viernes, 22 de marzo de 2013

La máscara


Tenemos miedo. Todos tenemos miedo.
Aunque lo bueno de esta vida es que casi nunca te preguntas cuáles son nuestros miedos.  
Y de repente, un día, todos esos miedos se plantan delante nuestro
y se dejan mirar. Entonces nos damos cuenta que somos miedosos a todo. 
Nos da miedo volar, la oscuridad, nos da miedo que que nos roben y nos da miedo amar,
 y entregar en eso parte de nosotros.



Que cosa desesperante el insomnio. Esa sensación que te produce en el pecho, que te inquieta, que no te deja pegar un ojo y descansar, por mas vueltas que des. El corazón siente una cosa y tu mente otra. Y el asunto sigue rondando en tu cabeza, sigue presionando en el medio del pecho. Porque la angustia se sitúa ahí, justo en el medio del pecho, y no se va. Hasta que la angustia no se diluye no se va. Y esa angustia a veces son palabras que no se dijeron, por miedo o porque algo externo nos lo impidió. A veces la angustia se calma tan solo con un abrazo. O con la caricia adecuada. La angustia, el dolor, la desesperación, la incertidumbre... todos sinónimos de insomnio. ¿De que se trata el mío? El mio, como siempre, es una mezcla exquisita de cada uno. 

La espera me esta matando. Recién empieza el año y yo ya estoy desesperada por largar toda la angustia que tengo adentro. Angustia que no solo no me deja dormir, sino que tampoco me permite pensar con claridad. Es un tanto irónico, ya que es el momento donde tengo todo absolutamente claro. Ya se a quién amo. Ya se a quién olvide. Ya se con quién no puedo ni quiero vivir. Y todas esas certezas despiertan en mí algo nuevo: todavía no lo se, pero estoy descubriendo quién soy. Quizás sea ese descubrimiento interior el que no me permite dormir... la ecuación mas difícil de descifrar. ¡O aun mejor! Quizás ya se quién soy. Quizás me miro al espejo y me reconozco. Soy esto, amo esto, me gusta esto, quiero esto. El tema es ¿cómo lo digo o lo demuestro sin ser rechazada?

Mi vida siempre se trato de apariencias. Si, en serio. Era yo, pero guardándome un casi 60% en mí. Una especie de iceberg. Los icebergs son interesantes precisamente por el mismo motivo, nosotros podemos ver un 10% mientras que el resto se esconde debajo de agua, temeroso de ser descubierto. Vos tenías una teoría distinta, pero similar. Me decías "Almendra". Y lo hacías justamente por la misma razón. Vos veías dos Guillerminas distintas: la corteza de la almendra y el interior. Se cuentan con las manos las personas que llegaron a tener ese privilegio. Y no porque yo lo haya permitido, para nada, pero como dijo un amigo mío: lo esencial es invisible y solo los ojos adecuados puede llegar tan lejos...
Siempre fue difícil para mi mostrarme del todo. Es como si supiera que no hay forma de ser aceptada si digo todo lo que pienso y hago todo lo que creo que debo hacer. Por eso esta angustia me esta matando. Por eso no puedo cerrar los ojos, no puedo decirle a mi cerebro que deje de armar situaciones en mi mente, porque hay que esperar. Siempre y por mas absurdo que suene, hay que esperar. Y esperar a mi me parece una idiotez. Quedarme de brazos cruzados, esperando que el tiempo resuelva y haga y lo charle con el destino a ver si por casualidad se le ocurre aceptarlo... puro cuento de hadas. Pero así lo quisiste. Esa fue la promesa que te hice. Entonces todas las noches, todas las noches, me acuesto sabiendo que no voy a dormirme, no hasta que no salga el sol. Y llego tarde al colegio, aunque vaya de tarde. Y soy un zombie en el recreo, mientras mis amigas charlan y comparten lo que vivieron en sus ultimas horas. Y yo amo escucharlas, porque aunque hayamos estado el día anterior en la misma situación, siempre, no importa lo que pase, hay historias que actualizar. Pareciera que esas horas que estamos separadas el mundo se empeñe en darnos material para el otro día. Y venimos con dudas, con anécdotas  con quejas (casi siempre quejas) confiándonos ciegamente todo lo que pensamos y sentimos. 
¿Por qué no puedo hacer eso ahora? ¿Qué es lo que me impide hablar en voz alta? ¿Decir lo que siento? ¿Por qué tengo tanto miedo de ser rechazada? ¿Ridiculizada? ¿Por qué no puedo dejar a un lado la mascara y mostrarme? ¿No se supone que quién realmente te ame tiene que hacerlo por y pese a como sos? ¿No se trata de eso el amor? ¿Quién va a responderme todas estas preguntas? Y casi parece que te escucho responderme: vos. Si, Facundo, yo misma. Ya lo se. Cuando tenga que ser. Siempre y cuando la angustia no me venza primero. 







sábado, 9 de marzo de 2013

Amar o callar.

Marzo, 2009.


Es de noche y me encuentro frente al monitor. No puedo dormir. Hace noches que no puedo dormir. Y sin embargo prometí que iba a intentarlo, pero se me esta yendo la vida intentándolo. Nunca quise estar sin él. Pero tampoco quise estar al lado suyo. Que contradictorio todo... ahora que no esta siento que su ausencia es un pozo oscuro e interminable. Ahora que no esta lo siento cerca. Ahora que realmente no esta, porque no puedo acercarlo... lo prometí. Prometí que iba a mantenerlo lejos. Y se que el corazón necesita de un proceso para curarse, pero ¿era necesario tenerlo lejos? 
Conozco una sola manera de curarme, una especie de medicina que no falla nunca. Tecleo y ahí lo tengo, justo en frente de mí. Abro la ventana con su nombre. Quizás Mauro también tenga ganas de saber. Quizás él tampoco puede dormir y tiene ganas de leer:


Entonces los días pasan... el tiempo se vuelve interminable y todo se transforma en monótono. Ya me olvide cuando fue la ultima vez que me reí o que hice algo que tambaleó mi corazón. Mentira. Si, es mentira. Se exactamente cuando fue, pero no puedo decirlo en voz alta. No puedo esperarte. Así que los días pasan, mientras yo respiro, y se van. El tiempo acecha. 
Me hice una promesa a mí misma. Y esas cosas valen muchísimo mas de lo que te podes imaginar, pero a veces tengo ganas de romperla. Y tengo ganas de salir corriendo y llamarte, que nos quedemos horas hablando, amanecer con tu voz del otro lado. Tengo tantas cosas para decirte, tanto que preguntarte... cómo estas, qué hiciste, cuántas veces pensaste en mí. Y después me aterra saber la respuesta. O escucharla de tu boca. Porque saber, saber yo se todo. Lo entendí en el momento en que te dije que te amaba y desviaste la mirada. Aunque quizás esas respuestas en algún momento se puedan cambiar. A veces es bueno alejarse para entender un poco el camino. Y eso es lo que estoy haciendo yo ahora. Me alejo de vos porque necesito entender, y curar un poco esto que siento. Todavía no puedo ponerle nombre. No se si es culpa, si es amor, si es dolor. No se que es lo que me presiona el pecho, pero se que tiene tu nombre. Quizás porque desde ese maldito momento en que me miraste entendí que estabas lejos, y puede que ni vos lo sepas. Después digo que no. Me miro y me digo que vamos a ser felices juntos, en algún momento... ¡es tan clásico! Y nuestra historia merece un poco de épica. Entonces me aferro a esa esperanza. La sujeto fuerte y no la dejo partir... porque cuando alguien a quien vos amas se va, intentas detenerlo con todo. Lo frenas con tus brazos, pero se escapa. Entonces lo llamas a gritos, pero sigue concentrado en su camino... Tratas de frenarlo con la mente, con todo el cuerpo... se te va el alma intentando detenerlo... porque quizás así podes detener al menos su corazón. Pero no, no es así. El corazón tiene pies que nosotros no podemos ver. 


Pero cierro la ventana, después de borrar el contenido. Otra noche mas que me quedo callada. Otro día que no lo digo. Y el tiempo sigue de largo... y mi alma se va con cada silencio. La vida sigue.