viernes, 10 de enero de 2014

Río color sepia.



 Antes:

-¿Estás ahí?
-Sí, claro que sí. ¿Pasó algo?- Siempre te hacía lo mismo. Siempre te ponía esa voz que utilizaba para preocuparte, mi voz tenebrosa. Apagada. Totalmente triste. Y no importaba si realmente estaba triste o no. Lo único que buscaba era tu preocupación. Quizá para sentirme menos sola.
-Te extraño.-
-¿Querés venir?-
-No tengo muchas ganas de caminar.-
-Bueno, cambiate. En un ratito te paso a buscar y salimos a dar una vuelta. Hay un lugar que quiero que veas.


Ese día me llevaste al río. Lo recuerdo con un tono bastante sepia, quizás porque un poco se tiñó con el tiempo. O porque era realmente así. El cielo, en cambio, tenía colores muy vivos. Amarillo, celeste y rosa pastel. Es el día de hoy, cuando miro el cielo y lo encuentro así, que me siento en ese día. Los pelos al viento, las calles angostas, la vegetación y por fin, después de unos cuantos kilómetros y mucho camino sinuoso, ahí estaba, ostentando y regalándonos todo su esplendor, el río. 

-Cuando me dijiste que me pasabas a buscar en realidad me imagine que venías en el auto.
-Sería una picardia perderse todo esto por venir en auto. Ademas, sería imposible pasar por acá. Las bicicletas son una mejor opción. En realidad son la opción adecuada. 

Llegamos a la orilla. O no. Era difícil definir el limite, porque estaba todo demasiado cerca de todo y eso me parecía extraordinario. Se parecía mucho a la playa virgen de Villa Gesell. Aunque esto era río, no mar, seguía siendo igual de hermoso. Y recuerdo mucho tu cara ese día. Satisfecha. Como si hubieses demostrado algo que necesitabas hace mucho. Como si hubieses cumplido un objetivo. Recuerdo mucho tu sonrisa y eso me llena el alma de satisfacción a mí. Ese placer increíble de tenerte tan vivo dentro mio. 

-¿Por qué querías traerme acá? ¿Qué hay de increíble en este lugar ademas de la obviedad del paisaje?
-Me gusta este lugar y me gustaría también que dejes de ver a la belleza del lugar como una obviedad y empieces a respetarla y observarla. ¿Sabes cuántos kilómetros hicimos en bici desde tu casa hasta acá? Poquísimos. ¿Sabes que quiere decir eso? 
-No.
-Que cuando te falte algo, cuando necesites aire puro, cuando quieras ver algo un poco menos cotidiano o simplemente no encuentres respuestas, podes hacer lo que hicimos hoy y venir acá y encontrarlas. Va a ser como un mini viaje en el tiempo. Y ademas un viaje muy corto, porque no estas tan lejos de tu hogar. Aunque este también podría serlo un ratito.
-O sea... lo que queres decir es que cuando vos no estés más yo voy a poder venir acá e invocarte. ¿Algo así?
-También deberías dejar de relacionar todo con la muerte.



Ahora:

