viernes, 4 de abril de 2014
Película de terror (parte II): "La esperanza es lo único que se pierde"
Sí, así es. La esperanza, según dicen, se pierde a ultima hora, la esperanza resiste a todo. Al rechazo, a las vueltas, a las idas y venidas. No importa lo que pase, la esperanza sigue ahí, contra viento y marea, empujándonos para caminar, sea como sea, hacia delante. Siempre. Pero en mi caso no es así. Yo detesto a la esperanza. Sí, trátenme de loca, pero la detesto. La esperanza me parece absurda. Así, que cuando la siento venir, me doy media vuelta y me escondo. No necesito esperanza, no la quiero. La esperanza es lo único que yo no quiero.
-Cuando no se tiene más nada, es necesaria. Sobretodo en personas como vos.
-¿Qué haces ahí todavía? Pensé que los fantasmas huían despavoridos después de derramar su ultima palabra. Ademas, ¿qué queres decir con eso de "persona como vos"?
-Ingenua. Negadora. Emm... No, creo que con eso me basta.
-¿Ingenua? ¿Por qué lo decís?
-Vos sabes perfectamente por qué lo digo. Contame de que hablaste... Al menos te atendió, eso es un paso.
-No sólo me atendió, sino que arreglamos para vernos este verano, en la costa.
-¿Cuándo te vas de vacaciones?
-Fines de enero.
-¿Y estamos en...?
-¡No rompas las bolas, Facundo!
-Lo que yo decía: negadora.
Silencio. No porque sea negadora, para nada, sino porque creo que si hago silencio vos te vas a ir de nuevo, como deberías haber hecho. No se porque te empeñas en aparecerte. Mi vida no esta tan mal después de todo. De hecho esta retomando su camino. El que siempre quise y siempre soñé.
-Yo lamento muchísimo tener que venir siempre y demostrarte lo equivocada que estas, pero estando en pleno diciembre y viviendo a 15 minutos en colectivos, ¿no es más fácil encontrarse acá? Que se yo, ir a caminar, tomar un café, pasear por una plaza... algo. No. Hay que esperar al verano. Hay que esperar a estar en el mismo lugar, en el mismo momento... es patético. Y eso hasta en las películas sale mal. Ademas ¿vos no te ibas a Villa Gesell?
-¿Y?
-Que él esta en San Bernardo...
-Ya se.
-Ah, allá esta permitido tomarse un bondi... ¿Qué onda?
-Voy a trasladar mis vacaciones allá. Mis amigas querían irse a San Bernardo, yo fui la que se negaba, y como era la única que organizaba, conseguí casa en Gesell. Pero así como conseguí ahí, puedo encontrar una en otro lado. Es fácil. Y dado que querían ir allá desde un principio no creo que vayan a oponerse.
-¿Y en medio de la conversación vos planeaste todo eso? ¿Sabes que podrías emplear esa energía en algo mas interesante, no?
-¡No te entiendo! Siempre odiaste a Mauricio y quisiste a Mauro. Ahora que por fin me doy cuenta que quiero estar con él y pongo toda mi energía en eso, venís y me saboteas todos los planes. ¡No tiene sentido!
-No te saboteo los planes. Te abro los ojos. Pasaron cinco años desde ese momento. Y no solo eso, porque muchas veces el tiempo no cuenta... sino que ademas de años, pasaron cosas, pasaron personas, pasaron aprendizajes... Crecieron. Y que vos te hayas dado cuenta ahora de que lo queres, no significa que él este ahí, no quiere decir que estén parados en el mismo lugar. Lo que me preocupa es que no estas pensando en la decepción.
-¡Pero no te das cuenta! Me llamó. Me llamó a mí. A esta hora. Seguramente porque tomó todo el aire que necesitaba y se dio cuenta, como me di cuenta yo, de que no podemos estar separados. Es simple. ¿Sino por qué me llamaría para coordinar vacaciones?
-Supongo que vas a tener que irte a San Bernardo y averiguarlo.
Y ahí sí desapareciste. Definitivamente. Te busqué entre dormida y no te encontré. Ni tu olor, ni la sensación en ningún lado. Yo, que no poseo nada de esperanza, en ese momento quise tenerla toda. Quise ser como esas chicas que se lanzan con los ojos cerrados a los brazos de su amado en las películas y les resulta perfectamente bien. Pero me había olvidado de un detalle. Yo no era esa. No era la chica perfecta, no tenia la sonrisa blanca y los dientes perfectamente acomodados, ni el cuerpo escultural, ni la personalidad despampanante. De hecho, después de cinco años, tampoco tenía mucha sorpresa para ofrecerle. Estaba mas rota que antes, tenia mas cicatrices y mas mañas. Había encontrado una manera de amar y estaba buscándolo a él. Pero no a el Mauro de 20. Sino al de 15. A ese que yo conocí, a ese que yo no supe amar, a ese que era inocente y hablaba poco. Que tenía el pelo lacio y largo. Y brazos inmensos donde yo me acurrucaba. Estaba yendo en busca de mi novio de la adolescencia, cuando la adolescencia estaba empleando la vuelta de nuestras vidas e ingresábamos a otro mundo. Al mundo donde las fantasías empezaban a desaparecer y las historias de amor que creíamos se nos iban de las manos. Como se nos iba todo, para darle lugar a lo nuevo. Seguramente todo eso era lo que vos tenías para decirme (y por qué no, advertirme) pero yo no quise. Era más fácil creer que había llegado el final, que la historia había terminado... Que estupidez tan grande. Y que miedo tan enorme me agarra ahora, mientras escribo estas palabras y espero a que llegue el verano. No había tenido miedo hasta ahora. No había temido para nada. Pero ahora se aproxima la fecha y no se por qué... tengo mas miedo que nunca.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario