2013.
Empece este diario desde muy chiquita, pero no tuvo total importancia hasta el momento en que me enamoré, quizás ahora parece nimio pero en ese momento que un simple chico me corte la respiración me cambio la vida. Y cuando la vida que conocemos cambia tenemos que hacer algo para sobrellevarlo. Yo encontré acá mi salvación, mi refugio y mi medicina. Quizás alguno de ustedes tengan otra manera, quizás vos que me lees necesitas música, o vos, que estas ahí alguna película que te haga reaccionar... un libro, un paseo en bici, salir a caminar, un abrazo o juntarse con amigos; todo, absolutamente todo lo que nos haga bien nos ayuda a sanar. Lo mío era escribir, no se si bien, no se si mal, escribir, entonces volver a respirar. Con los años mi receptor se mudo al cielo, entonces la angustia y el dolor no solo crecen sino que cambian de características. No solo es el amor el que te rompe el corazón, sino la falta de él. Y el amor llega de distintas maneras. Por ejemplo: a mí me faltaba el amor de un padre, me faltó toda la vida y no pude superarlo hasta que me lo dije. Siempre escondiendo ese dolor, creyendo que si no lo decía en voz alta no existía... por eso escribir no siempre me ayudaba. Cuando Facundo leyó mi diario quedó absolutamente maravillado. Al principio no eran cosas concretas, sino mas bien ideas, palabras sueltas que armaban algo oculto, queriendo decir todo no terminaba diciendo nada. Pero él fue paciente y me dio armas, armas que hoy en día me sirven y me ayudan. Hablar, chicos, no callarse, es lo mas sano que uno puede experimentar. De nada sirve guardar un dolor enorme, hay que decirlo, hay que sacarlo de encima porque de otra manera uno no se ayuda. No se cura.
Cuando empecé a aceptar que me faltaba un padre entendí que quizás por eso también buscaba desesperadamente el amor de alguien que no me quería (o sí, bueno, pero no de la manera que yo deseaba) y ahí empieza todo. Mauricio, Mauro, Agustín... tres de mis referentes. Tres personas completamente distintas y tres historias vividas de manera diferente. Mauricio era el que no, Mauro el que sí y Agustín el correspondido, pero igual falló. Todo falló. Y fallaba porque yo estaba callada. Porque en ese momento no fui capaz de dejarme conocer o hablar, no sé. La cuestión es que de tanto callar mi vida tomó el rumbo que no deseaba.
En el capitulo anterior les hablo de una promesa. Por lo tanto todo lo que se viene, como ya dije, es absolutamente fundamental. El año 2009 se llenó de cambios y van a conocer a una Guillermina equivocada, que hace todo completamente mal (ya entenderán el por qué) pero todos esos golpes son la consecuencia de un cambio de vida. Todos los días, desde el momento en que hice la promesa de dejarme llevar, me equivocaba en algo, pero esta vez, el error me ayuda para cambiar. Y cambiar también implica hablar. Ya había vaciado mi corazón, había sido sincera conmigo misma... me quedaba esperar. Y esperar al amor, muchas veces, es una estupidez. Hay que salir a buscarlo. Salir a amar, salir a buscar, salir a vivir. Porque si amas el tiempo no corre, el tiempo no resuelve, el tiempo no es protagonista. Somos nosotros los únicos que podemos decidir por nosotros. Pero me costó horrores y golpes entenderlo. El tiempo lo único que hace es pasar de largo, somos los que necesitamos agarrar el timón fuerte, y hacer de nuestra vida un viaje, donde estemos al mando. Y a eso vamos... ¿el final? Absolutamente feliz. Pero para eso tienen que leer... y esperar. Esperar acá si vale la pena. Vivir también.