miércoles, 2 de octubre de 2013

3 de Octubre



"Y vamos a estar juntos en todo, pase lo que pase. Porque sino, quien va a estar al lado tuyo para recordarte lo que vales y lo que sos cuando haces oídos sordos y perdes la razón. Acordate Gui, cuando dejes de creer en vos misma yo voy a estar ahí para recordarte lo mucho que te adoro y que te quiero justamente por todos esos motivos que vos te olvidas constantemente. "
Facundo.




Me acuerdo de tu último cumpleaños como si fuera hoy. Esa inquietud que me provocaba estar solo con vos, esa mezcla de felicidad y tristeza que sentía, compartiendo ese momento único que sabía, se nos iba de las manos. Me acuerdo perfectamente lo difícil que era mantenerme contenta porque sentía que cada cosa que hacíamos podía ser la última vez. íbamos a cantar por última vez, te ibas a reír de mi voz por última vez, y yo te iba a pegar un correctivo en la frente por reírte de mí, quizás por última vez. También podía ser nuestra última cerveza, mientras sonaba Gustavo Cerati de fondo con sus colores santos. La última torta que te incendie para tu cumpleaños. La última vez que pidamos tres deseos cada uno, mirando al cielo... porque una vez te dije que era injusto que te den tres deseos solos, entonces sonreíste, me miraste y me dijiste que a partir de ese momento iban a ser siete, tres tuyos, tres míos y uno al cielo. Siete deseos, como deberían tener todos. La última vez que pidamos deseos juntos. El último cumpleaños. Y así fue. Te habían declarado una enfermedad terminal unos meses antes y vos estabas decidido a no empezar un tratamiento. 19 años. Toda una vida por delante. Y sin embargo no la querías. Recuerdo que te veía como un ser egoísta. Cada vez que te internaban e íbamos a verte al hospital, yo sentía que tu comportamiento para con la vida era nefasto. Había tanta gente a tu alrededor luchando por vivir, y vos sin embargo desperdiciabas esa oportunidad. Ay, como te detestaba cuándo pensaba eso. Y te lo dije. Ese día. En tu cumpleaños. Te lo dije. ¿Te acordas que me respondiste?
-Pensalo de esta manera: estoy perdiendo mi chance, sí. Puede ser. Pero se la estoy dejando libre a alguien que la merezca. A alguien que la valore mas. A alguna de esas personas que luchan por estar un día mas con su familia, viéndolos sonreír. 
-Es por eso, ¿no? Los extrañas tanto que no podes soportarlo... 
Pero no respondiste. Tal vez esa iba a ser la última pregunta que me dejes sin respuesta. O la primera de las tantas que vinieron después. Porque tu muerte me dejo eso: un universo de preguntas sin respuestas. Donde estaban las certezas, ya no había nada. Y por primera vez en mi vida, desobedecí un mandato tuyo. Te desobedecí. Me gustaba hacerlo. Te imaginaba desesperado, en el cielo (si es que existe) buscando alguna manera de comunicarme que lo que hacía estaba mal. Te imaginaba enviándome señales de alerta, y te imagine tanto en mi mente, que empece a encontrarlas. Fui ahí cuando me di cuenta que nunca te había desobedecido del todo... Esa tarde, ese 3 de octubre, yo te dije que me estabas dejando sola y vos te enojaste. 
-No tiene mucho sentido que te aferres a mí. Mas allá de este día, mas allá de todo, vos tenes una vida. Hermosa, nueva, que esta empezando. Tenes nuevos amigos. Y estas enamorada de dos hombres distintos así que tenes mucho con que lidiar... Los recuerdos que te van a quedar conmigo son hermosos y son nuestros, pero no se puede vivir de ellos. La felicidad necesita un empujoncito. Necesita certezas de tu parte, aunque sean pocas y chiquitas. Así que ahora que yo no voy a estar vos vas a tener que salir a vivir, porque yo ya no voy a poder decirte mas que tenes que hacer y qué no... de hecho hace bastante que no lo hago. Pero me vas a tener que prometer una cosa: no te aferres a la soledad. Es pésima compañera. 
Parecía ser que a mí la soledad me sentaba bien. Eramos grandes amigas. Tal es así que Soledad tenía un club y me hizo socia vitalicia. Pero en el fondo siempre supe que vos me tenías preparado algo mejor, algo épico y grande. Una compañía eterna. Tal vez es por lo que dijiste ese día, en tu último cumpleaños.
-Yo siento que estoy en deuda con vos. Y no importa cuántas cosas pasen y hagas, siempre voy a estar debiendote todo. 
-¿Vos a mí? Siempre pensé que era al revés.
-Gui, vos me salvaste. Aunque quizás vos hoy no lo veas de ese modo y no lo entiendas, vos me diste una vida plena. Desde que te conozco que aprendí el significado de muchas cosas, sobretodo de la amistad. Vos me diste eso. La posibilidad de ser el amigo de alguien, de estar ahí, de compartir todo... Antes de conocerte estaba solo. Tenía amigos, si, pero esos amigos de juntarse a jugar a la pelota o tomar una cerveza. Con ninguno de ellos podía hablar, "eso es de minita". En cambio con vos tuve esa posibilidad. Por eso quise compartir este día sólo con vos. Porque vos me diste el mejor regalo de todos: una muerte digna. Y no importa lo que pase después de hoy, voy a atravesar cielo y tierra para devolverte, aunque sea una parte, de todo lo que vos me diste. 
Fue entonces que después de un tiempo empecé a escucharte. Y fue tu voz la que me guió en el camino. Pueden creer que estoy loca y la verdad es que no importa, porque cuando alguien a quien vos queres se va intentas conservarlo con todo. Donde sea que mirara estabas vos. Si prestaba atención entonces podía escucharte. Cada vez que estaba perdida, sola, triste, vacía, ahí aparecías vos, y tus palabras me sanaban. Ayudándome  incluso después de haberte ido. 
Hoy es tu cumpleaños. Pero ya no estas para festejarlo junto conmigo. Te fuiste al lugar de tus sueños y tus pesadillas. Te fuiste a buscar un lugar mejor. Uno donde tu sonrisa sea plena y constante. Te fuiste porque necesitabas ser feliz junto a las personas que mas querías en el mundo. Te fuiste, pero no me dejaste. Hoy siento que, en realidad, vos me diste el mejor regalo del mundo: pasos. Míos. Esos pasos que creía perdidos y que al no tenerlos, no me permitían avanzar. Me diste armas para moverme y así dejar de estar sola. No me va a alcanzar jamás el mundo para agradecerte todo. En lugar de eso voy a darme una vida plena, voy a tratar de superar los obstáculos como vos hubieses querido. Voy a caerme, pero también a levantarme. Te lo mereces y me lo merezco. Por eso levanto una copa al cielo y corto un pedazo de torta incendiada y me río de felicidad con cada uno de nuestros recuerdos y continuo escribiendo, porque escribir también es una forma de tenerte cerca. ¡Feliz cumpleaños, mi cielo! 







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