viernes, 2 de septiembre de 2011

4 de Marzo.




¿Cómo debo poner el alma para que no roce la tuya?

Era sábado y seguíamos la misma rutina de siempre: en la estacion de Ranelagh nos encontrábamos con alguien e íbamos a Dannan. Después de que cerrara Malabares y Anton (el bar suplente) se llenara de personas abrió Dannan. Íbamos ahí porque era el bar nuevo, porque iba todo el mundo y porque yo sabia que ahí adentro podía encontrar al profe, y que aunque mis 16 años me prohibían la entrada me las iba a rebuscar como sea para entrar (Dato: "como sea" significa esconderme atrás del tumulto y meterme por abajo de los palos que recorrían la parte de afuera. Una ridícula.) y así fue. 
Me quedé toda la noche cerca del profe pero no mucho porque el bar, al ser tan novedoso, apestaba de desconocidos por todos lados. Sin embargo bailábamos, nos reíamos y estábamos juntos, lejos, pero felices. Nos hicimos a un costado y se fue acercando más y más, lo tenia tan cerca que podía sentir su perfume hermoso, sabia que ese acercamiento se debía a algo, pero mi mente estaba bloqueada por su cercanía y no me dejaba adivinar lo que se vendría. Entonces se acercó más y me miro fijo, me abrazo por detrás y me susurro lo que yo necesitaba oír al oído. Si, lo dijo: te quiero
Era mi profe el que tenia adelante, era cierto, no estaba alucinando ni soñando, era todo absolutamente real. Tan real que esta vez fui yo la que se olvido de decirle: "yo también te quiero, mi amor". 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Somos TANTAS las que no se animan a decir yo tambien!