domingo, 17 de julio de 2011

Es muy extraño que el destino nos haga temer 
y dudar de una cosa tan pequeña.


Pasan los días y me siento más y más encantada de él. Nos vemos seguido, viene, voy; los domingos con mi hermana nos tomamos el 324 y vamos a visitarlos al quiosco, como es domingo el colectivo tarda muchísimo y cada vez que lo vemos venir saltamos riéndonos a carcajadas por ser tan idiotas. Cuando llegamos nos da vergüenza acercarnos, pero finalmente nos ponemos de acuerdo en ir las dos juntas y ahí aparecemos. Siempre pasamos tardes divinas, los chicos son muy divertidos y Mauro es increíblemente perfecto. Cuando estamos solos, también es perfecto. A veces nos peleamos, sobre todo cuando me pongo en psicótica y exagerada. Soy demasiado celosa aparte, todo el tiempo tengo miedo de que este con alguna otra, de que sus amigas no sean tan amigas, de que me engañe y no porque desconfíe de él, sino porque no estoy acostumbrada a esto. Ya sé,  me vas a decir que me olvide de todo, que no puedo decir que nunca fui amada porque si lo fui, pero esta vez es distinto. Yo no había conocido lo que era sufrir porque alguien no te quiera, porque alguien te use o te deje de la nada. Ahora que lo sé, que lo viví en carne propia tengo miedo de que me vuelva a pasar; más que nada porque creo que esto que vivo es demasiado perfecto para que sea verdad.  Cuando pasa eso el miedo se hace más y más grande. Me entendes porque me conoces y sabes cómo soy cuando tengo miedo, pero esta vez no puedo alejarme de él… hay algo que me une, algo invisible y fuerte que no me deja separarme de Mauro ni un instante. 

No hay comentarios: