martes, 19 de julio de 2011

Todos los días tienen
ese instante 
en que me jugaría la PRIMAVERA
por tenerte delante;




Estos son los momentos que me dejan sin aire. Cuando lo tenes en frente, después de haberlo deseado durante siglos y ya no lo queres ahí. Mis flores preferidas, la primavera y él. ¿Qué mas puede pedir una persona? No se si dejar de respirar definitivamente o manterme apartada del mundo durante el tiempo que me queda. 
Una flor amarilla en su mano, la certeza de que no lo supere y de que mi corazón cada vez que lo tiene en frente empieza a galopar desesperadamente. Sus ojos inquietos, mi corazón en movimiento. Entonces me quedo muda y me olvido de todas las cosas que tenía para decirle. Pareciera que el tiempo no paso, que no viví nada desde quien sabe cuando... 
Ahí esta él. Pidiéndome, rogándome que lo retenga. Y yo no puedo. Porque voy a abrirle la puerta y no la voy a cerrar, con la seguridad de que no se va a marchar, la dejo abierta sabiendo que si se quisiera ir lo haría, creyendo que no lo va a hacer, no se va a ir otra vez, pero la dejo abierta y él desaparece. Un día, un mes, dos años después, cual es la diferencia? Va a desaparecer de todos modos. Y yo me voy a quedar ahí, llena de cosas para decirle pero no me salieron, de amor para darle, de preguntas que formular, llena de primaveras encima sin que me pregunte si quiero vivirla a su lado, de una vez y para siempre.

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