lunes, 24 de diciembre de 2012

El cielo - Parte uno

23 de Enero- 2009.


Hace dos segundos que floto en el aire,
hace dos silencios que mi beso arde.



-Me parece que llegó la hora...- Tu voz sonó con fuerza y firmeza. Y tenías razón esta vez, había llegado el momento. El momento de hacerme cargo de todo.
Mientras viajaba en el auto, rumbo a Gesell, apareciste. En mi cabeza resonó tu voz y sigo conservando esa sensación que me invade cuando eso pasa. Quizás fue el paisaje lo que me hizo traerte de nuevo, o quizás porque era el momento de cumplirte tu deseo: tirar tus cenizas al mar. Las llevaba en la valija, escondidas, y las cuidaba como si fueran la clave para traerte de nuevo, cual ave fénix. Esas cenizas ahora eran vos. Y yo tenia que deshacerme de ellas... tenia que arrojarte en el mar y dejarte ahí, para volver a verte, tal vez, en algún amanecer. Hacía tres años aproximadamente de tu partida, pero todavía me costaban ciertas cosas. No me alcanzaba con saber que estabas en todas partes, que mi cuerpo iba a ser siempre la casa de tu alma... 
Por otro lado, el verano me encontraba ansiosa. Estas vacaciones eran mas que un tiempo con mi familia y amigas... era mi reencuentro oficial con Mauro. ¿Nervios? ¡Un metro cincuenta de nervios soy!
Al lado mio, por suerte, viajaban la mitad de mi ejercito: Andi y Caro. Allá nos esperaba Eru. Íbamos a quedarnos una semana, ellas en algún alojamiento y yo en la casa de mi tía con toda mi familia. Mi mamá no me dio mucha plata, así que dormir de mi tía y estar durante todo el día y la noche con mis amigas, es la única solución que tenia. 
Por suerte encontraron un lugar donde quedarse y fuimos a la playa a la tarde. Todo me daba paz. Por suerte mis amigas hacían la espera mucho mas llevadera. No sabia todavía como iba a hacer para ir a verlo, pero algo se me iba a ocurrir. No podía parar de pensar en él. Me costaba verme porque hacía unos días estaba sufriendo el huracán de Mauricio y Agustín, no entendía como les había dedicado tanto tiempo que no se merecían. 
Mientras viajaba en mis pensamientos me llegó un mensaje de texto. Era él. Quería saber como estaba y si ya estaba en Gesell. El corazón se me salia de las manos y mi sonrisa me delataba. Nada me hacía mas feliz que tener a Mauro tan cerca. Sabía que todo podía cambiar de un momento para el otro, pero para eso tenia que decirle todo lo que sentía, sin miedos. 

Cuando el día terminó y el sol se escondió me alejé de mis amigas y me fui a mi casa de verano. Fui a buscarte para llevarte a donde querías ir y te solté en el mar. Junto con vos se fueron mis últimos latidos y muchas lágrimas (ojala te las hubieras llevado todas), se fueron mis recuerdos y tu sonrisa. Pero tu voz volvió conmigo y se quedó.
-Gracias por todo, Enano.-
-Gracias a vos, Universo. Gracias a vos.- 
Siempre ibas a ser parte de mí, estaba domesticada y eso no iba a cambiar nunca. Y ahora cada vez que vea una estrella voy a sonreirle, como si vos estuvieras sonriendo en una de ellas. Mi cielo esta lleno de vos, y así va a ser, pase lo que pase.

Volví llena de lágrimas pero nadie lo notó. Agarré el celular para contactar con mis amigas y ahí lo tenia: "tengo muchas ganas de verte, hermosa". Yo también tenia muchas ganas y necesitaba muchos abrazos. Necesitaba hundirme en sus brazos y olvidarme de todo, dejar atrás lo que había pasado estos últimos cuatro años que estuvimos separados. Quería decirle que era momento de retomar el tiempo, de recuperar lo nuestro, de volver a vivir... Pero me fui a bañar, y mientras lo hacia pensaba en todo lo que iba a decirle y en cómo. Planeaba en mi cabeza el momento perfecto y me preparaba mentalmente para la felicidad o la decepción.
Me cambie y sin cenar, me encontré con las chicas. Fuimos a la playa, donde unos amigos nos esperaban y nos quedamos ahí un rato. Todo estaba bien, pero yo no podía concentrarme, vos estabas en mi cabeza y Mauro en mi corazón. ¿Cómo hacia para manejar mis sentimientos? Para no desbordarme... 
Como no tenia ánimos me fui a dormir temprano. Casi me quedo dormida en la mesa de un bar, así que imaginate... a las chicas no les gustó mucho, pero les prometí que al otro día íbamos a ir a la playa temprano. 



 24 de Enero- 2009.

Me desperté con gritos del otro lado del teléfono. Mis amigas gritaban desesperadas, porque eran las cinco de la tarde y yo todavía no estaba en la playa. Me había quedado dormida. La ansiedad me había destrozado y después de 48 horas sin dormir, cuando caí en la cama no quise levantarme mas. Pero ellas se enojaron de todas formas, y me ofrecieron, ya que no había ido a la playa, ir a cenar a uno de los lugares mas caros del planeta tierra. Yo de antemano no tenia plata suficiente ($100 para una semana) y no iba a pagar $90 para una cena, así que rechace la oferta. 
Mientras discutía con ellas se acercó Fabiana. Estaba por irse a San Bernardo a la casa de una amiga (estaba tan aburrida como yo) y me preguntó si queríamos acompañarla. Mis amigas dijeron que no, pero yo sonreí por dentro. En esa playa se encontraba Mauro con sus amigos. Y mi hermanita, Romina. Así que agarré un bolso y me subí al auto. Acto seguido, redacte un mensaje comunicándole a Mauro mis planes. Aceptó encantado.
Todo el viaje fue una tortura, una lucha interna entre mi ansiedad por verlo y mis nervios por confesarle todo lo que sentía por él. Necesitaba que mi mamá acelere y llegué rápido, pero también que frene y me deje respirar. Llovían sus mensajes en mi celular, preguntándome por donde andaba y si faltaba mucho, quizás para él se estaba haciendo eterno, pero yo sentía que habían pasado cinco minutos. Me invadió el miedo, no estaba lista, no podía tampoco hacerle eso. ¿Quién me creía que era para ir después de cuatro años a decirle que estaba enamorada de él? ¿Qué me pasaba en la cabeza? Quería bajarme del auto y quedarme ahi, en el medio de la ruta... pero era demasiado tarde.
-¡Llegamos! Ay, Guillermina, cambia esa cara de pánico. ¿Qué te pasa?- 
-¿Ya llegamos? Me dijiste que íbamos a tardar una hora aproximadamente...-
-Y si, es lo que tardamos. Un poco mas porque fue un quilombo entrar. ¿Donde la encontras a Romina?-
-No, no la encuentro a ella. Me encuentro con Mauro.-
-¿¿Con Mauro??- Mi mamá no entendía nada. 
-Si.- No quise dar mas explicaciones.- Andrade y La costanera. Lo encuentro ahí.
Fabiana no preguntó mas y se limito a manejar, mientras yo lo llamaba y le avisaba que estaba llegando.
Cuando bajé del auto y lo vi no pude contenerme. Hacía tanto tiempo que no lo tenía solo para mí que inmediatamente me aferré a sus brazos. Era increíble como todo mi cuerpo me indicaba que lo había necesitado muchísimo. Mi mamá no entendió mucho por qué me encontraba con él y no con Romina directamente, pero Mauro, todo caballero, le explicó que iba a llevarme con ella. Por suerte no le dijo cuándo. 
Tenía tantas ganas de verlo. Lo vi tan hermoso que sentí que no había pasado el tiempo. Me parecía estar en el verano del 2005, cuando todo era tan fácil y estábamos tan cerca. Era mi sueño hecho realidad. Era un principe. Mauro era todo lo que yo quería. Pero lo había desaprovechado. Había arruinado mi oportunidad de estar con él y no sabía como explicarle todo lo que había pasado por mi mente. Tampoco sabía si le interesaba, pero igual quería intentarlo. Peor era quedarme con esta angustia por siempre.
-¿Te diste cuenta donde estamos?- Y no, no me había dado cuenta. ¿No era el mismísimo cielo acaso?- Si yo mal no recuerdo, señorita, acá dio su primer beso...- Un detalle. Un recuerdo que me era imposible ver en ese momento, porque lo único que venían a mi mente eran los mil besos que me había dado él. 
Sus ojos oscuros estaban cada vez mas cerca. Su sonrisa y su boca perfecta se acercaban, sus manos llenas de arena me agarraron. Me derretía, me moría por dentro, no sabía donde estaba parada... 
-Mauro...-
-Shh. No lo arruines.- 
"Un poco tarde", pensé, pero igual me deje llevar...




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