lunes, 22 de agosto de 2011

Habíamos discutido. Nos habíamos herido y ninguno de los dos iba a volver al living  donde estaban todos, esperando que alguno de el primer paso, el brazo a torcer. Mi mirada estaba perdida en el espejo azul del baño, la tuya andaba por ahí, dando vueltas en tu habitación  mientras tu marihuana preferida consumía lo poco que quedaba de vos. Detestaba esa situación. Sabia que preferías estar encerrado, solo, alejado de todo aquel que quisiera darte un abrazo, así como también tenia claro que en eso me parecía muchisimo a vos. Tenia 16 años y no sabia diferenciar de un abrazo a una cachetada, y no me interesaba diferenciarlo tampoco. 
Por esa misma razón estaba peleada con mis amigas. Por la simple razón de no poder decirles "las necesito", "quiero estar cerca de ustedes" o "son lo único que me hace bien cuando estoy mal". Y encima vos... 
A veces pienso que si mi papá no me hubiera abandonado, si hubiera vivido conmigo mi infancia, esta etapa que es la mas difícil y es donde más... si mi papá existiera en mi vida. Quizás de esa forma yo podría ser una persona normal, o con otros miedos que no sean el abandono. Pero no. Todos pueden porque tienen una fuerza que yo no tengo, una fuerza que todavía busco, por mas que quiera tenerla o inventarla, no es fácil, no la tengo: La fuerza de no temerle al abandono. Porque pareciera que no, pero ese abandono paterno marco mi vida, el abandono chiquito de mis amigas de la infancia o de los que se van al cielo, o vaya uno a saber donde van en realidad.  El abandono. 
Debe ser por eso que me pongo como leche hervida cuando me dicen que no pueden, que tienen otros planes. Grito cosas horribles, me pongo histérica y las hago sentir que no las quiero. Porque me pongo a mirar adentro mio, a ese agujero que tengo en el pecho vacío  oscuro y siento que no importa lo que pase... nadie va a llenarlo por mas que me desgarre a gritos. 
Me miro al espejo y me doy cuenta. No estoy sola, vos no estas solo. Tenes un living lleno de amigos y yo tres chicas que valen la pena al lado. Nos tenemos. Y si Facu, aunque nos cueste aceptarlo nos necesitamos. Vamos a salir lastimados, porque cuando uno quiere a veces duele, pero vale la pena ¿Entendes? Salgo del baño y te estas en el medio del pasillo, como si no supieras si entrar o no. Nos miramos y nos reímos. Estamos juntos Facundo. Es lo único que vale la pena. 

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