-¿Vos crees que esto no tenga cura?- Te mire totalmente desesperada, esperaba una respuesta sincera, pero positiva.-Dicen que lo que te duele es el corazón, porque esta roto... pero a mi me duele todo el cuerpo.-
-Es algo para lo que uno nace preparado. Te lo dicen las películas que miras de chico, los cuentos, las canciones de amor con las que se conocieron papá y mamá... lo que nadie te dice es que ese final feliz que te vendieron no existe. Nadie te cuenta la segunda parte, después de la felicidad viene esto. Este dolor en todo el cuerpo. Ese vacío que sentís.- Ya ni vos parecías poder ayudarme. Estaba totalmente perdida. Pero insistí.
-Pero... Llega el día en que lo dejas de sentir. ¿O no?
De vos, Facu, aprendí muchísimas cosas. Especialmente a ser sincera conmigo misma, a hacerme cargo de los sentimientos y sobretodo a no reservarlos. Tal y como vos hacías conmigo.
-Pueden pasar días, semanas, años... pero si, algún día vas a encontrar a uno de esos príncipes reales, vas a conocer sus increíbles virtudes y sus hermosos defectos. Y él los tuyos. Y cuando sean capaces de quererse conociendo absolutamente todo... yo creo que ese día va a llegar tu "y comieron perdices".
-Yo dudo que las perdices sean el menú que acompañe a la felicidad.
-A mi me parece que si sos feliz comes cualquier cosa, hasta perdices.
La conversación terminó así, ya sabía todo lo que necesitaba, me iba a curar después de todo... el problema era cuándo. Así que dejamos las perdices y los cuentos de lado para seguir con la vida real. Una vida en la que estábamos destruidos, cada uno con su dolor encima, pero juntos y sobreviviendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario