domingo, 17 de julio de 2011

Año nuevo, vida nueva, o eso dicen por ahí. Y puede que sea cierto porque mi año nuevo tiene una vida hermosa recién estrenadita por mí. Hace dos o tres días que no escribo y la verdad es que sí, tengo miles de cosas para contarte… como que recibí el año con mi hermana en mi casa comiendo sándwiches de miga y llamando a la gente por teléfono, a cualquier gente, agarrábamos la guía telefónica y llamábamos al primero que se nos cruzaba. Es fácil y hermoso pasar el tiempo con ella. Tiene una manera de hacerme feliz y de entenderme increíble. No sé en qué momento se me ocurrió separarme de ella, pero haberla reencontrado para mí es hermoso. Esa mujer tiene magia, una magia que no se encuentra en cualquier lado. 
Y así empecé más o menos el año. Entre la cantidad de gente que llamamos también llamamos a Mauro. Lo desperté pobrecito. Amo hablar por teléfono con él. Lo llamo a cada minuto por las dudas. Sobre todo cuando lo extraño, que generalmente es todo el tiempo. 
No puede ser así de real. No quiero pensar que es un efecto más de mi imaginación: quiero creer que es real. Llena de instantes hermosos mis momentos, con sus risas, esos besos de sorpresa y esa manera de hacerme erizar la piel cuando me abraza.
Que sea como es conmigo, dejarme conocerlo no solo por lo que dice sino por como actúa: ser distinto conmigo, ser algo especial para él, por lo menos dejarme pensar eso a  través de todo eso que somos.
No pudo haber llegado en otro momento, y aunque contarle de mi vida no sea lo que más me guste porque realmente, hay muchas cosas que deseo olvidar, no quiero ocultarte nada de lo que soy y me gusta dejar que se siga atreviendo a quererme igual. 
Pasó muy poco tiempo, todo de golpe y sin darme cuenta, pero hoy estoy segura de que esto va a ser algo de lo que no me voy a arrepentir. De abrazarlo siempre que puedo, mirarlo... y decirle que lo quiero...

No hay comentarios: