No voy a ignorar que la pasé genial,
pero después de un tiempo me dí cuenta
que lo que más extrañaba...
era a mí misma. Y a él.
-El problema es que lo extraño. Me cuesta reconocerlo, pero lo extraño. Ese día que salí con Romi y lo cruce en la calle no lo podía creer. Estaba caminando de la mano de Agustín y en cuanto lo vi salí corriendo desesperada a saludarlo. Y lo peor es que cuando entre en su abrazo encontré mi centro otra vez. Mi eje. Tarde en darme cuenta, me costaba reconocer que estaba de novia con una persona que no me hacia sentir bien, pero cuando lo hice necesite cambiar.
-¿Y él como se lo tomó?
-Pésimo. Todavía estamos en veremos... no lo acepta y a mi me cuesta un poco también. No son tantos meses juntos, pero es como tirar mucho por la borda. No se como explicarte.
-Cuando lo dejaste a Mauro no te paso eso. ¿Por qué?
-Lo deje por una razón distinta. Nunca le di el 100% de mi y me parece que él no se lo merecía. Tomar la decision fue difícil, pero lo hice mas por él que por mí. En este caso es un poco al revés. No puedo seguir viviendo a este ritmo. No lo aguanto, te juro.
-¿Y con Mauro que vas a hacer?
Parecía un chiste pero justo en ese momento el despertador me trajo de vuelta. ¿Y con Mauro que voy a hacer? pensé apenas me levante. El pie derecho en el suelo y mi alma tranquila.
Me encanta que te aparezcas en mis sueños. No quiero despertar jamas. Es una locura porque me hace pensar en que estas constantemente espiando todo y cuando apareces lo haces en el momento justo. Cuando empiezo a caerme estas ahí del otro lado, ayudando a levantarme. Es mágico.
Esta vez la que se había caído no era yo. No, en serio, no era yo. Era otra persona, una Guillermina cegada. Una Guillermina que yo no había conocido hasta entonces... una que era capaz de perderse a si misma con tal de pagar culpas y vivir en un falso final feliz.
Ya lo dije, mi historia con Agustín empezó torcida, lo sabía, pero me creía capaz de ir contra las leyes de la naturaleza. Me creía capaz de enderezarla. Árbol torcido dije hace unos meses. Árbol definitivamente caído, digo hoy.
Anoche me acosté temprano. Desde mi cumpleaños, Agustín y yo entramos en un receso. Una especie de descanso sentimental, raro de explicar. Esa noche me mostró su verdadera cara (¿O ya la había mostrado antes?) y esta vez no pude hacer la vista gorda. Deje de mentirle, deje de mentirme a mi misma y así estamos... viendo que se puede salvar y que se debe tirar. No nos vemos seguido y cuando nos vemos todo se transforma en discusión y llanto. Es muy difícil rescatar algo de lo que perdimos, pero que se yo, el amor sigue diciéndonos que tenemos que hacer el intento. Yo sinceramente lo veo imposible.
Me faltan las ganas de verlo. No se que pasó, las perdí Y cuando lo veo me doy cuenta que no lo soporto. Hasta sus demostraciones de afecto me parecen falsas y toda su actitud se volvió un poco morbosa. En realidad no se quien esta intentando salvar la relación, creo que es él solo y yo me dejo llevar, guiada por la culpa, como siempre. Porque eso es lo que hace que sienta: culpa.
Nunca me costó eso de negar finales o terminar las cosas. Siempre tuve mucha cobardía con respecto a eso y se escaparme fácilmente (Leer La rana con atención) pero esta vez algo me tiene atada y no es para nada bueno. Agustín me aleja de mi misma. Hace que me transforme en alguien que yo no conozco. Alguien que se olvida de las cosas que vivió. Alguien que no se anima a terminar y decir que no. No, Agustín no quiero seguir con vos. No tiene sentido lo que estamos viviendo. No.
Me fui a dormir con todas esas cosas en la cabeza. Agustín, tan lejano a mí, y Mauro, que a pesar de estar del otro lado de mi vida, lo sentía mas cerca que nunca. Siempre que te contaba algo que había soñado te hacías el analista y me decías "los sueños son deseos reprimidos, enano". Yo no me hacia cargo de lo que decías, una frase hecha era poco comparado a lo que mis sueños significaban en realidad. Mas que deseos eran una vida no realizada, un sentimiento de culpa (otro mas), ganas de volver a empezar. Eran aproximadamente las diez cuando me fui a acostar y a las doce menos diez mi sueño me despertaba alarmante. ¿Por qué la puntualidad? Era el cumpleaños de una de las personas mas importantes de mi vida. Era el cumpleaños de Mauro.
No lo dude ni un segundo, busque desesperada mi celular, que muy hábilmente se había perdido entre las sabanas y cuando por fin lo tuve en manos tipie mi mensaje. Mis felicitaciones. Mi corazón abierto. "Feliz cumpleaños. No necesito muchas palabras para expresar lo que conoces muy bien. Siempre y para siempre. Te amo.". Simple y conciso Aunque con mucho atrás.
Era fácil esconderme detrás de un celular. Un te amo en un mensaje de texto puede significar mucho o nada. Depende de como lo lea el receptor. Pero mi mensaje era real. Lo amaba. Lo había amado siempre y ahora que me toca vivir esto me doy cuenta de lo equivocada que estuve. Ya se, si estuvieras acá me dirías que era chica y que por eso busque la solución mágica a mis problemas, pero no entiendo como pude ser tan idiota. ¿Por qué me escape de sus brazos? ¿Por qué no me anime? ¿Por qué no me diste el golpe que me merecía?
Aun sabiendo que tenia que desarmar mi historia con Agustín empece a pensar en Mauro. Empece a ilusionarme todos los días con verlo, creía cruzarmelo en todos lados y cada vez que me parecía verlo mi corazón se salia de mi, se escapaba con él. Donde correspondía. Sabia que estaba eligiendo otra vez el camino complicado, pero no podía hacer otra cosa. Para sobrevivir la separación que se me venia encima tenia que trasladar mi mente a otro universo. Uno feliz. Uno donde Mauro y yo estuviéramos juntos y felices. Otra vez el cuento de hadas, otra vez la princesa frustrada busca al sapo, lo besa ¿y qué pasa después?
No hay comentarios:
Publicar un comentario