7 de Diciembre de 2004.
No tiene sentido que te cuente lo que paso en estos meses. ¿Qué sería más patético que contarte sobre una felicidad falsa? Era una especie de puesta en escena, una obra de teatro que ensaye para que la protagonice otra persona, una mujer preparada, que está a su altura. No tengo idea de cómo no me di cuenta de que era solamente eso, una suplente, no tenía el papel principal en esta obra y no hay nada en este momento que me haga sentir más idiota, mas ciega, mas ingenua, nada que me duela tanto.
Viví adormecida estos tres meses. Creyendo en alguien que me había inventado, pero todavía no lo creo, tengo la firme convicción de que él es como yo lo veo y como dije desde un principio yo no soy lo que se merece al lado. Sino ella.
Me deje llevar por sus besos, por su perfume, por los llamados telefónicos y los mails, por los recreos que compartíamos, por las escapadas que hacía de educación física para ir a besarnos al árbol de la esquina, por las sonrisas que le sacaba con mis ocurrencias y la felicidad que él provocaba en mí. Estaba tan repleta de felicidad que no me di cuenta de que todo eso no me correspondía y que se iba a terminar de alguna u otra manera en cualquier momento. Y así fue.
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