Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise y te quiero, aunque estemos destinados a no ser.
-Ahora no puedo, dejame que en un ratito te llamo.- Por supuesto que inmediatamente no podía. Hacia años que no hablábamos y de repente me llamabas por teléfono para decirme que necesitabas hablar conmigo. Estaba buenísimo, pero yo antes necesitaba tomar aire, respirar, contar hasta diez, hasta veinte, hasta cien; llamar a mis amigas, a cada una de ellas, porque cada una me iba a dar una opinión distinta. También a esas que no veía hace bastante, pero que igual estaban enteradas de vos. Tenía que tomarme mi tiempo para poder acomodar cada una de las puteadas que quería decirte, esas que te repetía y te repetía en mi mente todos los días... esas que decía mientras se me rompía el corazón. Y sobretodo, tenia que recordar por qué te había odiado tanto, porque me había olvidado de quien eras.
"¿Estas ahí?" Y no, la verdad es que después de tantos años yo ya no estaba. No quería estarlo, vos eras como un muerto que vuelve a tomar vida, un muerto que yo misma enterré con mis manos. Estabas en una fosa con todas mis desilusiones, mis prejuicios y mucha culpa. Y ahora, de la nada, aparecía en medio de la noche para preguntarme si estaba ahí, si seguía estando...
El teléfono volvió a sonar y yo lo deje. Sonó durante dos minutos y siempre eras vos. Salí a la calle para tomar aire y te vi.
Imagine mil veces nuestro reencuentro. Y así fue como imagine que empezaba este relato. Después de cada sensación, se me vinieron a la mente estas palabras, porque sí, realmente imagine nuestro encuentro... no una, no dos, sino incontables veces. Y nunca pensé que iba a ser como fue. Nunca creí que después de todo, pudiéramos hablar pacíficamente, mirándonos a los ojos y hasta hacernos alguna que otra sonrisa.
No lo veía posible porque nuestra historia, cuando terminó, se tiñó de odios y rencores. Vos vas a decir que no, argumentando que ya no sentías nada... pero yo sigo convencida de lo contrario. Es imposible que alguien que no sienta nada reaccione como reaccionaste vos. Y es mas imposible todavía que alguien que no siente nada se acerqué a mí de nuevo, como te acercaste vos.
No supe bien el porqué hasta que logramos sentarnos, después de minutos intensos de mirarnos sin saber bien que hacer, como si fuese la primera vez que nos veíamos. Y un poco lo era, porque 6 años es tiempo suficiente para sentirse un desconocido, al menos en nuestro caso.
-Que largo que tenes el pelo...- Fue lo primero que dijiste. Era cierto, si. Pero también había muchas cosas más para decirnos...
-Sí, finalmente. ¿De qué querías hablar?-
-Necesito seguir adelante.- Lo dijiste.
-Si, lo sé. Yo también.- Necesitábamos seguir adelante, necesitamos avanzar porque quedarse con algo estancado en el pecho no esta bueno y yo sentía y sentí todo este tiempo, que vos eras eso. Una estaca en el medio del pecho, que cada tanto me impedía respirar.
-Me voy a casar.- Lo dijiste mirándome fijo. Lo dijiste con esa media sonrisa que te caracterizaba. Y sentí alivio.
Y por primera vez en mi vida, me alegre por vos. Me alegre de verdad. No idee un plan macabro en mi mente para separarte de la persona con la que estabas y que finalmente fueras mío, no. Me alegre. Te ibas a casar. Por ende, eras feliz. Eras feliz. No conmigo, pero lo eras. Y eso me hacía un poco feliz a mí.
-¿No vas a decirme nada?-
Me di cuenta que hacía un minuto que no decía una palabra. Ibas a pensar que no estaba de acuerdo, o que me dolía, o no se...
-Me hace muy feliz saber que sos feliz. Siempre quise que te vaya bien, que triunfes, que sonrías todos los días. Siempre quise que tengas el amor que te merecías. De hecho siempre creí que merecías mucho más de lo que yo te daba.-
-¿Sabes una cosa? Después de tanto tiempo creo que yo sentía lo mismo. Yo no iba a darte eso porque vos necesitabas alas y yo te daba siempre un pedacito de tierra para que apoyes los pies, era injusto.
-A mi me parece que el error fue que queríamos algo que durase para siempre, sin saber que en esos momentos estábamos siendo lo suficientemente eternos... No se. La verdad es que eramos chicos y tampoco creo que sepamos que queríamos. ¿Lo sabemos ahora?
-Ahora tenemos mas o menos una idea...-
-Quiero pedirte perdón. La verdad es que nadie te da instrucciones para manejarte, pero yo siento que siempre supe que debía hacer e hice todo lo contrario. Tuve que dejarte cuando sentí la necesidad de hacerlo y volver, cuando estuve a tiempo. Y después callarme la boca. Una y otra vez. Y dejarte ser feliz. En cambio hice todo al revés y terminamos como terminamos.-
-No te sientas tan mal... Alegrate, hicimos las cosas tan torcidas y rebuscadas que por suerte, tuvimos una segunda oportunidad y ahora podemos arreglarlo y terminar como se debe. Creo que como nos merecíamos. Yo tampoco hice todo demasiado bien. Perdón, por eso.
-De verdad celebro que seas feliz.
-Lo se. Pese a todos tus esfuerzos, nunca supiste mentir del todo, así que lo sé.
Y así seguimos, charlando una media hora sobre el futuro, sobre donde nos veíamos, sobre lo que queríamos y lo que ya no podíamos hacer más. Nos vimos un poco menos jóvenes que la primera vez que nos encontramos y con los ojos enamorados, pero de otras personas, que sí amábamos, que sí nos hacían felices. Fue increíble, pero a la vez estaba sucediendo. Y fue tan real que cuando me desperté realmente sentí que te había dicho todo.
Había sido un simple sueño, una invención más de mi inconsciente que no me dejaba desprenderme de vos y te traía cada tanto para que recuerde con detalle en qué momento mi circulo vicioso dejo de girar, para convertirse en una línea recta. Te había soñado, pero no me di cuenta hasta que abrí los ojos. Cada palabra, cada mirada, cada sensación había sido una representación de una realidad que viví yo sola, para no perder la costumbre, pero que me había hecho despertar.
Por primera vez, cuando me levante, pese a todo lo que había sucedido, sentí que te había trasmitido algo y que esta vez, podía, no empezar de nuevo, sino dar vuelta la página. No porque tu amor me lo impidiera, sino porque tu recuerdo, teñido de tanto odio, me hacía sentir una persona horrible todos los días. Me hacía sentir que no merecía nada de vos, pero tampoco nada de nadie. Sentir tu odio me hacía odiarme a mí misma, así que cuando pude perdonarme, también pude seguir adelante.
No se si ese día, cuando te levantaste, vos también sentiste cierto alivio, tampoco sé si te quedaron cosas para decirme, no lo voy a saber nunca, pero sé que yo ya solté todas mis palabras. Te solté la mano a vos y a tu odio. Solté a tu rechazo y a tu asco. Y te imagino sonriente y lo celebro. Celebro que hayas encontrado el amor que yo no te di, porque ahora, gracias a tantos fracasos, yo también se que se siente cuando alguien te ama. Y una parte de eso te lo debo a vos.