Casi sin saberlo,
era una perfecta mentirosa.
Una maldita mitómana.
No le había dicho la verdad al profe, y eso era algo que Agustín desconocía, por lo tanto estaba con los dos, pero sin ninguno de los dos. Para variar tenia que elegir entre ellos, pero ¿cómo?. No podía medir lo bueno y lo malo de cada uno, porque por mas que lo conozca a Agustín de antes no sabia como era en una relación conocía sus valores pero también sus miedos y no me daba seguridad. El profe en cambio me daba seguridad (a su manera) pero no una relación normal, todo lo contrario, reaccionó cuando supo con certeza que me estaba perdiendo...
Agustín no confiaba mucho en mí y tenía motivos para no hacerlo, pero sin embargo yo quería ganarme su confianza, quería demostrarle lo que yo ya sabia, que era una persona distinta, que había aprendido a amar (o eso creía). Mientras tanto mi relación con el profe se desmoronaba.
De tanto insistir me gané una oportunidad con Agus. Era complicado porque a veces se arrepentía, dudaba de mí y mis antecedentes pero en seguida se le pasaba y volvíamos a estar bien. Era una indecisión que me mataba, porque no podía hacer nada por cambiar lo que la gente decía de mi ni mi pasado, pero aún así sentía esa necesidad de limpiar mi imagen ante él todo el tiempo. Eso lo llevaba a él a dudar constantemente, entonces por un lado era el más dulce y bueno de todos, pero cuando estaba con sus amigos yo era una persona más del montón con la que él jamás apostaría a algo serio.
Yo no quería que el desconfiara de mi pero a la vez tampoco podía confiar en él así que decidí prolongar la decisión, decidí que iba a encontrarle virtudes y defectos a ambos hasta que sea capaz de elegir. Y elegí... pero de eso vamos a hablar después.
Fueron semanas donde con Agus vivimos muchas cosas. El profe, que no era ningún boludo, sospechaba pero yo le mentía. Sin embargo vivía pegada a Agustín. Todo el día estábamos en el colegio juntos, nos veían todos, incluso él. Desde comprar ropa hasta estudiar, todo lo hacíamos de a dos. Cuando fuimos a comprar la entrada para ver a Soda paseamos por todo San Telmo, fuimos a comer y a tomar helado, a una feria hermosa donde me volví loca y el día que vimos a Soda esta entre las mejores cosas que viví en mi vida. Agustín me hacia bien, me hacia feliz y me hacia llorar habitualmente, era una mezcla irresistible. Ademas de todo eso despertaba en mí algo que no lograban muchos, entre pasión, amor y desesperación... de hecho con el profe tardé siglos y nunca lo conseguí.
A medida que mi relación con Agustín avanzaba, la mía con el profe decaía y eso él lo sabía, entonces fue ahí cuando se desesperó y se dio cuenta que me estaba perdiendo. Me hubiera gustado saber que pensaba o sentía él en ese momento. A lo mejor siempre creyó que íbamos a terminar juntos, que podíamos contra todo, pero no es mentira cuando dicen que a veces el amor, por mas grande que sea, no basta para sostener algo. Quizá él ya intuía algo y yo lo sorprendí, lo cierto es que estaba mas indecisa que nunca, no quería perder a ninguno de los dos, pero no quería tampoco estar con los dos, porque por primera vez en mi vida necesitaba hacer las cosas bien.
Mi realidad era perfecta, soñada. Por fin tenia un hombre que me quería pero mas allá de eso no estaba conmigo, entonces llegó Agustín a interrumpir mi felicidad efímera y demostrarme que el mundo que me había creado estaba lejos de ser real. Pero no supe elegir a tiempo, viví inmersa en mi mentira dos meses aproximadamente y casi pierdo todo, fue un martirio.