miércoles, 27 de febrero de 2013

Trescientos sesenta y cinco errores.

2013.


No solo me parece importante hacer esto sino también completamente necesario... este es mi diario, un diario que acerqué a ustedes con la simple necesidad de vaciarme, de dejar atrás... de olvidar. Por lo tanto esta parte de la historia es fundamental para comprenderlo todo, de la misma forma que lo hice yo. 
Empece este diario desde muy chiquita, pero no tuvo total importancia hasta el momento en que me enamoré, quizás ahora parece nimio pero en ese momento que un simple chico me corte la respiración me cambio la vida. Y cuando la vida que conocemos cambia tenemos que hacer algo para sobrellevarlo. Yo encontré acá mi salvación, mi refugio y mi medicina. Quizás alguno de ustedes tengan otra manera, quizás vos que me lees necesitas música, o vos, que estas ahí alguna película que te haga reaccionar... un libro, un paseo en bici, salir a caminar, un abrazo o juntarse con amigos; todo, absolutamente todo lo que nos haga bien nos ayuda a sanar. Lo mío era escribir, no se si bien, no se si mal, escribir, entonces volver a respirar. Con los años mi receptor se mudo al cielo, entonces la angustia y el dolor no solo crecen sino que cambian de características. No solo es el amor el que te rompe el corazón, sino la falta de él. Y el amor llega de distintas maneras. Por ejemplo: a mí me faltaba el amor de un padre, me faltó toda la vida y no pude superarlo hasta que me lo dije. Siempre escondiendo ese dolor, creyendo que si no lo decía en voz alta no existía... por eso escribir no siempre me ayudaba. Cuando Facundo leyó mi diario quedó absolutamente maravillado. Al principio no eran cosas concretas, sino mas bien ideas, palabras sueltas que armaban algo oculto, queriendo decir todo no terminaba diciendo nada. Pero él fue paciente y me dio armas, armas que hoy en día me sirven y me ayudan. Hablar, chicos, no callarse, es lo mas sano que uno puede experimentar. De nada sirve guardar un dolor enorme, hay que decirlo, hay que sacarlo de encima porque de otra manera uno no se ayuda. No se cura. 
Cuando empecé a aceptar que me faltaba un padre entendí que quizás por eso también buscaba desesperadamente el amor de alguien que no me quería (o sí, bueno, pero no de la manera que yo deseaba) y ahí empieza todo. Mauricio, Mauro, Agustín... tres de mis referentes. Tres personas completamente distintas y tres historias vividas de manera diferente. Mauricio era el que no, Mauro el que sí y Agustín el correspondido, pero igual falló. Todo falló. Y fallaba porque yo estaba callada. Porque en ese momento no fui capaz de dejarme conocer o hablar, no sé. La cuestión es que de tanto callar mi vida tomó el rumbo que no deseaba. 

En el capitulo anterior les hablo de una promesa. Por lo tanto todo lo que se viene, como ya dije, es absolutamente fundamental. El año 2009 se llenó de cambios y van a conocer a una Guillermina equivocada, que hace todo completamente mal (ya entenderán el por qué) pero todos esos golpes son la consecuencia de un cambio de vida. Todos los días, desde el momento en que hice la promesa de dejarme llevar, me equivocaba en algo, pero esta vez, el error me ayuda para cambiar. Y cambiar también implica hablar. Ya había vaciado mi corazón, había sido sincera conmigo misma... me quedaba esperar. Y esperar al amor, muchas veces, es una estupidez. Hay que salir a buscarlo. Salir a amar, salir a buscar, salir a vivir. Porque si amas el tiempo no corre, el tiempo no resuelve, el tiempo no es protagonista. Somos nosotros los únicos que podemos decidir por nosotros. Pero me costó horrores y golpes entenderlo. El tiempo lo único que hace es pasar de largo, somos los que necesitamos agarrar el timón fuerte, y hacer de nuestra vida un viaje, donde estemos al mando. Y a eso vamos... ¿el final? Absolutamente feliz. Pero para eso tienen que leer... y esperar. Esperar acá si vale la pena. Vivir también. 

sábado, 2 de febrero de 2013

Pie derecho


Febrero 2009. 
Buenos Aires. Argentina. Humedad.

