sábado, 26 de mayo de 2012

Árbol torcido.



¿Cómo se puede querer tanto a una persona 
y no saber hacerla feliz?





Empiezo a sospechar que es mi culpa. No, mentira. Empiezo a echarme la culpa. 
Alguien en alguna parte del mundo dijo una vez que cada uno tiene lo que se merece. ¿Qué es exactamente lo que merezco yo? Con una mano en el corazón, ¿de verdad me crees capaz de merecer a una persona que me quiera de verdad? Yo creía estar viviendo en un cuento que no me correspondía, pero ¿este si me corresponde? 
Sinceramente, no estoy segura de poder lograrlo. No se que es lo que le pasa por la cabeza a Agustín, pero cada día estoy mas segura de que es por mi culpa y no la de él. Que yo tuve que hacer algo, de otra forma es inexplicable su actitud. Esa manía que tiene con que las cosas entre Matias y yo sigan así, esa desconfianza constante... me trata como a una adicta en rehabilitación, como si tuviera que cuidarme todo el tiempo y controlarme para que no caiga en mis propias redes del pasado, a mí, ¿entendes? a mí, que no solo me aleje de todos sino que ademas transforme mi mundo con tal de no hacer algo mal. Pero no debo haber cambiado suficiente, en algo debo estar equivocada. 
Me hace creer que no estoy lista, que no lo merezco. 
Desearía que estuvieras al lado mío en este momento solo para escucharte decir " Enano, él también tiene lo suyo", porque te juro que me hace sentir tan mal que me olvido de las cosas que detesto de él. Me olvidé por completo de mí y mi mundo se convirtió en el de otro. Es como si me estuviera perdiendo, como si hubiera dejado de lado todo lo que forma parte de mi vida para focalizarme en una sola cosa. Sí, y ahí esta mi error. Tendría que haberlo frenado a tiempo, pero no pude. Me siento tan poca cosa para él que soy capaz de permitirle que me pisoteé si eso lo hace sentirse mejor.


Mi historia con Agus empezó torcida, como el árbol que había en la puerta de la casa de Gesell ¿te acordas? nació torcido y así se mantuvo toda su vida. Un viento fuerte, una tormenta grande y el árbol podía quedar destrozado por completo. Así somos nosotros dos. Un árbol torcido siempre a punto de caerse. Podemos estar pasando el mejor día de nuestra vida juntos pero nace una discusión y solo eso puede destruirnos por completo, un malentendido, una pelea y el día puede desembocar en un huracán. Nada bueno puede resultar de una relación así, lo sé, pero de todas formas lo intento, porque creo que si resistimos tanto algún día vamos a llegar a algo bueno. 
Pasan los meses y sigo dándole lo mejor, amándolo mas de lo que puedo y sé amar,  haciendo lo mejor solo para él. Mi vida y mis intereses quedaron a un costado... y también mi lógica. Pensar que a Mauro lo deje porque no podía mentirme y ahora estoy acá tratando de forzar una historia que apenas comienza y ya no parece tener mucho por delante. 
No lo digo porque no lo quiera, porque de hecho lo quiero con locura, pero no estamos de acuerdo en nada, no podemos pasar un día sin pelear por algo y son peleas insoportables, que duelen, donde nos decimos las cosas mas hirientes que escuche jamás. Pero lo quiero, es lo que mas quiero en este momento. El que me hace bien, a pesar de todo, el que me quiere, mas allá de mi pasado y mis caídas. Me quiere aun sabiendo que puedo darle la vuelta a la página en caso de que vuelva mi fantasma y me seduzca de nuevo. 

viernes, 11 de mayo de 2012

S.O.S


 Todo parece perfecto. 
¿Pero de qué sirve la perfección si estas solo
y nadie se da cuenta?









Me creía una princesa, digna de mi cuento de hadas. Me creía Reina de mi propia historia de amor... me creía el mundo. Siempre lo mismo, ya lo sé. Me lo dijiste miles de veces y sin embargo...
 Tampoco es que me estoy quejando de todo, simplemente me gustaría que mi reciente novio cambie algunas actitudes posesivas que tiene. Si, con respecto a Matías todo sigue igual. No me escucha, no lo veo y Agustín, por supuesto, no me ayuda. ¡Lo ultimo que me faltaba era perder a un amigo! Sobre todo considerando lo poco que hace que te perdí a vos, mi mundo entero. Creí que el amor iba a embellecer mi mundo otra vez, que las cosas por fin iban a darse y que mi universo personal, que estaba ya lo suficientemente torcido iba por fin a enderezarse. Error. 
 Entiendo que sea difícil confiar en mí debido a mi prontuario: Mauricio, Mauro, El profe... pero desde que estoy con él, hago todo lo posible para evitar cualquier tipo de contacto con ellos. No, no es fácil, pero por lo menos lo intento. Además, mi alrededor no me ayuda mucho. Las chicas están intentando abrirle los ojos a Agustín. Sí, como leíste... le dan detalles del verano, cuando seguía viendo al profe, cuando me era imposible hacer una elección. Lo sentaron y le contaron verdades, una tras otra... ¿Qué sentido tenía? Si de todas formas él ya sabía que yo lo seguía viendo, ¡Sabía las razones y todo! Y para completar un poco el panorama Erika ahora tiene una especie de relación con El profe. ¿Detalles? No, no tengo. Obviamente no nos hablamos. Antes de que empiece su apego con mi ex profesor, también se encargó de repartir verdades. Yo entiendo que me quieran ayudar, pero no lo hacen. También sé que muchas veces me excedo en mentiras (dicen que lo que se hereda...) pero de todas formas, ¿no es mejor dejar que lo resuelva yo, antes de que ellas se pongan en la piel de unas heroínas de cómics? 
 De Mauro no tengo noticias, o sí, pero poco importantes. De todas formas nos hablamos seguido, como siempre. Es difícil que logre despegarme de él, así que me controlo. Puedo fingir con cualquiera, pero con Mauro, jamás. Ya hice todo demasiado mal cuando lo tuve para mí y no quiero bajo ningún concepto hacerle eso. Lo quiero demasiado como para arriesgarme a lastimarlo, así que me conformo con mi charla amistosa y algún que otro abrazo cuando lo cruzo por ahí. No, a Agustín eso tampoco lo alegra, pero no hay ningún tipo de discusión cuando se trata de Mauro. Se hace lo que yo digo y se acabó.
 Y con Mauricio... el agujero de mi pecho no me permite ni siquiera nombrarlo, así que en ese caso estamos perfecto. No lo extraño, no lo quiero y, por suerte, no lo veo. 
Ambos lejos, pero cerca, en mi cabeza. Y eso enfurece a mi novio. Si, es obvio, no debería tener fantasmas en mi mente, pero él me conoció partida al medio y sabe que estoy haciendo todos mis esfuerzos para poder repararme. No es fácil, necesito colaboración y no la tengo. Alguien que me entienda aunque sea, no que se ponga del lado de Agustín inmediatamente solo por un par de lágrimas de cocodrilo.
 No te das una idea de lo mucho que te necesito. Me encantaría que estuvieras acá así nuestra conversación podría llegar a ser mas fluida y no estar como una loca escribiéndole a nadie. Si no fuera porque es una forma de sentirte mas cerca tiraría este bendito diario a la mierda e iría a buscarte. Pero me obligaste a esperarte, y esta es la única manera que encontré de sobrevivir a este martirio. 

viernes, 4 de mayo de 2012

Mi habitual rincón




4 de Mayo. 