Ahora voy mucho al río. Voy a mirar el cielo, porque se pierde mucho la perspectiva desde ahí y todo se funde en el mismo lugar. Ademas, los colores que se perciben son soñados. También te invoco. Te cuento. Te siento. Te charlo. Te suelto. Porque debo hacerlo. De a poco, aunque cueste. Aunque un poco también duela.
Tenías razón. Como siempre. Tenías razón cuando me decías todo lo que me decías. Y tenías razón con la muerte, tengo que dejar de traerla hacía mí.  Lo cierto es que últimamente me siento mucho mas viva, creo que si me llamarías ahora por teléfono mi tono de voz ya no sería de ultra tumba y te maravillaría escucharlo tan vivo, tan alegre. Tampoco te ilusiones, alegre comparado con el de antes, pero sigue siendo un poco oscuro. Al fin y al cabo hay cosas que no van a cambiar nunca... El tiempo, al contrario, sigue su curso. Acá, en la tierra, empezó un nuevo año. Uno más sin vos. Para no perder la costumbre yo deje de lado las promesas iniciales que nunca voy a cumplir y busque objetivos mas terrenales y mas míos. Por supuesto que no voy a decirlos en voz alta ¡no se cumplen sino! No te extraño ni menos ni más. Ni te pienso menos que antes ni más que antes (aunque mucha gente dice que ahora me animo a hablarte más, que se yo) simplemente te mantengo cerca mío, aun sabiendo que esta un poco mal. Que me aprovecho bastante de ese espacio solitario que dejaste y que yo misma me impido llenar. Hice muchos avances igual, al menos los hice desde que me dejaste, allá por el 2007. Hay cosas que siguen estando, como mi exageración constante que tanto te divertida y mis cambios de humor repentinos. Esos silencios eternos que te hacia cuando algo me hacia enojar. A aplaudir como la gente, por ejemplo, todavía no aprendí. Tampoco puedo dejar de admirar cosas pequeñas y cielos, un poco porque te siento ahí.  
Y no puedo, ni quiero, cerrar estas cosas. No se que voy a hacer el día que deje de escribir, supongo que ahí vas a irte del todo. Un poco este diario es lo que me une a vos. Hacerlo público es lo que me aleja. Si puedo decirte que voy a terminarlo. Y lo digo públicamente así siento de cerca la presión de cumplirlo. Voy a dar mi brazo a torcer y prometerte terminar este libro. Tu libro, el que tanto anhelabas y ansiabas leer. Nuestra historia. La mía. La tuya. Y voy a imaginarte (igual que ahora) leyendo por encima de mi hombro cada vez que lo lea. Imaginarte en cada persona que se acerque a él, como una especie de hado madrino personal, que empuja a los demás a conocerme con mis palabras. Porque todos van a tener siempre algo que decir de uno, pero la posibilidad de escucharlo de si mismo, muy pocos. Y yo quiero darte ese regalo que nunca pude. Dejar fluir mi voz, de la mano de la tuya. Fusionadas en una amistad eterna, sin horizontes, igual que el río, lleno de sepia.


Siempre:


-¿Te gustó?
-Sí, claro. Se parece un poco al mar, pero con menos movimiento. Igual desde acá, con toda esta magia, se aprecia muchísimo más. 
-Si, eso es cierto. Un regalo hermoso. 
-Facu...
-Decime, enano.
-¿Vos crees que las personas, cuando se van, se van realmente o hay alguna posibilidad de que se mantengan cerca?
-Yo creo que si uno quiere mucho a alguien y ese alguien también te quiere, pero se va, nada, no importa cuán fuerte o sentenciante parezca, puede romper ese hilo que une sus almas. No hay forma. Ya hay algo destinado a unirse. Y no importa lo que hagas, ni a donde vayas, ni en que te transformes... eso que te unió una vez, te une siempre. Es un poco como el río, ¿ves? ¿allá? en el horizonte... ¿qué hay? Y vos miras y decís: nada. Y en realidad siempre hay más, siempre te une con algo. Siempre el río se funde en el cielo, se encuentra con el mar o llega a una orilla. Al igual que vos y tu alma, siempre van a encontrarse con algo más, con alguien más. Un nuevo amigo, un sueño, una posibilidad, un viaje o un alma parecida, que no pueda despegarse de la tuya. 
-Hasta ser una... 
-¿Te diste cuenta que el ambiente tiene un color marrón, clarito, no muy fuerte... sepia?
-Tenes razón, no hay forma de que esto se pierda. Nosotros estamos destinados a ser amigos para siempre. 


Y tu sonrisa, radiante, hermosa, torcida, le dio fin a esa época de andar descalzos, sintiéndolo todo. Nunca más volví con vos al río. Nunca más vimos el mar juntos. Fue una tarde de verano como tantas otras, con las mismas charlas de distinto contenido, pero que marcó una época. Un antes y un después. Nunca más volví al río con vos, pero siempre que vuelvo te llevo. Donde sea que haya agua, te llevo. Y me doy un chapuzon en tus recuerdos. Me sumerjo un poco en tus ojos negros y me parece que no voy a perderte nunca si conservo tus pupilas, siempre alertas, siempre inquietas. Tengo muchas cosas de vos que quiero guardarme, pero con el tiempo se van yendo. Basta volver al agua para tenerte cerca. Volver a verte otra vez marrón sepia, bañado de recuerdos, con ese lunar que te hacia reconocible como Facu. Siempre tan confidente, tan oído, tan amigo. Tan abrazo, tan lunar, tan río. Tan vos. Sepia.













No hay comentarios: