miércoles, 28 de noviembre de 2012

Des-Amor




Mentía cuando te decía: "quédate tranquila corazón,
nos separaremos en términos buenos, vuelvo con mi vida soy buen perdedor"
Y ahora, te sigo a toda hora. Tengo que saber con quién estas.
No es nada positivo, y se vuelve adictivo, y yo pensé que a mí no me podía pasar.



Diciembre 2008


¿Sabes? Hasta ahora pensaba que el desamor era simplemente lo que indica la expresión... des-enamorarse. Creía que al llegar el corazón inmediatamente cambiaba de rumbo y te demostraba que ese ciclo había finalizado. Como si fuera de un día para el otro, ¿entendes? Como si uno se despertara de repente y sintiera que el amor se escapó. 
Después de confesarte esto siento como la risa viene a mí. Mi cabeza trabaja a toda velocidad al recordar cada una de las situaciones que viví durante estos meses. Fueron muchas y muy significativas. Mis ojos pueden percibir todo y ahora veo mas allá... mas allá de la culpa y de todos los lamentos. Me olvide de hacerle caso, te juro. Decidí que tenia que pensar mas en mí y menos en él porque de eso se trata. ¿O me equivoco? Deje de prestarle atención a sus lagrimas, porque eran ellas las que me hacían flaquear en mi decisión de dejarlo. Y sobretodo, deje de mirarme con sus ojos. No podía seguir poniéndome sus zapatos para enfrentar nuestra vida juntos... tuve que retomar mi punto de vista y hacerlo valer. Yo no era la culpable de todo, no esta vez. Ahora era un 50 y un 50 y nada iba a hacerme cambiar de idea.
Entonces, por fin, dije lo que tenía que decir. "Agustín, ya no puedo seguir con esto. Necesito que dejemos todo. No tiene sentido seguir lastimándonos, no podemos estar ni un segundo juntos sin querer matarnos. Hay que dejar de pensar con el corazón y empezar a pensar con la cabeza, ademas, mi corazón ya no tiene fuerzas para aguantarnos. Y mucho menos vidas para romperse en mil pedazos otra vez."
¿Qué es desenamorarse entonces? 
Mi des-enamoramiento empezó con la primera desilusión que me causo. Ahora no puedo decirte cuál fue exactamente, porque como sabrás fueron muchas. Si puedo enumerar las que tuvieron mas peso: Mi pelea con Matías y su poca voluntad para arreglarlo / Las mil y una noches que pasamos a los gritos / Una noche que me empujó en un bar y ni hablar del día en que me escupió la cara / La cantidad de veces que manipuló y jugó con mi sentimiento de culpa / Mi cumpleaños / y por último... cuando no logró aceptar que nuestra historia había terminado. Después de eso vinieron las demas: Las innumerables cantidades de veces que lo encontré en mi casa revisándome la computadora, aprovechándose de la inocencia de mi abuela que lo dejaba pasar para que no tome frío / Las cuentas hackeadas a mi y a mis amigas / La noche que le lloró a mi mamá y le confesó que me había perseguido y que sabia muy bien que yo estaba con otro chico... / Y lo peor de todo, haberme demostrado, sin querer, lo equivocada que estuve todo este tiempo y lo enamorada de Mauro que estoy todavía.
Eso es lo malo de acumular cosas... que después pueden contarse.
Por supuesto que él tiene cosas para decir de mí: La gran mentira inicial, con el Profe (donde él aportó, me había olvidado) / las mentiras que tenía que decir para poder ver a mis amigas/os / La cantidad de conversaciones que me encontró con Mauro / Las veces que tuve que disimular y hacer que no me pasaba nada cuando me nombraba a Mauro o a Mauricio... / los zapatos que le tire por la cabeza, las palabras que le tire al corazón.
Son muchísimas las cosas que nos hicimos, pero ya no quiero enumerarlas. Eso sí, las significativas no puedo sacármelas de encima. Siguen doliendo como el primer día, sigo sin entender como pudimos terminar así. 
Nueve meses después de ese 29 de febrero que nos pusimos de novios, creíamos que podíamos salir a flote. Que era una de esas crisis tan convencionales que se dan en todas las parejas... estaba bien el árbol como estaba. Torcido, sí, un poco descuidado, tal vez, pero sus ramas seguían floreciendo después de la tormenta, lo cual nos hizo creer que todo seguía bien. No nos pusimos a pensar nunca que si no enderezábamos el árbol, el pobre iba a caerse en la primer tormenta que se avecinara. Y así fue. El árbol caído nos atormentaba. Un árbol demasiado grande para tirarlo abajo, pero demasiado pesado para sobrellevarlo. Nuestra historia tenia un comienzo tan lindo que nos parecía imposible estar haciéndonos todo lo que nos estábamos haciendo. 
Mientras él seguía revolviendo la herida abierta yo empecé a hacer borrón y cuenta nueva. Tenía bien en claro lo que quería y no iba a dejar que nada me lo arruine. Pero él no estaba de acuerdo conmigo. Me decía y me repetía que me amaba, que piense en las cosas buenas que habíamos pasado juntos. Y yo sabia que había cosas buenas, pero no podía recordarlas. Quedaron en el lado de la balanza que pesaba menos. Fuimos depositando todas en el lado que pesaba más.
Des-enamorarme surgió de a poco. A veces esto te hace pensar que quizás el amor no era tan fuerte si no es capaz de sobrevivir a estas cosas. Pero eso no es verdad. Yo se que lo amé. Lo se incluso ahora, mientras escribo. Es más, se que deposite en esto mi vida, mi corazón y mi alma. 
Me desenamoré. O eso es lo que creía, porque en realidad las primeras semanas, después de dejarlo, fueron un infierno. Una autentica tortura: verlo en todas partes, pensarlo todo el día, preguntarme como estaría... Por momentos creía que iba a enloquecer, incapaz de sacar imágenes de mi cabeza. Todo lo que habíamos vivido, todas las noches que pasamos juntos en mi living mirando películas, la cantidad de lagrimas que derramamos juntos, la cantidad de risas que nos regalamos. Todo se había quedado conmigo. Él se ríe moviendo los hombros y ahora adapte esa maldita forma de reírme. Todo lo que me rodeaba tenia que ver con Agustín y no era nada divertido. 
Por un momento creí que estaba tomando la decisión equivocada. En el momento en que lo dejé no me puse a pensar en si lo iba a extrañar o no, decidí escaparme sin replanteármelo dos veces, pero cuando ya no estaba no podía saber si era lo correcto. Estuve un mes entero pensando y pensando en si tenia que volver... de otra forma no tenia sentido tenerlo constantemente en mi cabeza. Me costaba horrores tenerlo lejos. Estaba tan acostumbrada a su presencia que su ausencia se me presentó como un vacío. Lo que había construido hasta el momento ya no tenia sentido. Me di cuenta que aquella vez tuviste razón: era una obsesión. Eramos las personas indicadas para llenarnos el vacío que él empezó a sentir ahora, que yo sentí desde siempre. Nos queríamos. Claro que nos queríamos y estábamos enamorados... pero ¿cuánto duró? Apenas 9 meses. Cuando dejamos esa fachada del romance descubrimos nuestra verdadera naturaleza. Él se convirtió en un perfecto manipulador, psicótico y agresivo. Y yo me volví una maldita despreocupada, no volví a echar la mirada atrás (o al menos no se lo reconocí a él) y di vuelta la pagina de inmediato. Todo el dolor que tenía se iba a ir en algún momento.


Pero ahora, mirándolo desde lejos,  siento que el des amor no es eso. Esa época es una especie de duelo. Para poder atravesar una ruptura primero tenes que sentir todo en carne viva. El dolor se presentó los primeros días, después es extrañarlo y con los días odiarlo. Una dura prueba que a veces se torna insoportable. Si sobrevivís a una relación tan caótica como la nuestra quiere decir que sos fuerte, pero si superas el duelo, estas nuevamente lista para arrancar la vida. Y yo lo estaba.
El completo des-amor, entonces, no es el que lleva a romper una relación. No. El des amor es mirar alrededor y sonreír al darte cuenta de que ya no esta. Es dar gracias a que se terminara. Alegrarse porque se acabó. Es sonreír aliviada al darme cuenta de que soy mas feliz ahora, cuando Agustín no esta. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Árbol caído


No voy a ignorar que la pasé genial,
pero después de un tiempo me dí cuenta
 que lo que más extrañaba... 
era a mí misma. Y a él. 



-El problema es que lo extraño. Me cuesta reconocerlo, pero lo extraño. Ese día que salí con Romi y lo cruce en la calle no lo podía creer. Estaba caminando de la mano de Agustín y en cuanto lo vi salí corriendo desesperada a saludarlo. Y lo peor es que cuando entre en su abrazo encontré mi centro otra vez. Mi eje. Tarde en darme cuenta, me costaba reconocer que estaba de novia con una persona que no me hacia sentir bien, pero cuando lo hice necesite cambiar. 
-¿Y él como se lo tomó?
-Pésimo. Todavía estamos en veremos... no lo acepta y a mi me cuesta un poco también. No son tantos meses juntos, pero es como tirar mucho por la borda. No se como explicarte.
-Cuando lo dejaste a Mauro no te paso eso. ¿Por qué?
-Lo deje por una razón distinta. Nunca le di el 100% de mi y me parece que él no se lo merecía. Tomar la decision fue difícil, pero lo hice mas por él que por mí. En este caso es un poco al revés. No puedo seguir viviendo a este ritmo. No lo aguanto, te juro. 
-¿Y con Mauro que vas a hacer?
 Parecía un chiste pero justo en ese momento el despertador me trajo de vuelta. ¿Y con Mauro que voy a hacer? pensé apenas me levante. El pie derecho en el suelo y mi alma tranquila. 
 Me encanta que te aparezcas en mis sueños. No quiero despertar jamas. Es una locura porque me hace pensar en que estas constantemente espiando todo y cuando apareces lo haces en el momento justo. Cuando empiezo a caerme estas ahí  del otro lado, ayudando a levantarme. Es mágico. 

 Esta vez la que se había caído no era yo. No, en serio, no era yo. Era otra persona, una Guillermina cegada. Una Guillermina que yo no había conocido hasta entonces... una que era capaz de perderse a si misma con tal de pagar culpas y vivir en un falso final feliz. 
 Ya lo dije, mi historia con Agustín empezó torcida, lo sabía, pero me creía capaz de ir contra las leyes de la naturaleza. Me creía capaz de enderezarla. Árbol torcido dije hace unos meses. Árbol definitivamente caído, digo hoy. 

  Anoche me acosté temprano. Desde mi cumpleaños, Agustín y yo entramos en un receso. Una especie de descanso sentimental, raro de explicar. Esa noche me mostró su verdadera cara (¿O ya la había mostrado antes?) y esta vez no pude hacer la vista gorda. Deje de mentirle, deje de mentirme a mi misma y así estamos... viendo que se puede salvar y que se debe tirar. No nos vemos seguido y cuando nos vemos todo se transforma en discusión y llanto. Es muy difícil rescatar algo de lo que perdimos, pero que se yo, el amor sigue diciéndonos que tenemos que hacer el intento. Yo sinceramente lo veo imposible. 
 Me faltan las ganas de verlo. No se que pasó, las perdí  Y cuando lo veo me doy cuenta que no lo soporto. Hasta sus demostraciones de afecto me parecen falsas y toda su actitud se volvió un poco morbosa. En realidad no se quien esta intentando salvar la relación, creo que es él solo y yo me dejo llevar, guiada por la culpa, como siempre. Porque eso es lo que hace que sienta: culpa. 
 Nunca me costó eso de negar finales o terminar las cosas. Siempre tuve mucha cobardía con respecto a eso y se escaparme fácilmente (Leer La rana con atención) pero esta vez algo me tiene atada y no es para nada bueno. Agustín me aleja de mi misma. Hace que me transforme en alguien que yo no conozco. Alguien que se olvida de las cosas que vivió. Alguien que no se anima a terminar y decir que no. No, Agustín  no quiero seguir con vos. No tiene sentido lo que estamos viviendo. No. 

 Me fui a dormir con todas esas cosas en la cabeza. Agustín, tan lejano a mí, y Mauro, que a pesar de estar del otro lado de mi vida, lo sentía mas cerca que nunca. Siempre que te contaba algo que había soñado te hacías el analista y me decías "los sueños son deseos reprimidos, enano". Yo no me hacia cargo de lo que decías, una frase hecha era poco comparado a lo que mis sueños significaban en realidad. Mas que deseos eran una vida no realizada, un sentimiento de culpa (otro mas), ganas de volver a empezar. Eran aproximadamente las diez cuando me fui a acostar y a las doce menos diez mi sueño me despertaba alarmante. ¿Por qué la puntualidad? Era el cumpleaños de una de las personas mas importantes de mi vida. Era el cumpleaños de Mauro. 
 No lo dude ni un segundo, busque desesperada mi celular, que muy hábilmente se había perdido entre las sabanas y cuando por fin lo tuve en manos tipie mi mensaje. Mis felicitaciones. Mi corazón abierto. "Feliz cumpleaños. No necesito muchas palabras para expresar lo que conoces muy bien. Siempre y para siempre. Te amo.". Simple y conciso  Aunque con mucho atrás.
 Era fácil esconderme detrás de un celular. Un te amo en un mensaje de texto puede significar mucho o nada. Depende de como lo lea el receptor. Pero mi mensaje era real. Lo amaba. Lo había amado siempre y ahora que me toca vivir esto me doy cuenta de lo equivocada que estuve. Ya se, si estuvieras acá me dirías que era chica y que por eso busque la solución mágica a mis problemas, pero no entiendo como pude ser tan idiota. ¿Por qué me escape de sus brazos? ¿Por qué no me anime? ¿Por qué no me diste el golpe que me merecía? 
 Aun sabiendo que tenia que desarmar mi historia con Agustín empece a pensar en Mauro. Empece a ilusionarme todos los días con verlo, creía cruzarmelo en todos lados y cada vez que me parecía verlo mi corazón se salia de mi, se escapaba con él. Donde correspondía.  Sabia que estaba eligiendo otra vez el camino complicado, pero no podía hacer otra cosa. Para sobrevivir la separación que se me venia encima tenia que trasladar mi mente a otro universo. Uno feliz. Uno donde Mauro y yo estuviéramos juntos y felices. Otra vez el cuento de hadas, otra vez la princesa frustrada busca al sapo, lo besa ¿y qué pasa después?