miércoles, 3 de julio de 2013

Recordar a veces es morirse un poco.

2009.

Un sentimiento de vacío que no puedo eliminar, 
y al mismo tiempo un juego amoroso que bestialmente 
crece en mi pecho pero no lo puedo liberar.


Antes pensaba mucho en la muerte. Me preguntaba cosas. Me gustaba imaginar dónde estabas, qué hacías, o si por casualidad la muerte era genial y te habían concedido poderes mágicos. Me ponía contenta al pensar que al fin habías respondido a todas tus preguntas, quizás hasta habías encontrado a tu familia... 
Cuando pensaba eso no podía verlo como algo malo. Era la opción que te hacía feliz, la que llenaba el vacío. Pero si lo veía de otra manera... ¿ahora como hacía para llenar el mío? Digamos que tu muerte hizo eso. Me renovó el carnet del club de los solitarios. 
Soy una socia vitalicia de ese club. A veces por elección, otras no. A veces porque no estas, a veces porque yo no estoy. Hago las elecciones equivocadas, y la consecuencia principal de eso es la soledad. Yo se que vas a enojarte demasiado mientras escuches esto, pero es lo que siento. Estoy sola en este momento. Y la verdad es que no puedo. Sola no puedo. 
Hace unos meses deje a mi novio. Lo deje porque ya no lo amaba. Porque yo lo estaba destruyendo. Ahora que no esta, ahora que no tengo nada para romper, lo necesito. Lo necesito porque no quiero estar sola. Y estar sola es un riesgo que no quiero correr. No por ahora. Conozco a una sola persona capaz de curar ese dolor, pero no puedo acercarme. No cuando lo arruiné. Es mi hobby. Romper corazones. El mío, sobretodo. 
Mi vida, la que parecía al fin estabilizada, dio un giro de 180° y me encontré de nuevo sola, otra vez creando vínculos, otra vez necesitando alguien con quien hablar. 
En un colegio nuevo lo habitual y lo mas sensato es aprender de mis pares, hacer nuevos amigos, buscar nuevos refugios para sanar... sin embargo yo prefiero la otra opción, la buena conocida: vos. Se que estas del otro lado, lo se porque te siento cerca, conmigo. Lo se porque me lo prometiste y porque sos mi aliado. El que me mantiene a salvo, el que me guía. Sé que hice una promesa, y trato de mantenerla todos los días, aunque me cueste horrores. Y también se que por algo es. ¿Pero de verdad necesito estar sola? ¿Qué gano? Siento que no soy nada si no tengo un abrazo, una caricia, una mano de donde sujetarme. Aunque esa mano no sea la indicada, aunque no me haga sentir nada nuevo, aunque no me haga feliz. 
Tengo claro que si se entera de estas cosas va a odiarme. Se que no merece toda mi confusión, pero también considero que todo fue un 50 y un 50. Ninguno de los dos es mas culpable que el otro, ninguno de los dos fue menos hiriente. Nos lastimamos. Nos deterioramos. Pero también nos hacíamos compañía. Se que es una locura, que es retroceder diez mil casilleros, pero no soporto estar sola. No puedo verme sin un abrazo, sin una palabra de aliento, que se yo... tal vez haya otra manera... tal vez no tenga que recurrir a mi pasado. Quizás esta vez necesite otra cosa. Necesite una distracción. 
Y a eso voy. 




No hay comentarios: