martes, 19 de julio de 2011

26 de Octubre.



Hoy es mi cumpleaños. Mis quince. 
Esta mañana me llegó tu regalo. Y mi mamá me despertó con un ramo de rosas de la planta de mi abuelo. En la escuela me llenaron de cartas hermosas todas las chicas, me sorprendí mucho cuando Valeria, una compañera con la que me senté en los primeros días en el Maria Ward, me entregó una carta hermosa donde decía que tengo que hacer oídos sordos a lo que dicen los demás. Es increíble como el apoyo que mas necesitas te llega de la persona menos esperada. Pero lo cierto es que nunca escuche mucho la opinión ajena, creo que se debe a que se quien soy y donde estoy parada en la vida. Muchas de las cosas que dijeron de mi son inventos, rumores vulgares y sin sentido que solo cree esa gente que no me conoce realmente. Son las otras personas, las que están conmigo a pesar de ese palabrerio, las que confían en mi a pesar de todo, las que valen realmente la pena. 
Mi mamá en cambio es distinta. A ella la opinión de los demás suele importarle, debe ser por eso que cuando necesita ayuda acude a las personas mas sensatas para ella: mis tíos. Toda mi familia es así. Alimentada en la sensatez y en el andar por el camino correcto. En cambio yo soy distinta. No recorro un solo camino ni me guío por lo que dicen que esta bien, sino que experimento a cada paso y si, suelo equivocarme, pero cuando tropiezo con algún error, o caigo en algún lugar errado, saco fuerzas de adentro y la peleo. Así soy. Luchadora aún cuando todo se desmorona a mis pies. 
Después de los quince años le dicen a una que la vida va a ser distinta y que estas empezando una etapa donde las cosas que creíste cambian y creces mas rápido. Yo creo que te asustan sin necesidad. Acabo de cumplir quince y sin embargo creo que hace rato empece a recorrer el camino del cambio y del crecimiento, a mi manera, por supuesto. Se que parece que todavía soy una nena chiquita llena de miedos y tormentas y no te creas que te voy a decir que no es así porque estaría mintiendo. Si, todavía soy esa nena y tengo la sensación de que jamás en la vida voy a querer perderla, porque es esa nena que fui, que soy y que voy a tratar de ser el resto de mi vida, la que me da fuerzas y me demuestra que mas allá de las caídas y los tropiezos de la adolescencia la esencia fundamental de una persona esta ahí y no se va a borrar con nada. Es una marca indeleble de esencia y es fundamental llevar esa marca con orgullo a cuestas. 

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