Todos necesitamos alguna vez un cómplice,
alguien que nos ayude a usar el corazón.
Mario Benedetti
Decir que me haces falta ya es casi banal. De hecho podría pasarme todo el día diciendo cuanto me haces falta, en que momentos en particular, con que frecuencia o con tal o cuan intensidad. Lo cierto es que ya no estas, pero no por eso solamente te hecho de menos. La verdad es que la mayoría de las veces no es tu presencia física lo que más extraño, todo lo contrario. Me falta, sí, un abrazo, una palmadita en la espalda, una caricia en mis días enteramente grises... pero son otras cosas las que me parten el alma en dos cuando te pienso. Ya perder a un amigo no hace que todo sea igual, para nada, las cosas cambian, el mundo cambia y se vuelve un lugar absolutamente real. Nada más parece tener final feliz. Pero eso no es lo mas triste, porque en realidad tener consciencia de lo que puede llegar a pasar no es tan malo. De hecho hace que vivir sea un poco lanzarse al peligro (y eso muchas veces se torna interesante). Lo triste, lo malo, lo totalmente espantoso, es que no estés para todo lo demás.
Vos, como dijo Mario, eras la persona que me ayudaba todo el tiempo a usar mi corazón. Yo era totalmente desordenada y mi corazón era un gran reflejo de eso. Él se enojaba, gritaba y vivía mucho mas al limite, pero siempre volvía al lugar correcto cuando lo guiabas. Porque vos entendías todo sin que yo tuviera que explicarme. No voy a decirte que desde que vos no estas, nadie me comprende, porque estaría mintiendo; lo hacen, pero ahora tengo que decir lo que me pasa y muchas veces me cuesta demasiado hacerlo (incluso cuando aún no me entendí ni yo) y no sólo eso, otras veces me da mucho miedo. Porque como no sé decir las cosas, a veces tengo terror de usar el tono o las palabras equivocadas. Y eso es un viaje de ida.
Ahora que ya no estas, ni física y muy poco espiritualmente, me cuesta mucho más volver a mí. Y me cuesta el doble no encontrarme sola. Creo que la soledad se esta convirtiendo en mi super poder. Además, me esta costando demasiado cumplir con la promesa que te hice (o que vos me obligaste a hacer). Esperar se esta convirtiendo en un martirio para mí. Esta terminando el año y todavía no tengo noticias que me hagan tener una sonrisa en la cara constante. Puedo estar alegre, sí, pero ¿cuánto dura? Tan solo unos minutos. Mi felicidad se ve opacada constantemente por el cruel vacío que siento en el pecho. ¿Y con quién voy a hablar al respecto? Si vos no estas...
La ansiedad esta jugando con mi cabeza. Estoy todo el día pensando en Mauro. Esperando que llegue una señal, o lo que sea que tiene que llegar. Se que puede sonar un cliché pero así estoy. Las 24 horas. Pienso en cómo aparecerá (porque tiene que hacerlo) (siempre lo hizo), pienso en qué voy a decir o dónde se va a producir el encuentro. Además, necesito encontrar las palabras indicadas para poder decirle lo que siento. Eso me da muchísimo miedo... porque puedo explicarme mal o hacerlo enfurecer y no estoy buscando eso. Así que voy a tener que dejar la espontaneidad del momento de lado y armarme un discurso perfectamente redactado, con una mezcla de romance, emoción, comedia y drama. Otro cliché más, y lo que es peor, de comedia-romántica-bizarra que pasan las tardes de sábado en canal once. ¡Ay, necesito tanto decir lo correcto!
-¿Vos sos consciente de que estas pensando en qué decir y tal vez no puedas hacerlo nunca?
-Sos el peor fantasma que conozco. Se supone que venís a alentarme, no a pincharme el globo.
-Te equivocas, siguiendo con la telenovela, soy el fantasma que viene a abrirte los ojos y sacarte de una patada de ese guión pedorro que te armaste a vos misma y trasladarte a la realidad. Hace meses que hicimos esta promesa y esta llegando el verano, perdón- y ahí acentuaste la mirada y con tono de burla, como siempre, te auto-corregiste- ¡Su verano! Y todavía no tenes una sola noticia destacable de él. Quiero que sepas que si esta es tu película pochoclera no llega ni a la avant premiere.
-Ah, encima te estudiaste todos los términos. Tomatela, Casper. No hay ningún fantasma en la historia del cine que aparezca sólo para arruinarle la vida a su mejor amiga. Se supone que si atravesas y rompes todas las leyes de la física es por algo que valga la pena.
-Empeza a mirar un poco más al espejo que tenes adelante y deja de llenarte la cabeza con historias tontas sobre amores eternos y vas a ver como te sacas a este fantasmita de encima. Lo único que estas haciendo es reemplazar a un dolor con otro que no existe. Mauro no es tu vacío. Ni tu dolor, ni tu final feliz. Mucho menos tu amor.
Y así, como si nada hubiese pasado, te vas. Ya ni se si estoy durmiendo o no. No se en qué momento pasó esto o si solamente apareció en mi cabeza como por arte de magia. Lo único que sé es que escuche cada una de esas palabras. Quizás producto del alcohol, pero no es lo importante. Sino el hecho de que tal vez tengas razón.
