lunes, 19 de enero de 2015

Verano 2010

Agarre las llaves y salí de la oficina, me estaban asfixiando tantas obligaciones, tantos llamados... tanta presencia tuya dando vueltas en mi cabeza. Camine durante varios minutos sin rumbo fijo, necesitaba huir de mis propios pensamientos,  de vos. Entonces me subí al primer colectivo que paso y cuando me senté en el único asiento que quedaba libre te encontré. Eras vos: Mauro. O no, no eras vos. Eras otra persona, tenias la misma cara, el mismo color de pelo y los ojos, dios santo, eran tan similares. Pero no me sonreías como vos, no me mirabas como me mirabas vos, no habías corrido a abrazarme como hubieras hecho vos.
Esto ya me había pasado varias veces, sobretodo en el verano del 2010, cuando ambos pisamos el mismo mar al mismo tiempo. Ya sabias esto, una mañana cuando llegue del bar te llame por teléfono, te extrañaba, porque era verano y el verano era nuestro, esa mañana al teléfono programamos dormir la siesta todos los días, salir juntos y emborracharnos, desayunar en la playa... una semana antes de mi viaje me desperté con una llamada perdida tuya, no lograste despertarme, pero no importaba, en una semana estaríamos juntos en el mar.
Ya en el viaje te empece a llenar de mensajes, estaba emocionada por el hecho de verte, de que seamos los mismos de siempre... pero no recibí respuesta alguna. "No importa, pensé, en cuanto llegue lo ubico en seguida". Así pasaron dos días, sin respuesta. Las chicas me ofrecían consuelos, me querían convencer de que quizás no tenias crédito o señal. Pero no, vos hubieras respondido siempre, sin crédito, sin señal, sin batería, siempre. De eso se trataba, de estar juntos sin importar las cosas que se nos presentaran en el medio, hacia seis años que corríamos esa carrera de obstáculos y llegábamos a la meta victoriosos. Pero de tanto correr y correr sin mirar atrás, sin prestar atención a lo que tenia alrededor, no me di cuenta que estaba jugando sola una carrera que ya no me correspondíahabías cambiado de rumbo sin que yo supiera... y me encontré sola, en el patio de tu casa de verano, saludándote con emoción sin ser correspondida.

Ya pasaron varias estaciones de ese día, te tengo en el mismo colectivo, no creo que me hayas visto todavía, ni tampoco creo que vayas a hacerlo... ¿De qué serviría que lo hagas además?  Mirarme fijo sin emoción alguna... sigo sin entender cómo fue que cambiamos tanto. Cómo dos personas que se querían tan incondicionalmente no son capaces ni siquiera de saludarse, aunque sea de lejos, con una media sonrisa. Si, ya se que hicimos las cosas mal, ya se que te lastime y también se varias cosas que vos todavía, aunque hayan pasado los años, seguís sin conocer. Se que me hiciste mierda ese verano, que hubiera preferido una explicación a la indiferencia, no se, siento que me merecía una mínima explicación, porque no lo sabias, pero eras mi prioridad en todo. Cuando te conocí me había convertido en una especie de resentida, le hacia mal a cuanto tipo se me cruzara por adelante, porque estaba lastimada y me creía con derecho a lastimar... y casi lo hago con vos, casi me olvido que eras la ultima persona que se lo merecía, entonces me aleje, te pedí un tiempo que fue eterno y que no me anime a retomar nunca. Cuando me di cuenta que estaba lista, que no era un monstruo y que tenia todas las armas para hacerte feliz ya habías abandonado la carrera. Me había quedado sola jugando a un "nosotros" que no existía. Que quizás no existió nunca... y me quede con miles de palabras que no te dije y que fui soltando de a poco en este diario esperando que alguien te pregunte: "Mauro ¿Leíste esto? Creo que habla sobre vos."quizás ahí, cuando estas palabras lleguen a vos, quizás ahí las preguntas encuentren respuesta y la culpa se vaya de una vez por todas. 

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