domingo, 28 de octubre de 2012

Despertar


Miles de preguntas sin respuesta en mi cabeza. 
Alrededor, multitud de gente ajena a mi dolor.
Miro a mis pies, quiero ver que los pedazos 
de mi corazón no estén en el suelo. 
Ahora tengo que andar con cuidado, más que nunca, 
tengo que prestar atención para evitar perder alguno de sus trocitos.




 -¿Qué estas haciendo?- Faltaban 10 minutos para mi cumpleaños.

-Nada, Facu, ¿qué puedo estar haciendo? -
-En cinco paso por vos. Esperame atenta.-
Mi mamá dormía profundamente, mi abuela igual, así que por unas horas nadie iba a notar mi ausencia. Agarré una campera por si el clima cambiaba y salí a esperarte. Llegaste cinco minutos después, tal como dijiste.
Ya era común que los cumpleaños nos encuentren en la ventana. 26 de Octubre, un cielo azul nos cubría por completo, cerveza (infaltable) y picada. Un cigarrillo y otro, y otro mas. Y una promesa.
-Ahora no podemos, porque sos menor, pero cuando cumplas 18 vamos a ir a volar.-
-¿¡A qué!?-
-A volar. ¿No me dijiste el otro día que siempre quisiste tirarte de un paracaídas? Tenes que ser mayor para poder hacerlo... o tener el permiso de un padre/tutor pero no creo que a tu mamá le guste que vayas conmigo. Así que vamos a tener que esperar.
-¿Vas a seguir vivo para el 2008?
-Para eso también hay que esperar.
No seguiste vivo. En el 2006 te mudaste al cielo, el mismo cielo que hoy me protege. Nunca me anime a volar, no tengo a nadie con quien ir. Nadie me da la confianza suficiente como para dejarme saltar al vacío. Después de ese año muchas cosas cambiaron. Desde mi colegio hasta mi relación sentimental, mis amigas se multiplicaron y mi forma de ver la vida y las cosas ahora es otra. Pero hay algo que no va a cambiar jamas: estoy domesticada. Si, por vos. Por nuestra vida. No eras mas que un zorro entre diez mil zorros, pero te hice mi amigo y ahora sos único en el mundo. No importa el tiempo, seguís siendo ese motorcito que me mantiene con vida. Una luz en medio de tanta, tanta oscuridad. Seguís ahí, aunque nos hallamos despedido hace tanto... 
Destapo otra cerveza y te miro. Estas hermoso vestido de azul. El cielo te sienta bien, Facundo. Son las doce y tengo que acercarme a mi fiesta. Adentro todos festejan y se embriagan. Desde acá veo la luz de las velitas. No podía dejar de encontrarte. Ojala suene el teléfono y estés vos del otro lado... ojala vengas de nuevo a rescatarme.


   18 años recién estrenados. La familia de siempre, mis amigas y amigos, un novio divino. Eso se veía desde afuera. Fiesta de mascaras, una mascara que escondía el dolor, una sonrisa falsa, la mejor de todas. Todo se había vuelto así, falso. Era falso el festejo, falsa la felicidad... falsa mi relación con Agustín  Todo lo demás estaba correcto, pero eso me destruía, eso opacaba todo... Se que con 18 años recién cumplidos no puedo darme por vencida en el amor, pero después de infinitos fracasos mi corazón se siente aplastado. Tenia 13 años cuando se despertó, fue Mauricio el responsable. Y después de eso fue un fracaso atrás del otro. Fracaso en lo esperado, obvio... no fueron las relaciones soñadas de romance taquillero pero me hicieron sentir y eso es un poco lo que cuenta. Peor ser un freezer. Pero ahora, otra vez en lo mismo. Agustín y yo vamos de mal en peor y yo le había puesto (sin que nadie sepa, claro) una fecha limite. No iba a aguantar mucho mas así que opte por decidir que camino seguir. ¿La prueba? Claro esta, mi cumpleaños. ¿Por qué? La noche, el ambiente, el alcohol... no se, sin ir mas lejos todas nuestras peleas graves fueron de noche, en el medio de un bar o una fiesta, siempre rodeados de personas. No podía haber mejor oportunidad. Y este era mi cumpleaños, mi fiesta, acá entraba la gente que yo quería... ¿Te imaginas como lo tiene eso? ¿Necesitas alguna razón mas? 

