Y así empecé más o menos el año. Entre la cantidad de gente que llamamos también llamamos a Mauro. Lo desperté pobrecito. Amo hablar por teléfono con él. Lo llamo a cada minuto por las dudas. Sobre todo cuando lo extraño, que generalmente es todo el tiempo.
No puede ser así de real. No quiero pensar que es un efecto más de mi imaginación: quiero creer que es real. Llena de instantes hermosos mis momentos, con sus risas, esos besos de sorpresa y esa manera de hacerme erizar la piel cuando me abraza.
Que sea como es conmigo, dejarme conocerlo no solo por lo que dice sino por como actúa: ser distinto conmigo, ser algo especial para él, por lo menos dejarme pensar eso a través de todo eso que somos.
No pudo haber llegado en otro momento, y aunque contarle de mi vida no sea lo que más me guste porque realmente, hay muchas cosas que deseo olvidar, no quiero ocultarte nada de lo que soy y me gusta dejar que se siga atreviendo a quererme igual.
Pasó muy poco tiempo, todo de golpe y sin darme cuenta, pero hoy estoy segura de que esto va a ser algo de lo que no me voy a arrepentir. De abrazarlo siempre que puedo, mirarlo... y decirle que lo quiero...
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