Y ese fue el gran problema, que jamás hiciste nada.
Y cuando te diste cuenta de la distancia que realmente nos separaba, de las veces que había intentado, en vano, acercarme a vos, fue demasiado tarde.
Demasiado tarde para escapar, para intentar, para luchar... y para conseguir que mis besos sean tuyos.
Así fue como empecé a cerrar una puerta, y como vos me decías, es ahí cuando las ventanas empiezan a ser necesarias, indispensables... cuando respirar con calma es lo mejor que se puede hacer por uno mismo. Pero no todo es tan simple, bien sabemos que para apreciar la calma primero es necesaria la tormenta... y de ahí vengo. Acabo de sobrevivir a mi huracán personal.
Venía mandándome mails con los dos, sms, incluso los veía, a Agustín con mas frecuencia, por supuesto, pero no disfrutaba de eso, todo lo contrario, necesitaba que termine cuanto antes, el tema es que jugársela no estaba en mi diccionario. Sabía a quien quería, pero me conocía, el problema no eran ni el profe, ni Agustín, sino mi triangulo amoroso preferido: ¿Qué iba a hacer cuando apareciera Mauro? ¿Con qué cara iba a rechazar a Mauricio si ni siquiera había aprendido?
Como no encontraba respuestas a las grandes incógnitas de mi vida hice lo que mejor me salía: puse en primer lugar a la simpleza, la rutina y la facilidad.
Seamos sinceros, con el profe siempre íbamos a tener visiones distintas de las cosas, no iba a cambiar nada, ni la relación, mucho menos la edad que nos separaba. ¡Tendría que haber sido todo tan fácil! Yo alumna, el profesor, un par de cervezas, unos cuantos besos y vuelta de página, pero cometimos el error de querer conocernos y al conocernos hicimos lo peor... querernos. Pero Calamaro nos lo canto en la cara, no se puede vivir del amor.
¿Mauricio? Fantasma. Igual que siempre. No hace ni falta que te explique la situación ni lo que siento.
Y Mauro... Mauro iba a ser siempre la persona a la que no me quería acercar, por miedo a lastimarnos, porque sabía que con él era en serio, totalmente real.
¿Qué me queda? Agustín: Nuevo, bueno, lindo, simple, nuevo, hermoso, carismático, comprador, sonriente... ¡Nuevo! Y lo más importante, me revolucionaba de la cabeza a los pies. ¿Con qué necesidad darle más vueltas? Agustín era mi respuesta y estaba decidida a escribirte sobre eso.
Otra vuelta de página y a empezar de nuevo. Le digo adiós al profe, otra vez sera Mauricio... hasta siempre, Mauro. Y le abro la puerta a Agus, aunque tiemble de miedo, le doy la bienvenida, y vuelvo a empezar, de cero.
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