"El cuento del destino no lo puedo re-escribir."
"Pero después, un día, me voy a despertar al lado suyo con la sensación de tenerlo todo, aunque me falten mil cosas, tener todo. Porque vamos a ser uno solo. El mismo sentimiento."
Es imposible que cuente con la mano la cantidad de veces que hablamos del destino. Con la poca información que teníamos y el vago conocimiento, pudimos estar horas y horas hablando sobre lo mismo, ejemplificando lo que pensábamos, exponiendo todo, hasta nuestros pensamientos mas íntimos y secretos. Fueron en esas charlas dónde vos descubriste como pensaba, sobre el destino y sobre el amor. Y, por supuesto, fueron en esas conversaciones nocturnas, donde yo me enteré que había una sola cosa en la que creía en el mundo, y esa sola cosa era el amor.
Después de muchos años comprendo por qué mi afán de contar solo esa parte de mi vida, de hacerla pública... Para mí el amor es como una especie de (no quiero decir religión) motor. Creo firmemente que es la única fuerza que mueve al mundo y después viene todo lo demás. No en la religión, no en el dinero; sólo en el amor.
Así fue como a la edad de 13 años empecé mi diario personal. Mi diario de amor. Ya pasaron 12 años de ese momento. 12 años redactando y viviendo historias de amor. 11 años acumulándolas. Ahora me parece mucho en poco tiempo, sobretodo por la intensidad con la que lo sentí. Pero lo cierto es que en el medio de esos años, pause esos sentimientos. Sí, fue en el año 2010, cuando me convertí en una persona absolutamente racional. Cuando apagué mis emociones por un tiempo y me permití vivir fuera de eso. Como ya dije, el amor es la fuerza que lo mueve todo, y a mí me estaba consumiendo. Tanto corazón roto ahoga y te hace perderte a vos mismo, por eso es necesario frenar a veces para volver a ver las cosas con tus ojos.
Lo insólito de todo esto es que cuando por fin le puse freno a tanta emoción, conocí a la persona que hoy moviliza cada célula de mi cuerpo. Cuando pude vaciarme por completo, llegó alguien para ocupar ese lugar. Fue increíble. Y sí, tarde mucho en dejarlo entrar y ser parte de mi vida; en el medio de nuestra historia de amor pasaron muchas cosas (eso también ya lo dije) y ahora sé que todas esas cosas sucedieron para que hoy estemos juntos. Es un poco ridículo tal vez, pero me parece que es así...
- No tiene nada de ridículo, de hecho hasta podría decirte que tenes razón.
- ¿Por qué?
- Vos siempre creíste en el amor, ¿o no?
- Claro...
- Por lo tanto qué es lo que más deseabas en el universo...
- Amar.
- Para recibir amor, tenes que llenarte de él. Atraerlo a vos, como si el amor fuese un imán. ¿Entendes?
- Perfectamente.
- Yo tengo un recuerdo de vos (tengo muchos, cientos, pero hay uno que es el mas potente de todos) dónde vos no te permitís amar del todo. Es extraño, porque lo que más deseabas era eso; sin embargo nunca eras capaz de sacarte esa mascara que te impedía mostrarte tal cual eras. Un día te cansaste de eso y te tomaste un descanso y eso fue lo mejor porque te conociste. Fuiste descubriendo cosas que antes tal vez no veías o las creías de otra forma. Por ejemplo, aprendiste que clase de amor querías y hasta dónde te permitías entregar. Pero sobretodo, aprendiste que ibas a entregarte por completo. Y lo mejor, al menos mi parte preferida de ese descubrimiento, fue que todo eso te lo fuiste diciendo mientras escribías.
- No entiendo.
- Obvio que no entendes, terrícola. Vos empezaste a escribir. Pero ¿qué? Historias de amor. De tu amor: el que diste, el que recibiste y el que nunca te atreviste a dar. Todas esas cosas te fueron revelando otras y así empezaste a aprender. Fue totalmente increíble verlo desde afuera (o desde lejos) porque yo podía ver claramente las cosas, pero vos no, sólo te era posible cuando escribías sobre ello. Ahí fue cuando nació "el cuento del destino".
- ¿Y vos cómo sabes eso?
Facundo aparecía cada tanto en mis sueños. Facundo, después de haber muerto, empezó a comunicarse de esa manera conmigo. Teníamos largas charlas somnolientas donde yo expresaba todo. Facundo, científica y psicológicamente hablando, era entonces mi inconsciente. Pero mi alma y mi corazón no tienen estudios universitarios ni nada parecido. Mi alma y mi corazón creen firmemente otra cosa.
Si yo creyera que Facundo era, como ya dije, una parte de mi cerebro, entonces la pregunta que le habría hecho tendría una respuesta lógica. Facundo sabía del cuento porque era yo misma. Como mi creencia va mas allá de toda lógica, su sugerencia sobre mi cuento me sorprendió. Sí, incluso dentro de un sueño.
Me explico:
Gonzalo y yo nos conocimos (bien) en abril del 2010. Gonzalo y yo estuvimos distanciados en ese mismo año durante unos meses. Gonzalo volvió a hablarme y a verme después de un tiempo, pero yo había conocido a otro chico. Nada serio, por supuesto, pero tampoco nada para dejar pasar rápidamente, así que hubo un tiempo, en esas épocas donde yo aún no me decidía y no sabía a quién elegir. No por qué ambos me provocaran lo mismo, sino porque tenía terror de que Gonzalo vuelva a irse y de que yo no haya aprendido a querer como corresponde.
En fin, una noche, hablando por chat con Carolina, empezamos a fantasear sobre el futuro... creamos un universo paralelo dónde nosotras y todo nuestro grupo de amigas ya teníamos la vida resuelta. De esa fantasía nace el cuento. Los personajes tienen otros nombres, por supuesto, falsos e increíblemente extraños (los sacamos de internet) pero sin embargo, nosotras sabemos quiénes son cada uno. En el cuento del destino, mi personaje, Gitana, se queda con Giussepe, que es Gonzalo.
Cuando lo escribí, entonces, yo no había elegido siquiera ¡MENTIRA! Mi elección estaba reflejada hacía rato... terminó cuando le puse la palabra "fin" a ese cuento.
- No importa cómo sé eso, sino que vos lo sepas. Que lo hayas sabido en ese momento. Vos elegiste la vida al lado de Gonzalo cuando terminaste el cuento. Y la hubieses elegido mil veces más, aunque no hayas tenido ninguna certeza de nada, porque esa es la forma en la que uno ama. Sin condiciones, sin certezas, sin nada seguro. Claro que todas esas cosas sucedieron para qué estén juntos. Y me atrevo a decir que si hubiesen pasado otras cosas, el resultado iba a ser el mismo. Vos lo habías escrito, por ende lo habías soñado, deseado. Y cuando uno desea algo, el universo te lo da. Es así.
Esa fue una de las últimas veces que soñé con vos. Las otras fueron menos significativas o no las recuerdo tanto como esa. No lo se. Lo que sí se, es que te escuche tan atentamente que me hice un mantra con tus palabras. Y empece a creer en dos cosas: amor y universo. Hasta que pude combinarlas.
- ¿Por qué?
- Vos siempre creíste en el amor, ¿o no?
- Claro...
- Por lo tanto qué es lo que más deseabas en el universo...
- Amar.
- Para recibir amor, tenes que llenarte de él. Atraerlo a vos, como si el amor fuese un imán. ¿Entendes?
- Perfectamente.
- Yo tengo un recuerdo de vos (tengo muchos, cientos, pero hay uno que es el mas potente de todos) dónde vos no te permitís amar del todo. Es extraño, porque lo que más deseabas era eso; sin embargo nunca eras capaz de sacarte esa mascara que te impedía mostrarte tal cual eras. Un día te cansaste de eso y te tomaste un descanso y eso fue lo mejor porque te conociste. Fuiste descubriendo cosas que antes tal vez no veías o las creías de otra forma. Por ejemplo, aprendiste que clase de amor querías y hasta dónde te permitías entregar. Pero sobretodo, aprendiste que ibas a entregarte por completo. Y lo mejor, al menos mi parte preferida de ese descubrimiento, fue que todo eso te lo fuiste diciendo mientras escribías.
- No entiendo.
- Obvio que no entendes, terrícola. Vos empezaste a escribir. Pero ¿qué? Historias de amor. De tu amor: el que diste, el que recibiste y el que nunca te atreviste a dar. Todas esas cosas te fueron revelando otras y así empezaste a aprender. Fue totalmente increíble verlo desde afuera (o desde lejos) porque yo podía ver claramente las cosas, pero vos no, sólo te era posible cuando escribías sobre ello. Ahí fue cuando nació "el cuento del destino".
- ¿Y vos cómo sabes eso?
Facundo aparecía cada tanto en mis sueños. Facundo, después de haber muerto, empezó a comunicarse de esa manera conmigo. Teníamos largas charlas somnolientas donde yo expresaba todo. Facundo, científica y psicológicamente hablando, era entonces mi inconsciente. Pero mi alma y mi corazón no tienen estudios universitarios ni nada parecido. Mi alma y mi corazón creen firmemente otra cosa.
Si yo creyera que Facundo era, como ya dije, una parte de mi cerebro, entonces la pregunta que le habría hecho tendría una respuesta lógica. Facundo sabía del cuento porque era yo misma. Como mi creencia va mas allá de toda lógica, su sugerencia sobre mi cuento me sorprendió. Sí, incluso dentro de un sueño.
Me explico:
Gonzalo y yo nos conocimos (bien) en abril del 2010. Gonzalo y yo estuvimos distanciados en ese mismo año durante unos meses. Gonzalo volvió a hablarme y a verme después de un tiempo, pero yo había conocido a otro chico. Nada serio, por supuesto, pero tampoco nada para dejar pasar rápidamente, así que hubo un tiempo, en esas épocas donde yo aún no me decidía y no sabía a quién elegir. No por qué ambos me provocaran lo mismo, sino porque tenía terror de que Gonzalo vuelva a irse y de que yo no haya aprendido a querer como corresponde.
En fin, una noche, hablando por chat con Carolina, empezamos a fantasear sobre el futuro... creamos un universo paralelo dónde nosotras y todo nuestro grupo de amigas ya teníamos la vida resuelta. De esa fantasía nace el cuento. Los personajes tienen otros nombres, por supuesto, falsos e increíblemente extraños (los sacamos de internet) pero sin embargo, nosotras sabemos quiénes son cada uno. En el cuento del destino, mi personaje, Gitana, se queda con Giussepe, que es Gonzalo.
Cuando lo escribí, entonces, yo no había elegido siquiera ¡MENTIRA! Mi elección estaba reflejada hacía rato... terminó cuando le puse la palabra "fin" a ese cuento.
- No importa cómo sé eso, sino que vos lo sepas. Que lo hayas sabido en ese momento. Vos elegiste la vida al lado de Gonzalo cuando terminaste el cuento. Y la hubieses elegido mil veces más, aunque no hayas tenido ninguna certeza de nada, porque esa es la forma en la que uno ama. Sin condiciones, sin certezas, sin nada seguro. Claro que todas esas cosas sucedieron para qué estén juntos. Y me atrevo a decir que si hubiesen pasado otras cosas, el resultado iba a ser el mismo. Vos lo habías escrito, por ende lo habías soñado, deseado. Y cuando uno desea algo, el universo te lo da. Es así.
Esa fue una de las últimas veces que soñé con vos. Las otras fueron menos significativas o no las recuerdo tanto como esa. No lo se. Lo que sí se, es que te escuche tan atentamente que me hice un mantra con tus palabras. Y empece a creer en dos cosas: amor y universo. Hasta que pude combinarlas.