Ese día seguramente te levantaste con el pie derecho... estabas tan furiosa que resultabas divertida. Vos y tu metro cincuenta enojados eran la formula perfecta de la belleza. Le diste un golpe tremendo a la puerta y subiste las escaleras con furia. Mucha furia.
-Soy un desastre.- 
-Decime algo que no sepa, enano.- Y sonreíste  Soy la ultima persona que te ve como un desastre, y lo sabes.-
-Te estoy hablando en serio, Facundo.- ¡Cómo dolía cuando la sonrisa desaparecía! Irradias una luz constantemente, pero cuando estas triste esa luz disminuye, pero nunca se apaga.- Lo deje. Lo deje, ¿entendes? Lo-de-je.-
-¿Lo dejaste? ¿DE-JAS-TE?- Y me pegaste. Un poco me merecía el golpe igual. 
-Si. ¿Por qué hago todo mal?-
Ese día te odiabas. Yo te había enseñado que el odio es un sentimiento horrible y que jamas hay que acercarse, porque se instala. Se instala para siempre y se va transformando, te juro. Se transforma y se convierte en muchas cosas: miedo, desamor, rencor, envidia, egoísmo .. al odio no hay que respetarlo, hay que alejarlo. Sobretodo cuando se tiene por uno mismo, como vos ese día. 
Habías dejado a tu novio. Era una catástrofe desde el vamos porque él era el único chico que hasta el momento valía la pena, pero no por lo que le fueras a provocar a él, sino por lo que te estabas haciendo a vos... Desde el primer momento que me hablaste de Mauro lo describiste como un ser perfecto, como alguien dulce, lindo, simpático  divertido, un chico diez en todos los aspectos. Mauro tenía un solo problema: no era la persona que vos amabas. Entonces lo dejaste. Para no lastimarlo, lo dejaste. Para no mentir, lo dejaste. Y te fuiste dejando a vos... Nunca deberías haber hecho esa afirmación, porque a pesar de todos mis intentos por frenarte, vos te la creíste de pe a pa. Vos creías realmente que eras un desastre. Lo crees todavía. 

(Una voz en off me relata este recuerdo justo antes de despertarme...)



No era un día mas en mi vida, era el décimo tercer día que me levantaba con el pie izquierdo. Estaba furiosa. Había arruinado mi vida, como siempre. Había jugado tanto con mi corazón que termine destrozándolo por... por... ¿ves? ¡Ya perdí la cuenta! Ya no tenía sentido el diario. Ya no tenía sentido nada. Se que todavía en sus palabras hay un dejo de esperanza, pero ya no lo creo. Esta historia termino hace muchísimo tiempo, muchísimo  y yo no quise darme cuenta. Y vos ni siquiera aportaste sabiduría  ¿Donde estas? Dale, Facundo, ya fue.¿Donde mierda estas cuando me quedo sola? 

-Hace unos años pasamos por lo mismo, ¿te acordas? Lo habías dejado y viniste a casa corriendo desesperada. Estabas enojadisima por haberlo dejado. Decías que era lo peor que habías hecho en la vida y que nunca te lo ibas a perdonar... ¿Qué te enseñé yo? El pie derecho, Enano. Siempre.-
-¿No vas a saludarme?-
-Deja de lado las formalidades. Acá estoy cuando te "sentís" sola, porque no lo estas. No te quedaste sola, eso no va a pasar, entendelo. Y no lo digo por mí. Yo no tengo que ser el que venga a salvarte y a decirte palabras bonitas cuando vos estés triste, ¡eso tiene que salir de vos!- Mis ojos querían llorar. Habías atravesado todas las leyes del universo solo para venir a retarme, me quería morir en ese mismo instante...
-No me gusta que me retes- Te dije con lo poco que quedaba de mi.
-A mi no me gusta que te retes.- Y después de una larga cara triste largaste tu sonrisa. Torcida. Esa sonrisa que te hacia ser Facu.- ¿Cuántas veces dije esto? No, en serio, alguien tiene que llevar la cuenta, ¿cuantas?-
-¿Miles?-
-¡Millones! Deja de lastimarte. Deja de vivir atada a Mauro. Deja de creer que ese recuerdo sigue vivo, solo porque siguieron encontrándose en todas partes. Mauro y vos se adoran, eso es así y siempre va a ser así, sin importar lo que pase, pero él y vos no van a estar juntos. Y no porque no quiera que tu cuento de hadas termine feliz, todo lo contrario, pero digamos que lo presiento...- 
Mi cara de tristeza te lo decía todo. Ademas estaba enojadisima con vos, por no creer en mi amor con él. ¿Acaso era la única que lo sabía? Al parecer sí. Entonces llegó tu propuesta:
-Hagamos un pacto. Acá. Ahora. Y no lo rompas por nada del mundo... ¿prometido?-
-Prometido.- 
-Sé que no te gusta contabilizar el tiempo en años, así que no va a importarte que el 2009 haya empezado hace rato... digamos que empieza hoy. Y digamos también que termina dentro de 365 días. Hoy es tu año nuevo. Hoy empieza un año donde vas a vivir sin tener el recuerdo de Mauro encima. Solo vas a relacionarte con él en caso de que te busque... y de ser así vas a olvidarte de toda culpa y vas a dejarte llevar. ¿Qué te parece?-
-Dentro de 365 días hablamos... de Mauro... de mí no te vas a librar tan fácilmente. Tu pacto me encantó. Y la facilidad que tiene mi inconsciente de traerte a mí en todo momento es increíble y estoy muy agradecida por ello. Después desapareciste y yo volví a mi vida. La culpa te la habías llevado con vos, vaya uno a saber donde, y estaba dispuesta a dejarme llevar. El 2009 recién había comenzado para mí, aunque estemos por empezar marzo... y si en un año no funcionaba, esa tortura iba a irse para siempre. Dejarme llevar... Por primera vez en mi vida no sabía lo que iba a sentir el día posterior, pero estaba segura de una cosa, iba a empezar con el pie derecho y la sonrisa a cuestas.