Puerta blanca. Enorme. Llaves en mano. Me parecía una locura estar parada otra vez en la entrada de tu casa, me hacía creer que estabas del otro lado, esperandome... ya se que no es así, creeme que se que no estas. 
Unos días antes tu tío nos aviso que era hora de desvalijar la casa, tu casa, nuestro hogar. Camila, tan organizada como siempre, se encargó de todo. Nos llamo a cada uno de nosotros para decirnos que era el momento. Pero no pude entenderlo, ni siquiera quise hacerme cargo de lo que estaba escuchando. ¿Cómo íbamos a poder desarmar ese lugar sin morir un poco con vos? 
Ahora estaba ahí, parada en tu puerta. Camila me llamó a la mañana para pedirme ayuda, no podía sola... Algo en esa casa la hacía morirse con vos, y no.
"-Necesito que termines esto por mí. Vení con amigas, con tu novio si queres... pero por favor, Gui, vení." Apenas escuchó el ruido de llaves vino a mi encuentro. Me insistió para que lo hagamos juntas, ya que yo había ido sola al encuentro, y como siempre, no había pedido ayuda para hacerlo. Vos hubieras entendido... ese rincón en el mundo es exclusivamente nuestro. Antes de irte me dejaste una lista con las cosas que había que hacer: guardar, donar, regalar, quemar. 
Entre a tu casa y todavía estaba tu olor ahí. Inundaba las paredes y cada uno de los muebles, ahora cubiertos con sabanas, las mismas que cubrían tu cama, las de Independiente. 
No me quedo otro remedio que subir a tu cuarto, vacío, solo una caja gris en el medio de la cama, junto a un sobre negro. No me acerqué siquiera, sabía perfectamente que había ahí adentro. Fui al armario, a los estantes de los cd's, abrí cada uno de los libros, en todas partes estabas vos. Todavía cuando abrís tus cajones se abalanza el olor a cigarrillo, el olor a perfume de hombre, el olor de tu piel. Todo tan tuyo, tan piel y abrazo y vos tan cercano.
Todo lo que sentí al abrir la puerta, al dar el primer paso, al entrar a tu habitación vacía de sabanas arrugadas y paredes oscuras, todo fue dolor, pero lo que más me golpeó en el medio del pecho, casi me asfixia, fueron tus zapatos del colegio, que se quedaron sin pasos, tan quietos.
Parecía haber viajado en el tiempo. Tus zapatos de escuela estaban ahí, inmóviles, como defendiendo nuestras primeras caminatas por calles y por plazas, como mostrándome otra vez cada uno de los recorridos que hicimos, las pelotas que pateamos... las corridas hasta tu casa, para llegar puntuales a la hora del té. Escuchaba tus palabras y veía cada uno de los momentos que pasé a tu lado, como si fueran nuevos, como si estuvieran pasando en ese momento. Entonces me los puse. Si, llamame loca, pero me puse tus zapatos.
Me quedaban gigantes, igual que siempre, pero esta vez tener esos zapatos puestos era un alivio. Recordaba como hace unos años atrás caminaba con ellos con mucho cuidado, tratando de no tropezarme, perdiendolos en el camino. Me miré al espejo, estaba en medio de tu habitación, tan sola como ellos, en medio del polvo, extrañándote. Nos hacías falta, ellos sin pasos, yo sin vos. Te extraño, Facundo. Todavía te extraño. 
No importa el paso del tiempo. La muerte todavía no puede arrancarte de mí. No hay nada que me separe de tu mirada negra. Todo está unido.
Mi dolor, mi enojo, mi impotencia, mi llanto, mi culpa, mis insomnios, mis gritos en sueños en medio de la noche. A veces cuando me levanto escucho a mi abuela y mi mamá hablar preocupadas. Mi abuela le cuenta como por la mañana, casi siempre a las diez, grito desesperada y lloro. Cuando me levanto me pregunta discretamente que soñé y yo no lo recuerdo. Siempre a las "diez y pico", siempre a la hora que te cerré los ojos por última vez.
Me calcé tus zapatos  y te dije: "Llévame". Empece a esperar algo como un milagro, qué se yo, que me nacieran tus pasos en los pies, que me respondieran todas las preguntas que me quedaron por hacerte. Como si tus zapatos supieran más que yo. Como si ellos pudieran descubrirme secretos que no contaste a nadie. 
No. No hay nada más triste que estos zapatos sin pasos. 
Entonces me invaden los recuerdos. Me hacen recordarte colorado y con anginas. Tapado hasta el cuello, con el pañuelo helado cubriéndote la frente. Con el uniforme sucio de jugar al fútbol y el pantalón lleno de barro. Comiendo con los codos apoyados sobre el mantel. Encogiéndote de hombros cada vez que tu mamá te decía: "Facundo, así no...".
Me hacen imaginarte indefenso y solitario. Quizás porque esa fue la última imagen que me quedó de vos... Te miraba y a pesar de estar destrozado y dolorido, sacabas tu mejor sonrisa del bolsillo y charlabas con nosotros como si estuvieras sano. Cuántas veces te habrás sentido mal, te habrá dolido algo y no lo dijiste para no preocuparnos, porque vos eras Superman, te gustaba serlo, jugabas a serlo y los demás se lo creían. Si, digo los demás porque cuando yo te miraba a los ojos veía perfectamente el dolor... 
Me hace pensar en las cosas que no te dije. En las veces que te decepcione. En las cosas que me hubiese gustado preguntarte, en lo que me gustaría preguntarte ahora. Que se yo, venir a tu casa corriendo, igual que hoy. Abrir la puerta con la llave que esta en la maceta. Subir corriendo a tu habitación. ¡Facu! Me olvidé de decirte una cosa... 
Quiero que vuelvas Facundo. 
Lo digo. Si. Necesito que vuelvas.
No me importa que piensen que estoy loca, que me digan que nadie vuelve de la muerte, que no se puede llorar así clamando por algo que es imposible que pase algún día. No me importa. Yo igual quiero que vuelvas. Que hagas algo para volver. Que te escapes del silencio. Que saltes de las fotografías que están colgadas en tu habitación y me abraces.
¿Y si, por ejemplo, venís mas seguido cuando sueño? Aunque sea en sueños. Porque siempre sos una voz lejana, una imagen borrosa, una angustia en el medio del alma, una sonrisa enorme cada vez que eso pasa, la mitad de mi alma. Por favor, me conformo con que vuelvas en sueños. Y te sientes en frente así yo puedo mirar tus ojos negros y quejarme de tantas cosas. Si, igual que antes. Que saques tu guitarra y cantes Cerati. Que vayas a la biblioteca y saques el libro que esta ahí, "¿Lo ves? Ese, Facu, el de colores. ¡No! No quiero Caperucita Roja otra vez, ¡ya lo leiste! Trae ese Facu." entonces te escucho mientras me duermo tranquila. Vení. 




Me acerco a la cama. Ya me saqué los zapatos enormes y recuperé los míos. Ya leí y hojeé cada uno de los libros. Ya te extrañé. Abro la caja y la encuentro. Mi regalo de vos y una carta. Carta que esta ahí todavía y me mira con ansiedad. ¿Para qué haces esas cosas? ¿Por qué una carta de despedida? Ponete los zapatos y vení a buscarme. 
Mi celular suena en alguna parte de tu casa, que ahora es demasiado grande y demasiado vacía. La alarma de las 09:30 me dice que tengo que irme, que quizás algún día siga con esto... dejar todo por la mitad me recuerda que no puedo sola, que es hora de que de el brazo a torcer. Vos te fuiste, tus zapatos se quedaron vacíos, tu casa también, pero yo no estoy sola. Y vos no sos el único que esta conmigo. Capaz llame a Camila y le pida ayuda. Agarro la caja y me la llevo conmigo. Guardo la carta en el lugar mas escondido de mi cartera y me tomo tiempo para leerla. Esta vez tus palabras se van a quedar conmigo. 




...Y pensar que hace apenas un tiempo estábamos en esa ventana conversando sobre lo que habíamos hecho en el día...