¿Qué pasaría si no fuese él? ¿Cómo seguiría mi historia? Supongo que desde el principio creí que el final le correspondía... es el bueno de la historia. Pero, nadie termina quedándose con el bueno. Siempre el villano, el que nos cuesta, cambia de opinión y de personalidad. Cambia por una. A esta altura del partido esta de más aclarar que nadie va a otorgarle ese papel a Mauricio. No sólo no se lo merece, sino que ni siquiera le interesa (y a mi tampoco) así que no me quedaban muchas opciones. Era él o él. Pero ¿si no lo es? ¿Si el destino tiene algo reservado para mí mucho mas interesante? ¿Cómo puedo seguir esperando señales después de haber pensado algo así?
En ese momento suena el teléfono. Miro la pantalla: Mauro.
¿Es esta la señal que esperaba? Mi corazón late desesperadamente. Una parte de mí dice que atienda, la otra que salga corriendo, como a mi me gusta, como mejor me sale. Huir otra vez y empezar de nuevo. ¿Pero como se puede empezar de nuevo con una historia encima? El teléfono deja de sonar y dejo de pensarlo. Agarro el teléfono y sigo mi impulsó. Marco su numero. Escucho su voz del otro lado. Y mi corazón de este, desgarrándose.
La ansiedad esta jugando con mi cabeza. Estoy todo el día pensando en Mauro. Esperando que llegue una señal, o lo que sea que tiene que llegar. Se que puede sonar un cliché pero así estoy. Las 24 horas. Pienso en cómo aparecerá (porque tiene que hacerlo) (siempre lo hizo), pienso en qué voy a decir o dónde se va a producir el encuentro. Además, necesito encontrar las palabras indicadas para poder decirle lo que siento. Eso me da muchísimo miedo... porque puedo explicarme mal o hacerlo enfurecer y no estoy buscando eso. Así que voy a tener que dejar la espontaneidad del momento de lado y armarme un discurso perfectamente redactado, con una mezcla de romance, emoción, comedia y drama. Otro cliché más, y lo que es peor, de comedia-romántica-bizarra que pasan las tardes de sábado en canal once. ¡Ay, necesito tanto decir lo correcto!
-¿Vos sos consciente de que estas pensando en qué decir y tal vez no puedas hacerlo nunca?
-Sos el peor fantasma que conozco. Se supone que venís a alentarme, no a pincharme el globo.
-Te equivocas, siguiendo con la telenovela, soy el fantasma que viene a abrirte los ojos y sacarte de una patada de ese guión pedorro que te armaste a vos misma y trasladarte a la realidad. Hace meses que hicimos esta promesa y esta llegando el verano, perdón- y ahí acentuaste la mirada y con tono de burla, como siempre, te auto-corregiste- ¡Su verano! Y todavía no tenes una sola noticia destacable de él. Quiero que sepas que si esta es tu película pochoclera no llega ni a la avant premiere.
-Ah, encima te estudiaste todos los términos. Tomatela, Casper. No hay ningún fantasma en la historia del cine que aparezca sólo para arruinarle la vida a su mejor amiga. Se supone que si atravesas y rompes todas las leyes de la física es por algo que valga la pena.
-Empeza a mirar un poco más al espejo que tenes adelante y deja de llenarte la cabeza con historias tontas sobre amores eternos y vas a ver como te sacas a este fantasmita de encima. Lo único que estas haciendo es reemplazar a un dolor con otro que no existe. Mauro no es tu vacío. Ni tu dolor, ni tu final feliz. Mucho menos tu amor.
Y así, como si nada hubiese pasado, te vas. Ya ni se si estoy durmiendo o no. No se en qué momento pasó esto o si solamente apareció en mi cabeza como por arte de magia. Lo único que sé es que escuche cada una de esas palabras. Quizás producto del alcohol, pero no es lo importante. Sino el hecho de que tal vez tengas razón.
¿Qué pasaría si no fuese él? ¿Cómo seguiría mi historia? Supongo que desde el principio creí que el final le correspondía... es el bueno de la historia. Pero, nadie termina quedándose con el bueno. Siempre el villano, el que nos cuesta, cambia de opinión y de personalidad. Cambia por una. A esta altura del partido esta de más aclarar que nadie va a otorgarle ese papel a Mauricio. No sólo no se lo merece, sino que ni siquiera le interesa (y a mi tampoco) así que no me quedaban muchas opciones. Era él o él. Pero ¿si no lo es? ¿Si el destino tiene algo reservado para mí mucho mas interesante? ¿Cómo puedo seguir esperando señales después de haber pensado algo así?
En ese momento suena el teléfono. Miro la pantalla: Mauro.
¿Es esta la señal que esperaba? Mi corazón late desesperadamente. Una parte de mí dice que atienda, la otra que salga corriendo, como a mi me gusta, como mejor me sale. Huir otra vez y empezar de nuevo. ¿Pero como se puede empezar de nuevo con una historia encima? El teléfono deja de sonar y dejo de pensarlo. Agarro el teléfono y sigo mi impulsó. Marco su numero. Escucho su voz del otro lado. Y mi corazón de este, desgarrándose.