sábado, 14 de junio de 2014

La mano también sirve para soltar.



-¿Cómo estas? Ademas de ebria, claro...
-¿Viniste a reírte de mí? ¿A corroborar todas tus pelotudeces? Tenías razón, ¿estas contento ahora? 
-Deja de pensar un minuto en que soy un forro y respondeme lo que te estoy preguntando.
-Ya sabes como estoy. ¿O no me ves? 



Siempre me costó pensar en vos como alguien malo, hiriente. Salvo en algunas excepciones, porque enojarme con vos era mucho más fácil que enfrentar al resto... Entonces, como vos eras el único que se animaba a plantarme la realidad en la cara, eras el primero con el que yo me enojaba cuando mis ilusiones se destrozaban y aparecía la realidad. La misma realidad que vos me habías mostrado.


-No es necesario que hagas un drama. De verdad. Pero tenes razón, si estoy acá (otra vez) es porque sé como estas. Se que dije que no iba a intervenir más, pero es difícil, sobre todo viendo como te comportas.
-Ah, no podes parar un minuto, sos increíble. 
-Vine porque me dí cuenta de que necesitabas un amigo... ¿Me equivoco?
-Evidentemente nunca te equivocas. ¡No me habla! ¿Vos podes creer eso? ¿Qué no me hable? ¿Me explicas que mierda significa toda la pedorrada que hablamos por teléfono hace unos meses? ¿Me explicas que carajo hago acá?
-Vivis. Por primera vez en tu vida, atravesaste tus propios limites y te animaste a vivir. No le veo nada de malo a eso. Ademas, sirve un poco para remodelar ese mundo perfecto que te armaste en tu cabeza.


Y otra vez teniendo razón... Sí, me había armado un mundo ideal. Me había imaginado, solamente con 19 años, toda mi vida. Sin dejarle lugar a nada externo. Iba a ser feliz y no solo eso, sino que iba a ser feliz con el hombre que amaba. Que había amado desde hacia cinco años, pero que jamás me había permitido admitir por miedo a romperlo. Y la verdad es que no me di cuenta de que lo había destruido hacia muchos años. 

¿Cuándo fue? ¿Fue cuándo te deje plantado en Jumbo esas mil horas? ¿O cuándo te hice mi primer escena ridícula de celos? ¿Fue cuándo te pedí un tiempo y después volví interminables veces a tus brazos porque no sabía como vivir sin vos? ¿O la vez que te busque, una y otra vez, porque estabas con otra chica y yo no podía aguantar ver como le decías a otra las cosas que creía que me tenías que decir a mí? O muuuucho después, cuando crecimos, cuando tomamos otros caminos y yo empece a alejarme de mí misma. Porque si fue en ese momento, puedo explicarte, puedo contarte como fueron las cosas, qué me pasó, qué sentí y cómo me asuste. Fue ahí ¿no? Cuando tuve miedo. No. Yo sé perfectamente cuándo dejaste de quererme. 


-¿Cuándo?
-El año pasado. Cuando le dije que era lo más lindo y dulce que me había pasado. Cuando lo mire con esa cara de estúpida enamorada y le confirme que estaba loca de la cabeza, que era una histérica que iba a volverlo loco si seguía permitiéndome entrar en su vida y manejarla como a mi se me ocurría.
-Yo creo que el único que puede darte esa respuesta es él.
-Hace una semana que no me habla. Estoy acá, borracha, sentada en la puerta de su casa de verano y aún así hace de cuenta que no existo y simplemente no me habla. Ni siquiera un mensaje que diga "no me jodas más". Ni siquiera eso.


¿Cuándo dejaste de quererme? Creo que nunca voy a saberlo. Creo que no voy a ponerle nombre al silencio. Ni voy a encontrar una respuesta adecuada, ni un momento especifico. 


-¿Te puedo hacer una pregunta de esas que odias?
-Y sí, más no me vas a lastimar.
-¿Cómo estas tan segura de que él te quería de esa manera?
-Auch. 
-Bueno, yo te lo advertí. Pero de verdad, pensalo. Esta viendo tu mayor miseria, porque creeme, fue bastante miserable el hecho de que estes de vacaciones y vivas pendiente de él...
-¿Por qué eramos amigos vos y yo?
-Jajaja, porque soy sincero. ¡Pero escuchame! La primera vez que te vio ni siquiera bajó a saludarte. Le mandaste un sms
-¡Qué me respondió!
-Si, para después cruzarte en la calle y no saludarte. No una, sino cada una de las veces... ¿Cuántas llamadas perdidas le dejaste?
-Perdí la cuenta.
-¿Y no te parece raro que cuando te iluminaste y bloqueaste tu número para que le salga "desconocido" si te atendiera? 
-Sí. Muy. 
-¿Entonces?
-Entonces nada. Él no es así. ¿Por qué yo lo amaba a Mauro? ¡Porque Mauro es un caballero!
-¿Segura que era por eso? No sería que vos, en tu afán de idealizarlo, le ponías virtudes de una persona ideal que no existía o simplemente creías que conservaba su inocencia y buena voluntad de los 15 años... 
-Sí, puede ser.



Hay que tener mucho, pero muchísimo cuidado, con el versito del amor eterno. Porque muchas veces podemos aferrarnos a ese deseo, a esa ilusión y por ende, no ser capaces de aceptar que la realidad es otra cosa. Y que muchas veces el amor es eterno, sí, mientras dura. 

-¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?
-Llamalo y decile que queres verlo. Pero primero toma un cafe y deja que se te pase el pedo, sos un desastre de persona cuando estas borracha.
-Me caes muy mal, Facundo.
-Sí, lo se. Y me encanta. 

sábado, 7 de junio de 2014

El amor no es una ciencia exacta.

Era deprimente darse cuenta de que yo no era la heroína,
que la historia habia terminado. 



Verano. La piel quemándose. Verano. El ruido de las olas en la orilla. Verano. La espuma del mar me llega a los pies. Verano y el recuerdo de nuestro primer beso. Nervios, latidos descontrolados. Vos. Y el verano. 

Mis amigas me llaman de nuevo. Están un poco preocupadas con mi comportamiento, sobretodo porque paso la mayor parte del día pegada al celular, esperando una respuesta. Un saludo. Una explicación... No, espero un punto de encuentro. El punto cardinal en el mapa que me lleve hasta vos. No se donde estas exactamente. Se que es el mismo lugar donde estoy yo, pero aun así no te encuentro. Hace dos días que llegue a San Bernardo y todavía no tengo noticias tuyas. Hace dos semanas que no tengo novedades tuyas. Eso no es normal. Pero aun así, sigo, vivo mis vacaciones como si fueran una fiesta, porque mis amigas se lo merecen y porque ya vas a responderme...

Cuando el sol cae y el viento empieza a atacar en la playa, emprendemos la caminata hacia el departamento. Ayer compramos muchas cosas en el disco que esta en el centro, así que estoy tranquila. Se que mi corazón va a estar alterado, pero al menos voy a ahogar mis pensamientos. Y reteniendo esa necesidad de alcohol, entro a la ducha. Las gotas de agua pegan directamente en mi cara y yo me dejo atacar sin quejarme, porque todo mi accionar nuevo reacciona así, por inercia pura. Ya no se quien soy, ni como me llamo. Solo se que estoy esperando que me llames o me mandes un mensaje. Se que de vos se trata mi vida, lo demás es pura escenografía.

Me cambio, como algo y salgo. No tengo hambre, por supuesto, pero las chicas me obligan, objetando que si no como, tampoco voy a tomar nada en toda la noche. Las miro con ternura y obedezco, no porque le tema a su amenaza, sino por esforzarse en hacerlo creer. No se a dónde vamos porque me dejo llevar. Tengo un vaso de margarita en la mano. Todo es tan veraniego... 
Llegamos a la casa de unos amigos de Caro. Es un duplex. Hay mucha gente en la puerta. Miro para todos lados, porque ya se como voy a terminar así que necesito grabar todo en mi mente para tener una mejor ubicación a futuro, por cualquier cosa. Entonces pasa lo increíble: empiezo a tener visiones. Sí, visiones. Me parece ver a uno de tus amigos asomado a la ventana. Me doy cuenta que necesito frenar con el alcohol, pero no puedo.
Adentro hay mas alcohol y mas margarita. Preparo una jarra, ya la necesito. Necesito callar mis pensamientos. Pero a la vez tengo que actuar como una persona normal así que me meto en la conversación que están manteniendo mis amigas con los anfitriones. Hablan de los vecinos de en frente (los separa un patio) así que hago la típica pregunta:
-¿Los conocen?
-Hablamos con un par. Son de Quilmes. Cerca de Jumbo. 
No puede ser. O yo estoy muy borracha o todo empieza a coincidir. Veo que están sentados, tomando algo afuera, salgo a la puerta con mi jarra de margaritas y empiezo a visualizarte... Sos vos, estoy segura. Aunque no se puede estar muy seguro después de todo lo que vengo consumiendo. Planeo quedarme ahí hasta descubrirlo, aunque sea muy obvia, aunque me muestre desesperada. Enciendo un cigarrillo. Tomo un trago. Andi sale a ver como estoy, como me siento. Le digo que estoy bien y sonríe. Ella también esta borracha. Quizás mas que yo. Le cuento mi presentimiento y me sugiere que te llame. Si suena un celular en la casa en ese momento es muy probable que seas vos. Pero tengo miedo. Mucho. Tengo mucho miedo de que seas vos, porque siento que vos si deberías haberme reconocido. Y si no te acercaste, es por algo.

Verano. Verano de noche. Las estrellas brillan en el cielo. La luna muestra todo su esplendor. El clima es perfecto. Una leve brisa no permite que los cuerpos se calienten. Verano y todas las noches que pasamos al teléfono, riéndonos juntos. Esos besos apresurados en las paradas de colectivo. Verano. Y las noches calurosas que salíamos a bailar y lo único que hacíamos era hablar durante horas, tratando de recuperar ese tiempo que perdimos al apurarnos. 

El verano sos vos. No hay otra manera de identificarlo. Sos vos y todos los recuerdos que me vienen constantemente a la mente. Y también sos vos el que esta en ese balcón. Que me mira. Me reconoce. Pero no sonríe. No baja. No me estruja en su abrazo. Simplemente te limitas a saludarme con la mano. Y veo perfectamente como tus cinco dedos se mueven sincronizados en ese saludo. Pero no hay más que eso. ¿Por qué no hay más que eso, Mauro? ¿Qué esta pasando? ¿Cómo puede ser posible? Si hace unos días atrás estábamos haciendo arreglos y planes para pasar estas vacaciones juntos... ¿Cómo puede ser? Si vos eras mi príncipe y yo tu princesa. Encajábamos en todas las historias y podíamos darle una vuelta de tuerca a todos los destinos. Estábamos destinados a estar juntos... y ahora ni siquiera podes bajar a darme un abrazo. Sólo uno. 

Destapo otra cerveza y lo veo todo. Me creía una princesa digna de un cuento de hadas. O la protagonista de una historia de amor. Pero no lo era. Solo soy una princesa falsa con un vaso de alcohol en la mano, sin corona, sin reino. Sin destino. Soy una princesa cobarde, de esas que nunca cobran protagonismo por miedosa. Tengo miedo a ahogarme, a herirme, a amarte. No tengo nada, solo una botella que se esta vaciando. Luego vendrá otra y otra más. Y así va a terminar la noche. Solo una chica con un vaso en la mano, borracha, riendo a carcajadas ruidosas, mientras por dentro se abre una herida, que la va consumiendo lentamente.