17 de Septiembre, 2004. 19:00 pm.
Fue un primer beso hermoso, casi perfecto. Lo llame y lo cite en la plazoleta que queda a cuadras del colegio. Si, las chicas me impulsaron, me dijeron que estaban cansadas de las indirectas, de no saber, de que trate de adivinar, que lo llame y le diga todo lo que me pasaba. Y lo hice, como no tenía las palabras indicadas para expresar lo que siento por él un beso, un primer beso, fue la mejor manera. Volví a sentir Fa, volví a tener esa sensación de que el mundo se detiene, de que no importa nada, excepto Caro y sus interminables interrupciones. Todavía me faltan palabras, no las encuentro, que extraño ¿No? A mí que siempre las palabras me sobraron hoy no sé, no tengo idea de cómo se define esto y no me interesa. Me basta con entender que fue correspondido. Ni siquiera me acuerdo del dialogo que mantuvimos antes de besarnos, no tengo idea de lo que me dijo después porque todo perdió sentido para mí en el momento que lo encontré parado ahí, esperándome. Es Mauricio, estoy segura, es su perfume que me embriaga, me marea, me pierde; son sus abrazos que no se parecen a los de nadie, es su forma de ser increíble, no tiene nada que ver con nadie ni con nada, es único. Y es todo lo que nunca me imagine.
Me sonríe y entonces se aproxima lentamente a mis labios. Su preciosa sonrisa esta cada vez más cerca, el corazón está a punto de salir disparado, las palabras que utiliza, además… cada vez más cerca… cada vez más…
Cierro los ojos y ya no veo nada, ni con la mente, ni con el corazón, otros días, otras épocas, el mar, los recuerdos. Nada más. Me lanzo por fin, salto y caigo entre sus brazos, y me pierdo. Entre culpa y perdón al mismo tiempo. Soy una nena ingenua arrastrada por un sentimiento. Silencio a mí alrededor, él y yo, un estúpido deseo.
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