Era deprimente darse cuenta de que yo no era la heroína,
que la historia habia terminado.
Mis amigas me llaman de nuevo. Están un poco preocupadas con mi comportamiento, sobretodo porque paso la mayor parte del día pegada al celular, esperando una respuesta. Un saludo. Una explicación... No, espero un punto de encuentro. El punto cardinal en el mapa que me lleve hasta vos. No se donde estas exactamente. Se que es el mismo lugar donde estoy yo, pero aun así no te encuentro. Hace dos días que llegue a San Bernardo y todavía no tengo noticias tuyas. Hace dos semanas que no tengo novedades tuyas. Eso no es normal. Pero aun así, sigo, vivo mis vacaciones como si fueran una fiesta, porque mis amigas se lo merecen y porque ya vas a responderme...
Cuando el sol cae y el viento empieza a atacar en la playa, emprendemos la caminata hacia el departamento. Ayer compramos muchas cosas en el disco que esta en el centro, así que estoy tranquila. Se que mi corazón va a estar alterado, pero al menos voy a ahogar mis pensamientos. Y reteniendo esa necesidad de alcohol, entro a la ducha. Las gotas de agua pegan directamente en mi cara y yo me dejo atacar sin quejarme, porque todo mi accionar nuevo reacciona así, por inercia pura. Ya no se quien soy, ni como me llamo. Solo se que estoy esperando que me llames o me mandes un mensaje. Se que de vos se trata mi vida, lo demás es pura escenografía.
Me cambio, como algo y salgo. No tengo hambre, por supuesto, pero las chicas me obligan, objetando que si no como, tampoco voy a tomar nada en toda la noche. Las miro con ternura y obedezco, no porque le tema a su amenaza, sino por esforzarse en hacerlo creer. No se a dónde vamos porque me dejo llevar. Tengo un vaso de margarita en la mano. Todo es tan veraniego...
Llegamos a la casa de unos amigos de Caro. Es un duplex. Hay mucha gente en la puerta. Miro para todos lados, porque ya se como voy a terminar así que necesito grabar todo en mi mente para tener una mejor ubicación a futuro, por cualquier cosa. Entonces pasa lo increíble: empiezo a tener visiones. Sí, visiones. Me parece ver a uno de tus amigos asomado a la ventana. Me doy cuenta que necesito frenar con el alcohol, pero no puedo.
Adentro hay mas alcohol y mas margarita. Preparo una jarra, ya la necesito. Necesito callar mis pensamientos. Pero a la vez tengo que actuar como una persona normal así que me meto en la conversación que están manteniendo mis amigas con los anfitriones. Hablan de los vecinos de en frente (los separa un patio) así que hago la típica pregunta:
-¿Los conocen?
-Hablamos con un par. Son de Quilmes. Cerca de Jumbo.
No puede ser. O yo estoy muy borracha o todo empieza a coincidir. Veo que están sentados, tomando algo afuera, salgo a la puerta con mi jarra de margaritas y empiezo a visualizarte... Sos vos, estoy segura. Aunque no se puede estar muy seguro después de todo lo que vengo consumiendo. Planeo quedarme ahí hasta descubrirlo, aunque sea muy obvia, aunque me muestre desesperada. Enciendo un cigarrillo. Tomo un trago. Andi sale a ver como estoy, como me siento. Le digo que estoy bien y sonríe. Ella también esta borracha. Quizás mas que yo. Le cuento mi presentimiento y me sugiere que te llame. Si suena un celular en la casa en ese momento es muy probable que seas vos. Pero tengo miedo. Mucho. Tengo mucho miedo de que seas vos, porque siento que vos si deberías haberme reconocido. Y si no te acercaste, es por algo.
Verano. Verano de noche. Las estrellas brillan en el cielo. La luna muestra todo su esplendor. El clima es perfecto. Una leve brisa no permite que los cuerpos se calienten. Verano y todas las noches que pasamos al teléfono, riéndonos juntos. Esos besos apresurados en las paradas de colectivo. Verano. Y las noches calurosas que salíamos a bailar y lo único que hacíamos era hablar durante horas, tratando de recuperar ese tiempo que perdimos al apurarnos.
El verano sos vos. No hay otra manera de identificarlo. Sos vos y todos los recuerdos que me vienen constantemente a la mente. Y también sos vos el que esta en ese balcón. Que me mira. Me reconoce. Pero no sonríe. No baja. No me estruja en su abrazo. Simplemente te limitas a saludarme con la mano. Y veo perfectamente como tus cinco dedos se mueven sincronizados en ese saludo. Pero no hay más que eso. ¿Por qué no hay más que eso, Mauro? ¿Qué esta pasando? ¿Cómo puede ser posible? Si hace unos días atrás estábamos haciendo arreglos y planes para pasar estas vacaciones juntos... ¿Cómo puede ser? Si vos eras mi príncipe y yo tu princesa. Encajábamos en todas las historias y podíamos darle una vuelta de tuerca a todos los destinos. Estábamos destinados a estar juntos... y ahora ni siquiera podes bajar a darme un abrazo. Sólo uno.
Destapo otra cerveza y lo veo todo. Me creía una princesa digna de un cuento de hadas. O la protagonista de una historia de amor. Pero no lo era. Solo soy una princesa falsa con un vaso de alcohol en la mano, sin corona, sin reino. Sin destino. Soy una princesa cobarde, de esas que nunca cobran protagonismo por miedosa. Tengo miedo a ahogarme, a herirme, a amarte. No tengo nada, solo una botella que se esta vaciando. Luego vendrá otra y otra más. Y así va a terminar la noche. Solo una chica con un vaso en la mano, borracha, riendo a carcajadas ruidosas, mientras por dentro se abre una herida, que la va consumiendo lentamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario