martes, 18 de diciembre de 2012
Nueva era
2009.
-Es lo que vos no vas a entender nunca... no importa todo lo que pasó, sos una buena persona, Enano. Y no te mereces el maltrato, por mas culpa que sientas.
Eso me lo habías dicho hace bastante, pero estábamos hablando de Mauro y de mi tortura de turno, Mauricio. Ahora las cosas eran distintas. Mauricio había salido de la escena (al menos hasta nuevo aviso) y el nuevo co-protagonista de la historia era Agustín. Mi nueva tortura, mi nuevo martirio... mi nuevo ex novio.
El año empezó con todo, como si fuera un aviso de como iban a ser los 364 días que quedaban. Yo había decidido no volver con Agustín (en caso de que no recuerdes el por qué te invito a espiar la historia yendo hacia atrás) después de todo lo que había pasado, y también había decidido volver con Mauro, aunque él no lo supiera. Pero vayamos por partes...
La noche de año nuevo fue normal. Cené con mi familia, en una quinta a la vuelta de mi casa, y después fui a encontrarme con las chicas, a la casa de Caro, como la tradición manda. Tomamos algo y salimos para el alemán. Por supuesto que ahí nos encontramos con muchos conocidos, por supuesto que estaban los amigos de Mauricio y creía que él no, que esa noche iba a evitarlo, pero apareció. Ahí estaba otra vez. Lo quería esquivar, sobretodo después de lo que viví la última vez, pero se acercó con su sonrisa perfecta a cuestas. No sabía como mirarlo, ni como hacer para no destruirlo a golpes, pero me contuve. Lo salude civilizadamente y seguí disfrutando de mi noche. Me había mentido a mi misma con el típico "año nuevo, vida nueva", así que me limite a disfrutar de mi engaño.
Todo estaba tranquilo, la noche estaba hermosa y con la temperatura justa. Estaba con amigas bailando, hasta que lo cruce. Su estado era deplorable. Estaba tirado en el piso, solo, sin nadie que lo ayude. Completamente borracho. Sentí culpa y dolor. Muchísimo dolor de verlo así, destrozado. Sabía que no era solo por mí. Sí, lo que había pasado entre nosotros nos había destruido a los dos, pero Agustín tenia muchas cargas encima de su espalda y esa noche estaba intentando deshacerse de todas.
Me acerqué para ayudarlo, y por supuesto, recibí insultos de su parte, pero no me importó. Busque a sus amigos, mientras le pedí a Caro que se quede con él y a un patovica que le traiga un poco de agua. No sé que hacía ayudándolo. Era la persona que hacía tres días atrás me había amenazado de muerte... pero yo sabía que muchas de sus reacciones eran producto de nuestra relación insoportable. Y quise creer que el hubiera hecho lo mismo por mí, en caso de verme tirada en el piso, borracha y completamente destruida.
Después de eso recibí un llamado telefónico pidiendo perdón y agradeciéndome por haberlo ayudado. Me alegró saber que, al menos, podíamos tener una conversación tranquila y en paz. Agustín y yo no eramos compatibles, pero no por eso teníamos que salir a matarnos.
De todas formas la madrugada del primero de enero no terminó ahí. Como te dije, Mauricio estaba en la fiesta, así que en un momento se acercó a hablarme. Esta vez no vino para servirme mentiras en bandeja, sino que pidió una tregua. Necesitábamos cerrar la historia, eso es cierto, y también aclararnos las cosas que sentíamos. Cuando la fiesta terminó fuimos a su casa. La casa a la luz del día parecía muy distinta a como la recordaba. Y Mauricio también. No tuvo intenciones de mentirme, fue una conversación totalmente sincera, donde quedo claro todo lo que habíamos pasado. Mi dolor y su miedo. Mi amor y su desconfianza. Sabíamos que no íbamos a estar juntos, por mucho que querramos o intentemos, así que lo mejor era dejar todo atrás para poder ser feliz con lo que venga. Él tenia la absurda idea de estar juntos siempre. Sin importar el rumbo que tomen nuestras vidas... algo así como amantes eternos. Pero yo no podía aceptar eso, no podía ni siquiera formarlo en mi cabeza. Mauricio me había dolido mucho, me había cerrado el pecho, y no iba a pasar por eso otra vez. Así que le dije "adiós". Nunca creí que podía ser capaz de despedirme de él. Era el ogro de mi vida. Una historia que creía que iba a llevar siempre a flor de piel, pero le dije adiós. Era lo mejor para todos. Lo mejor para los dos.
Haber hecho un cierre con Mauricio me permite enfocar mi mente en lo primordial para mí. Tengo una sola persona en mente: Mauro. Sí. Quiero besar a mi rana nuevamente, quiero poder convertirlo en el príncipe que no supe aprovechar...
En verano mis horarios cambian, por lo tanto me despierto con insomnio a las cinco de la mañana y del otro lado del monitor esta él, siempre conectado. Cuando lo encuentro conectado mi corazón empieza a latir desesperadamente. Es mi corazón el que me demuestra que no tengo que rendirme con él, que quizás tenga otra chance.
Hablo con Mauro hasta que amanece. Pongo la cámara web como para sentirnos un poco mas cerca. Lo quería tener cerca toda la vida, y ya lo sabía. Me costó mucho tiempo darme cuenta. Pasaron años, dolores, ex novios, pero él siempre estaba ahí, y eso tenía que significar algo. Confiaba mucho en el tiempo, y creía que iba a ser el que decidiría cuando íbamos a estar juntos. No me importaba el hecho de no tener una fecha exacta, porque estaba segura de que íbamos a lograrlo. Tampoco estaba 100% segura de que él quiera estar conmigo, pero había ciertas actitudes que me decían que si, que todo lo que yo estaba esperando, esperaba por mí.
Para aclarar mis dudas empezamos a hablar de las vacaciones de verano. Mis amigas y yo habíamos arreglado para irnos a Villa Gesell, y él también se iba, pero a otra playa. Lejos. De todas formas nada me desalentaba, nos íbamos a encontrar en el mar. Él lo propuso y lo acepte encantada. Era imposible separarnos, estábamos acostumbrados a lidiar con la distancia y los viajes en colectivos para vernos.
Estas conversaciones me daban esperanza. ¿De qué? De tener una nueva oportunidad. Se que no supe aprovechar mi chance con él, pero también soy consciente de que fue lo mejor. No solo eramos chicos, sino que yo no estaba totalmente preparada para él. Me dolía Mauricio en todo el cuerpo y no podía usarlo a Mauro de medicina... Necesitaba estar curada para darle todo el amor que se merece, y había llegado el momento. Lo sentía en todo el cuerpo, sentía las ganas de tenerlo conmigo, de abrazarlo... de no soltarlo jamás.
Ya era la misma persona, con el tiempo aprendí a amar, y amarlo. Se que también sufrí y quise mucho a otras personas, pero Mauro siempre fue mi prioridad. Siempre quise estar lista para él, aunque suene egoísta. También podía ser rechazada y en caso de que así sea, lo tenía mas que merecido, pero este es el momento de jugármela entera por lo que quiero. Estas vacaciones voy a hacérselo saber.
Mauro era todo para mí. Era mi eje, mi sol, mi alegría. Era revolución, cielo, arena, mar, euforia, dolor y reconciliación. Mauro era amor y es paz. Mi frenesí. Y quería que lo sea siempre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario