jueves, 6 de diciembre de 2012

Parece que fue ayer...


"En el fondo de esa extravagancia estaba el hecho inexplicable de que los dos estábamos haciendo algo que a la otra persona le parecía inconcebible: a él jamás se le pasó por la cabeza que yo fuera a dejarlo y yo nunca pensé que él lo iba a hacer tan difícil."


"No nos tenemos ni un poco de amor y sin embargo esto no se terminó. Y ahora pasamos de mal a peor... y si hoy te veo con él los mato a los dos."


28 de diciembre - 2008. 
12:00 pm


Que problema ¿por donde empiezo? Las cosas que pasaron estos días no tienen punto de comparación en terror con las cosas que pasaron esta madrugada... pero aun así tengo que contar todo. ¿Todo sobre quién? Todo sobre todos, Facundo. Agarrate, hoy voy a hablarte de Agustín y de Mauricio. Si, lo que escuchaste... volvió Mauricio. ¿O volví yo?
Era navidad. Como todos los años, cuando me ataca esa fecha, le mande el sms correspondiente a Mauro felicitándonos por otro año mas juntos (no se si recordas, pero él y yo nos pusimos de novios en navidad) y como siempre la respuesta de su lado fue buena. Ya no eramos novios, así que el mensaje no tenía sentido, pero el cariño seguía intacto. Ademas, yo estaba por poner en marcha mi plan de re-conquista, pero de eso vamos a hablar mas adelante. Mauro merece todo el protagonismo y hoy necesito detallar lo que pasó con esos dos monstruos.
Cuando se terminaron los brindis y la repartija de regalos me fui a visitar a mi otra familia: mis amigas. ¡Al fin podía estar con ellas las veces que quisiera! Otra vez hacer planes juntas, salir, bailar y señalarnos a los gritos cuando una canción nos identificaba, quizás emborracharnos... lo que sea. Mi vida había vuelto al lugar que le correspondía. 
De Agustín no sabia mucho, por suerte, así que no podía afectarme nada. Las cosas habían terminado de la peor manera. En pocas palabras, para que él acepte que yo lo estaba dejando le hice creer que estaba enamoradísima de un chico que iba al mismo colegio que yo. Una estupidez, porque nadie puede enamorarse de repente, pero me vino al pelo. Con el chico no pasó nada (nada que merezca ser detallado) pero para Agustín fue mas que suficiente. Claro que eso le dio pie a que desparrame mierda sobre mí por todos lados, pero sinceramente ya no me interesa. Lo único que necesitaba era tenerlo lejos, lejos donde ahora esta, y lo conseguí.
Ahí es como entra en escena Mauricio: como te dije, fui de Caro (una costumbre que fuimos adaptando con los años y que sinceramente espero que no termine nunca) y de ahí a recorrer el barrio, a buscar a Andi y ya que estamos... 

Mauricio estaba con sus amigos en la puerta de su casa. Fuimos solamente por un brindis y a saludar, ya que no soy la única con un deslumbramiento con los chicos de ese grupo, sino que Caro esta hace años enamorada de un amigo de él. ¿Querés mas motivos acaso? 
La visita fue corta, pero no por eso menos productiva. Mauricio, como siempre, aprovechó la situación. Me conocía, sabía a la perfección que soy débil ante él, y ademas, sabía que estaba pasando por el peor momento de mi vida. Me preguntó por mi novio, le expliqué lo que había pasado y se sonrió. Un descarado, se sonrió con esa típica sonrisa que hace cuando cree que ganó algo o al menos esta por ganarlo. Se sonrió como si le importara o le afectara. Él tenía novia, como siempre, pero yo no estaba muy al tanto de la situación. En fin, seguimos hablando, riéndonos un rato (otra cualidad de él, sabe como hacerme reír) y brindando. Como se nos hacia tarde para llegar al Alemán (eramos fanáticas del alemán, no hay navidad ni año nuevo que no nos encuentre en esas fiestas) nos fuimos despidiendo. Me acerco, por supuesto, y me agarra... ¡por supuesto! Ahí estaba yo, delante de Mauricio otra vez. Sonreía mientras yo vivía un deja vú. 17 de septiembre, esa sonrisa, como olvidarla... pero inmediatamente me acordé del caos del que venía. Y principalmente de la persona que no solo me hace reír, sino que me hace feliz: Mauro. 
Nos retiramos y llegamos a la fiesta, donde nos encontramos con muchos conocidos. ¿Y quién estaba? Si, Mauricio. Mauricio con sus amigos. Obviamente todas se quedaron cerca de ellos y yo no pude escaparme. Otra vez Mauricio ¿no iba a desaparecer nunca acaso? No podía distinguir si estaba borracho o aburrido, pero a penas me vio se acercó. Si, otra vez se acercó, que tipo insistente. 
-Te quiero, Boni.- 
-¿Me queres? ¿A quién le podes hacer creer semejante mentira?- Me hubiera encantado gritarle- vos no queres a nadie Mauricio, lo único que queres es complicarme la vida, siempre. Nunca me quisiste y nunca, jamás, me vas a querer.- 
Pero insistió. 
-Te juro que no puedo seguir sin vos. ¿Cuándo vamos a dignarnos a estar bien? ¿Cuándo vamos a estar juntos? Sin miedos.- Estaba escuchando lo que había querido escuchar siempre. Yo sabía que en el fondo Mauri me quería, pero también era consciente de que ese amor no era suficiente para ser la única. Aún así me deje llevar, me deje ilusionar con él y con sus promesas de amor eterno. Necesitaba creer en algo, necesitaba enamorarme. Y por qué no, un abrazo. Así que eso fue lo que hice. Lo abrace con tanta fuerza que me parecía que nunca más iba a soltarlo. Lo abrace por mí, por él, por todas las cosas que me hizo... por Mauro, por haber sido tan ciega, con él, con Agustín, con todos. Siempre mirando lo que no tenía que mirar, y haciendo la vista gorda con lo que me convenía. No podía soltarlo, y no porque fuera Mauricio al que estuviera abrazando, sino porque sentía que si me soltaba iba a desmoronarme en el suelo sin levantarme nunca más. ¿Por qué seguía lastimándome? ¿Por qué no podía quedarme tranquila, vivir la vida que quería vivir? ¿Por qué mierda no iba y le decía a Mauro que quería estar con él y no en lo brazos de mi ogro? ¿Por qué seguía permitiendo que Mauricio haga y diga lo que quería? Y no solo él, sino Agustín también. ¿Por qué me descuidaba tanto?
Cuando lo solté la realidad volvió a golpearme. Sentí otra vez como el pecho se me cerraba y me negaba el aire. Mauricio era una maldición, una encantadora maldición que te atrae, vendiéndote el paraíso, y cuando lo adquirís te das cuenta que llegaste al mismísimo infierno. Mi infierno personal. 
Llegué a mi casa y seguí con mi vida. No quería que ese encuentro me perturbe, pero al final lo hizo. Le creí otra vez a Mauricio... sus palabras habían llegado al lugar mas profundo: la esperanza. Me volví a preguntar como serían las cosas si estuviésemos juntos. Y con ese pensamiento seguí dos días mas, intentando buscar una respuesta.

Llegó el sábado a la noche y llegaron otra vez las salidas. Nos encontrábamos en la casa de Eru y de ahí salíamos. A ninguna le emocionaba mucho pero a mí, que no salía en paz hace mil años, esa situación me hacia la mas feliz del mundo. Era todo risas en mi mundo, hasta que llegó Carolina con dos ex compañeras mías del colegio. La que detestaba. Ahora tenía que salir con ella. ¡Que ganas las de Caro de amargarme la noche! Pero no me iba a arruinar la salida. No solo estaba con mis amigas, sino que Mauricio me mandaba mensajes... yo, haciéndome la dura, no le daba importancia, pero mi esperanza seguía ahí, no me abandonaba. Lo que me parecía raro era que Agustín seguía sin aparecer... y no porque necesitara tenerlo cerca, sino porque sentía que estaba cerca de todo el mundo, incluso de mis amigas, pero de mí no. Sabía que seguía hablando de mí, queriendole sacar información a mis amigas, pero no quise pedirles detalles nunca. Me limite a vivir esa gran noche con ellas, sin saber que iba a ser una madrugada para enterrar y olvidar.
Todas hacían movimientos extraños. Erika, Carolina y Melisa parecían estar en otro mundo, no podía descifrar su comportamiento, ademas, confiaba en ellas, mas que en nadie, así que no tenia que preocuparme. Cualquier cosa extraña, mis amigas iban a saltar por mí, de eso se trata. Pero no fue así. Después de un rato Melisa simuló estar aburrida y me propuso trasladarnos a otro bar. Le dije que sí. Cuando estábamos saliendo lo veo llegar. Mauricio y su amigo (el que le gusta a Caro) atraviesan la puerta del bar. Esperanza ya había cerrado la boca, así que deje que Meli me lleve donde ella quiera. Yo quería estar lejos de Mauricio. Mi corazón se merecía un descanso. 
Llegamos al otro bar y vemos a Erika charlando con Agustín. No podía creerlo. Era ella la que le proporcionaba información, la que le decía que hacía, que sentía, lo poco que lo quería. ¿Siempre iban a estar en mi contra cuando se trataba de él? Y las malas noticias no terminaban ahí. La culpa carcomió a mi amiga y terminó confesandome lo peor: Mauricio iba a estar con mi compañera del colegio, con la que mas detestaba... y Carolina lo sabía. Por eso me sacaron del bar. Por eso me incitaron a irme a otro lado. ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué mis amigas hacían estas cosas? ¿Por qué seguía creyendo que Mauricio podía pertenecerme? 
No quise quedarme ahí, queria ir a dormir y no volver a despertarme, pero todas mis cosas estaban de Caro. La llame y le hablé como pude. Me tomé un colectivo y fui a su casa. Mientras caminaba por la calle lo veo. Si Mauricio era mi peor pesadilla, él era mi película de terror, volumen uno y dos. Agustín parado en el medio de la calle, gritándome, riéndose de mí. Me preguntaba si estaba perdida, el enfermo y la verdad era que sí. Me había perdido otra vez. Me había dejado ilusionar, por él, por Mauricio, por el maldito final feliz. Lo eché como pude, pero subió al auto y empezó a seguirme. Cuando llego a la casa de Caro estaba el auto de Mauri, con mi compañera adentro. ¿Algo mas, mundo? 
Entonces Agustín enloqueció. Verlo a Mauricio tan cerca mío seguro despertó algo en él, un odio insoportable. Me preguntaba si lo seguía amando, pero yo no podía responderle. No sabia la respuesta, había eliminado todo tipo de sentimiento, no sabía si lo quería, si lo amaba, si lo extrañaba... porque lo único que sabía era que quería volver a ser yo misma, y que él vuelva a ser el chico que conocí. Agustín ya no era la persona dulce y comprensiva de la que me enamoré. Y yo seguramente no me parecía en nada a la que enamoró a él.
-No te amo más.- Dije con lo poco que quedaba de mí.-Nunca te amé- Y era cierto, de hecho no lo conocía. Ese no era él.
Empezó a gritar que me iba a matar, lo dijo tres veces. Lo dijo con tanta furia que me asusté. Lo dijo tan seguro que le creí. Era lo que él quería, matarme. Y yo quería olvidarlo con todo mi ser. No me mató, pero el corazón me lo arrancó seguro. Y ahí sigue todavía.  Roto, destrozado, fuera de mí. 





2 comentarios:

Juano dijo...

Sublime. Me acuerdo del momento y es fulero, pero tus palabras, ayy chinita, que grandeza

Unknown dijo...

TE QUIERO MUCHO MUCHO MUCHO MUCHO MUCHO Y ME ENCANTA QUE ME DIGAS CHINI.