- Vamos, decilo.
- No lo mereces.
- Es cierto, lo sé. Pero lo necesito, y nunca necesité nada.
Acaba de llegar el helado y vos empezaste a dar vueltas y me miras mientras escribo, me miras y te reís de mi historia. Pagaste el helado y ahora estas sentado al lado mío. Yo sigo escribiendo porque no quiero enfrentarme a tus preguntas. Porque sos el único que me dice la verdad cuando no quiero escucharla.
-No, no estoy tapando ninguna herida con ningún beso nuevo, no seas así. ¿Por qué no puede tocarme a mí este enamoramiento?
-Yo no estoy diciendo que no podes enamorarte de nuevo, de hecho estoy seguro de que lo vas a hacer infinidades de veces y que no te vas a dar ni cuenta cuando pase. El amor es así enano, cae de repente y olvidate. Estas hasta las tetas. Pero lo que me parece extraño es que no veo ese brillo en tus ojos y cada vez que lo nombras me repetís que es tu salvación. ¿Tu salvación? ¿Es lo único que queres de él? Que te cure la herida y ya, dejarte amar. Me encantaría saber que tenes para darle ya que tanto queres recibir.
Te miro con ojos de perro mojado y a vos no te provoca nada. No tengo nada que decirte porque tenes razón, en el fondo sabes que no tengo nada para darle, porque todo el amor que tenia adentro se convirtió en una daga filosa que puede destruir a cualquier persona que quiera hacerme una caricia al instante. Pero no soy un monstruo, Facu, estoy lejos de serlo. Puedo volver a sentir, pueden romperme el corazón una y mil veces y sé que voy a seguir dando amor, aunque tenga que inventarlo, porque nací para eso, para amar y tal vez algún día ser realmente amada.
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