martes, 19 de julio de 2011

Ahí estábamos vos y yo, corriendo contra el tiempo. Era una de esas tardes de primavera que yo mas amaba. Rollers, helado, algún que otro copo de nieve después y tu cámara de fotos. Si alguien me hubiera preguntado que era lo que yo deseaba para el resto de mi vida sin duda hubiera respondido: 'que siga siempre así'. Fuimos al laboratorio de tu papá. Nos espero lleno de explicaciones y nosotros fuimos repletos de preguntas, como siempre. Pasar el día en el laboratorio era mi pasatiempo preferido. Todas las imágenes que aprendíamos a descubrir de a poco eran un tesoro para mí. En cada foto una historia, en cada rostro un cuento con el que me deleitabas. Nos íbamos de ahí adentro sabiendo que veíamos todo desde otra perspectiva, mirar, entre otras cosas. Para nosotros sacar fotos no era un arte, sino una extraña capacidad de salirse del contexto. Así vivíamos entonces, en un mundo aparte. 
Siempre me dijiste que estábamos llenos de mundos distintos pero que vos tenias la certeza que a veces había dos: el nuestro y el de los demás. Nuestro mundo Facu, tenía cosas particulares. 
Todas las personas creen que su mundo es especial, distinto al de todos y que si alguien lo viera desde afuera se fascinaría de inmediato. Nosotros no lo creíamos. Teníamos la seguridad de que era así. Por eso se reducía a nosotros dos, no existían muchas personas con la capacidad de ver las cosas desde otro plano, o por lo menos nosotros no las conocíamos. Todavía no entiendo bien porque cambio de tiempo a medida que voy escribiendo. Empiezo en pasado, termino en presente aunque ni me puedo acercar a un futuro. Quizás es porque no se mentirme mas a mi misma, porque no puedo situarme en un sitio donde no estoy o porque desde que no estas conmigo perdí esa forma hermosa de mirar la vida. 

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