Es como si anidase en vos el odio,
el rencor, la rabia.
Es una chica del colegio. Después de haberle dedicado ese posteo al profe (siempre manteniendo el anonimato, obvio) ella me firmó algo extraño. A los días volvió a firmarme, pero esta vez dejó su nombre. Entré y ahí estaba ella. Morocha, enorme, fea. Si, esa fue mi primer reacción, después supuse que debía de tener algo especial, convengamos que al profe le debe dar a misma sensación cuando mira a Mauricio. Según lo que posteaba estaba triste y no pasaba por un buen momento amoroso. Entre a mirar sus posteos anteriores, parecía que un hombre le había roto el corazón. Entonces empecé a recordar como a veces la veía muy charlatana con él y como la primer noche que pasamos, hacia ya un año casi una chica con su mismo nombre le mandó un mensaje. No sentí nada, quizás un poco de rabia, pero no podía decir nada. Yo no era el mejor ejemplo de fidelidad y ni siquiera teníamos una relación completamente seria. Era sabido que yo no iba a mostrarme con nadie delante de él aunque no estaba segura de si él haría lo mismo. De hecho en el verano tuvimos una discusión por otra chica (esto no suena muy lindo) donde él sigue insistiendo que no paso nada, pero yo, mas allá de mi corta edad, se muy bien como engañar y mentir, debería darle clases.
Según lo que ella publicaba en su espacio alguien la había lastimado, por lo tanto tenia que suponer que él ya la había dejado. Sin embargo cuando ella me firmo bajo anonimato me dio a entender como que sabia lo que sentía, ¿Ya lo había sentido antes? ¿Lo estaría sintiendo ahora? Si era así era porque estaban juntos todavía. ¿Yo también iba a terminar el año haciendo declaraciones tristes por internet?
Paranoia. Se apoderó de mi durante mucho tiempo. No, no confiaba en el profe. Quizás la desconfianza era producto de mis malas experiencias o quizás él y nuestra relación, todavía clandestina, no me daban la seguridad que necesitaba. Ya había sufrido mucho la clandestinidad y estaba acostumbrada a confiar en hombres como Mauro. Entonces me apoderó el miedo y durante mucho tiempo recorrimos una especie de final sin darnos cuenta. Había empezado a correr la cuenta regresiva, pero mi atención por un momento iba a centrarse en una persona que me iba a hacer perder la razón.
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