Ademas de eso la realidad es que jamás me gustaron mis cumpleaños, siempre, sin razón alguna, termino llorando. No recuerdo uno donde no este en las fotos enojada o llorando sin vergüenza. Inconscientemente pensaba en lo que no tenía, y no me refiero a regalos, lo que no tenia era claro, no lo había tenido nunca, no desde que tengo memoria, me faltaba un papá. Todos los días pensaba en eso, todos los días caminando por la calle miraba a los hombres y en mi cabeza la misma afirmación: "ese hombre podría tranquilamente ser él". Pensaba en si algún día me reconocería, si él se acordaría de la fecha, si pensaba en la primera vez que me tuvo en brazos y lo miré. ¿Se acordará de mi mirada? Tuvo que haberle significado algo ya que es igual a la de él. No creo que 18 años después haya cambiado mucho. 
Quizás este es mi problema. Ahora no solo me falta él, también faltas vos. Me guardo cosas, no hablo, escondo mis sentimientos. ¿Te acordas cuando me dijiste que vivo dentro de una Almendra? Ahora es literal. Por ejemplo, nunca te conté que mi mamá fue a buscarlo hace unos meses atrás. 3 de Junio para ser exactos (el día que empece con Magoo). Le contó sobre mi y se mostró interesado. Todavía tengo su número con un signo de pregunta guardado en el directorio de mi celular. A veces tengo intriga, quiero llamarlo y no, quiero escucharlo pero no. Me gustaría mirarlo a los ojos para ver si me encuentro, preguntarle por qué no pudo ser mi papá. Tengo ganas de contarle que me gusta el color amarillo y jugar al fútbol, que soy desordenada como él y dejo la toalla mojada cuando salgo de bañarme; tengo su mirada, la misma, el mismo formato de sus ojos, varia el color. Pero por sobre todas las cosas tengo un vacío adentro. Todos los días pienso en mi papá, en ese papá que no tuve nunca. ¿Cuándo habré dicho papá por primera vez? Por qué no tuve un padre pero sabia que existían. Sabia que eran hombres que te amaban mas que cualquier cosa, que te alzaban a upa y te retaban cuando venias con muchos novios a casa. Los papás eran celosos y compinches si eras mujer. Sabia todo sobre los papás, todo excepto que se siente tener uno.

La fiesta transcurría de manera normal. Música, alcohol (quizás un poco en exceso) y amigos, nuevos, viejos, la mayoría invitados e importantes, el otro resto eran personas coladas, pero no me afectaba. Mi cumpleaños se festeja a lo grande, es la única forma de llenar el vacío. Con todo el alcohol que tenia encima me olvide completamente de que para esa época mi novio ya no era una persona equilibrada. Después de las miles de peleas que habíamos pasado yo tenia muy claro que él prefería que no tenga amigos y que lo ponga a él en el primer lugar de todo. Siempre me decía frases como "Si tus amigos son mas importantes ¿Por qué no seguí siendo tu amigo y listo?". Definitivamente no nos entendíamos nunca. Era imposible hacerle entender que yo no necesito dejar mi vida de lado para vivir la nuestra. Existe un mundo aparte para mí, el mio, y no puedo dejarlo de lado por él. Tiene que incluirse en mi vida. Tiene que ser parte de mi mundo de esa manera o retirarse. Pero no nos entendimos ni nos vamos a entender nunca, y esa noche no iba a ser la excepción.
Era mi cumpleaños, por lo tanto estaba tratando de mantener un equilibrio para poder conversar y pasar un momento con todos mis invitados. Le tocó el turno a Santiago. Un amigo que me hice hace años y con el cual tuve una historia chiquita, mínima, poco significativa (porque sino ya hubieras leído todo sobre él con lujo de detalles) y que desemboco en una amistad. Me acerqué a él y estuvimos charlando. No le preste mucha atención a lo que pasaba a mi alrededor ya que estaba entre risas y abrazos con Santi, que vuelvo a remarcar, es claramente mi amigo... hasta que en un momento me doy cuenta que Agustín esta sentado con mi mamá llorando. Mi mamá me mira con cara de decepción, yo no entendía nada. ¿Qué carajo hice ahora? Era lo único que podía pensar e inmediatamente la respuesta: Nada. No hice nada. Nunca hago nada pero al parecer arruino todo con solo respirar. 
Agustin y ella entran a mi casa. Los veo desde afuera charlando en la cocina. Él sigue llorando mientras mi mamá gira la cabeza sin creer lo que escucha. Pero ¿qué escucha? Entonces me acercó. No puedo seguir con esta intriga y sobretodo no puedo dejar que ese pendejo de mierda siga hablando vaya uno a saber que cosa sobre mí. Apenas me acercó se hace el silencio. Mi mamá quiere salirse de la situación pero yo la persigo y le pido por favor que me explique que estaba pasando. Entonces empieza a gritar. Un insulto atrás de otro y una acusación constante: ¡Cómo vas a hacerle eso a Agustín! Pero, qué le hice. No me acuerdo cual fue la palabra exacta pero creo que era atorranta. Al parecer Agustin fue llorando a pedirle ayuda a Fabiana para que por favor haga algo, porque yo estaba con Santi muy entretenida. ¿Te dije que era mi amigo? 
Salí de su cuarto. No podía creer lo sola que estaba. Como todos depositaban su desconfianza en mi inmediatamente. De mis amigos y amigas podía esperarlos, ¡pero de mi propia familia! Tenia ganas de matarlo. Ganas literales. Pero no pude encontrarlo. Se había esfumado junto con mis ultimas ganas de intentarlo. Me llevé una cerveza a la pieza y no me alcanzó, entonces me lleve otra. Y otra mas después. Y me escondí en el ropero. Escuchaba que la gente me buscaba, pero yo no quería salir. No había nadie del otro lado capaz de entenderme. Estaba sola, Facu. Sola adentro de un espacio mínimo, lleno de ropa y oscuridad. Me encontraron por mis gritos ahogados, ya que no podía dejar de llorar ni de gritar. Un dolor en el pecho me desgarraba y me remontaba a la época en que Mauricio me dolía por todo el cuerpo. Esta vez no era la culpa de nadie. Esta vez yo sola me deje lastimar. Yo le permití a Agustín tomar el timón de mi vida. Yo le cedí los derechos y agache la cabeza cada vez que me hacia algo malo. Todo lo hice por culpa. Por haber lastimado tanto deje que la vida hiciera lo mismo conmigo, pero no medí las consecuencias. Y lo peor de todo es que no fui capaz de ver nunca que me estaba haciendo cargo de culpas que no tenia. 
¡Ay dios, cómo te necesite en ese momento! 18 años y vos no estabas para hacerme volar. Para rescatarme de toda esa locura, para hacerme entrar en razón. Y mientras tanto lloraba. Lloraba por vos. Nunca hasta ese momento había tenido noción de lo lejos que estabas y de lo sola que me hacia sentir el saber que nunca mas iba a poder sostener tu mano ni recibir un abrazo. ¡Y cómo necesitaba un abrazo en ese momento! Tenia el corazón tan chiquito y lastimado que sentía que lo estaba perdiendo. Se estaba cerrando. Sentía como mi corazón se encerraba en una coraza imaginaria. Podía ver con claridad todas las cosas que habían pasado en ese ultimo tiempo y no me sentía orgullosa sino engañada. Engañada por mi misma. Una ilusa por haberme hecho creer que esta vez iba a ser para siempre. Necesitaba tanto un final feliz que le invente uno a la historia con menos futuro del mundo. Lo quería, lo quiero mientras te cuento esto, lo sigo queriendo. Pero no tengo mas fuerzas para hacer que funcione. Quería salir del ropero y encontrarlo, pero no podía levantarme. El dolor me desgarraba. Entonces abren la puerta. 
Una multitud del otro lado me rodeaba. Entre ellos mis primas (sorprendidas y horrorizadas por el escándalo que estaba causando), Sofia y Carolina me sostenían la mano y algunas personas mas que no podía distinguir. Me preguntaron que me pasaba y lo dije. Lo grite. Lo grite con tanta fuerza que el dolor en el pecho salio disparado junto a mi voz. 
-¿Qué pasa, Gui? Por favor, explicanos que pasó. ¿Qué necesitas?- Y la respuesta era clara. Lo había sabido siempre. Lo necesitaba desde que tenia uso de razón. Desde que tenia memoria. ¿Que necesito? Y lo dije.
-¡Quiero a mi papá!-
Todos se quedaron helados. No podían creer lo que habían escuchado. Jamas en mi vida exprese necesidad de un padre. Siempre me las arreglé sola. Siempre les hice creer que con lo que tenia me bastaba. No tenia nada que ver con lo que estaba viviendo, pero el drama de Agustín y la pelea con mi mamá me volvieron vulnerable, y expuse todo lo que tenia adentro. Lloré por él. Por el abandono. Lloré y les explicaba a los gritos lo sola y lo triste que me hacia sentir. Lloré porque tenia miedo. Miedo de no poder vivir un amor como la gente, miedo de haberme gastado todas mis oportunidades. Lloraba y el corazón se me rompía. Miedo de no volver a curarme. De que mi corazón en realidad nunca sane. Lloré por vos. ¿Cómo era posible que no estés conmigo? ¿Qué le hice yo al destino? ¿Por qué me arrancó lo mas preciado que tenia? 
-¿Por qué se tuvo que ir?- Preguntaba yo constantemente. Y todavía no queda claro si lo decía por vos, por mi papá o por mi corazón. 
Nada podía calmarme. Por momentos tenia ganas de levantarme e ir a matar a Agustín y por otros tenia ganas de levantarme y salir corriendo, hacia otra vida. Hacia un año que llevaba conmigo fracasos insoportables. Repetir de grado, después de lo que me había costado encontrar amigos en el colegio, tuve que salir a otra escuela y hacer amigos nuevos. Tuve suerte y los encontré. Encontré personas incondicionales que también estaban del otro lado del ropero. Y por supuesto mis amigas de siempre. Carolina estaba ahí junto a Sofia sosteniéndome. Siempre me sostuvieron, siempre están cuando el dolor de las perdidas me desgarra y me hace creer que no puedo seguir. Y así me sentía en ese momento.

Cuando logré calmarme y salir del ropero empecé a recorrer mi casa. Ya era de día. Mi mamá ya se había acostado, seguro sintiéndose culpable después de verme llorando desgarrada, pero no me importaba. Por el momento no quería verla. Ni tampoco a Agustín que por suerte ya no estaba. Mi casa era el mismísimo desastre. Un cementerio de botellas y amigos alcoholizados por todos lados (que se fueron retirando de a poco), algunos no entendían que había pasado, otros ni se enteraron. Pero yo lo sabía. Por fin me había sacado todos mis dolores de encima. Por fin había podido hablar. Pero sobretodo, por fin había decidido. Lo único que tenia que hacer era hablar con Agustín para poder terminar las cosas. Ya no era capaz de sostener una relación así. 
Me acosté mucho mas calmada. Quizás por el hecho de no tener mas cosas encima. Había expuesto todos mis miedos, sacándolos de mí. No me importaba que los supieran todos, porque lo mas importante era habérmelos dicho a mí. Dejar de negar mis necesidades y mis dolores. Dejar de creerme que puedo sola con todo. Me dolía, si. Me iba a doler todo por muchísimo tiempo mas, pero al menos ya sabia con que tenia que luchar. 
Al otro día me desperté entre gritos de Fabiana. No estaba arrepentida de lo que me había hecho, pero su postura cambió cuando recibió un mensaje en su celular. Era mi papá. Me estaba deseando felicidades para mi día. Muchos besos y abrazos. No lo podía creer. Era él del otro lado. Incapaz de dar la cara. No entiendo todavía como no se le cayo la cara de vergüenza cuando termino de escribir ese mensaje patético. Cómo tuvo coraje de mandarlo y por qué no fue nunca capaz de tener ese mismo coraje para aparecer. Cuando leí su mensaje me sentí burlada. ¿Qué hacia mandándome un mensaje de texto? Ni siquiera fui capaz de imaginarme su voz. Pero no me hizo mal, todo lo contrario. Algo en mí se había quebrado para siempre y eso era bueno. Ahora sabia que quería arreglarlo. Arreglar mi vida y ser feliz. Volver a encontrarme con mi sonrisa. Sentir en el pecho algo mas que tristeza. Volver a sentir amor y poder sentirme agradecida por eso. Volver a encontrarme conmigo misma. Es lo único por lo que vale la pena luchar. 

No hay comentarios: