy cuando te "sentís" sola, porque no lo estas. No te quedaste sola, eso no va a pasar, entendelo. Y no lo digo por mí. Yo no tengo que ser el que venga a salvarte y a decirte palabras bonitas cuando vos estés triste, ¡eso tiene que salir de vos!- Mis ojos querían llorar. Habías atravesado todas las leyes del universo solo para venir a retarme, me quería morir en ese mismo instante...
-No me gusta que me retes- Te dije con lo poco que quedaba de mi.
-A mi no me gusta que te retes.- Y después de una larga cara triste largaste tu sonrisa. Torcida. Esa sonrisa que te hacia ser Facu.- ¿Cuántas veces dije esto? No, en serio, alguien tiene que llevar la cuenta, ¿cuantas?-
-¿Miles?-
-¡Millones! Deja de lastimarte. Deja de vivir atada a Mauro. Deja de creer que ese recuerdo sigue vivo, solo porque siguieron encontrándose en todas partes. Mauro y vos se adoran, eso es así y siempre va a ser así, sin importar lo que pase, pero él y vos no van a estar juntos. Y no porque no quiera que tu cuento de hadas termine feliz, todo lo contrario, pero digamos que lo presiento...- 
Mi cara de tristeza te lo decía todo. Ademas estaba enojadisima con vos, por no creer en mi amor con él. ¿Acaso era la única que lo sabía? Al parecer sí. Entonces llegó tu propuesta:
-Hagamos un pacto. Acá. Ahora. Y no lo rompas por nada del mundo... ¿prometido?-
-Prometido.- 
-Sé que no te gusta contabilizar el tiempo en años, así que no va a importarte que el 2009 haya empezado hace rato... digamos que empieza hoy. Y digamos también que termina dentro de 365 días. Hoy es tu año nuevo. Hoy empieza un año donde vas a vivir sin tener el recuerdo de Mauro encima. Solo vas a relacionarte con él en caso de que te busque... y de ser así vas a olvidarte de toda culpa y vas a dejarte llevar. ¿Qué te parece?-
-Dentro de 365 días hablamos... de Mauro... de mí no te vas a librar tan fácilmente. Tu pacto me encantó. Y la facilidad que tiene mi inconsciente de traerte a mí en todo momento es increíble y estoy muy agradecida por ello. Después desapareciste y yo volví a mi vida. La culpa te la habías llevado con vos, vaya uno a saber donde, y estaba dispuesta a dejarme llevar. El 2009 recién había comenzado para mí, aunque estemos por empezar marzo... y si en un año no funcionaba, esa tortura iba a irse para siempre. Dejarme llevar... Por primera vez en mi vida no sabía lo que iba a sentir el día posterior, pero estaba segura de una cosa, iba a empezar con el pie derecho y la sonrisa a cuestas. 






No hay comentarios: