Tenemos miedo. Todos tenemos miedo.
Aunque lo bueno de esta vida es que casi nunca te preguntas cuáles son nuestros miedos.
Y de repente, un día, todos esos miedos se plantan delante nuestro
Aunque lo bueno de esta vida es que casi nunca te preguntas cuáles son nuestros miedos.
Y de repente, un día, todos esos miedos se plantan delante nuestro
y se dejan mirar. Entonces nos damos cuenta que somos miedosos a todo.
Nos da miedo volar, la oscuridad, nos da miedo que que nos roben y nos da miedo amar,
y entregar en eso parte de nosotros.
Que cosa desesperante el insomnio. Esa sensación que te produce en el pecho, que te inquieta, que no te deja pegar un ojo y descansar, por mas vueltas que des. El corazón siente una cosa y tu mente otra. Y el asunto sigue rondando en tu cabeza, sigue presionando en el medio del pecho. Porque la angustia se sitúa ahí, justo en el medio del pecho, y no se va. Hasta que la angustia no se diluye no se va. Y esa angustia a veces son palabras que no se dijeron, por miedo o porque algo externo nos lo impidió. A veces la angustia se calma tan solo con un abrazo. O con la caricia adecuada. La angustia, el dolor, la desesperación, la incertidumbre... todos sinónimos de insomnio. ¿De que se trata el mío? El mio, como siempre, es una mezcla exquisita de cada uno.
La espera me esta matando. Recién empieza el año y yo ya estoy desesperada por largar toda la angustia que tengo adentro. Angustia que no solo no me deja dormir, sino que tampoco me permite pensar con claridad. Es un tanto irónico, ya que es el momento donde tengo todo absolutamente claro. Ya se a quién amo. Ya se a quién olvide. Ya se con quién no puedo ni quiero vivir. Y todas esas certezas despiertan en mí algo nuevo: todavía no lo se, pero estoy descubriendo quién soy. Quizás sea ese descubrimiento interior el que no me permite dormir... la ecuación mas difícil de descifrar. ¡O aun mejor! Quizás ya se quién soy. Quizás me miro al espejo y me reconozco. Soy esto, amo esto, me gusta esto, quiero esto. El tema es ¿cómo lo digo o lo demuestro sin ser rechazada?
Mi vida siempre se trato de apariencias. Si, en serio. Era yo, pero guardándome un casi 60% en mí. Una especie de iceberg. Los icebergs son interesantes precisamente por el mismo motivo, nosotros podemos ver un 10% mientras que el resto se esconde debajo de agua, temeroso de ser descubierto. Vos tenías una teoría distinta, pero similar. Me decías "Almendra". Y lo hacías justamente por la misma razón. Vos veías dos Guillerminas distintas: la corteza de la almendra y el interior. Se cuentan con las manos las personas que llegaron a tener ese privilegio. Y no porque yo lo haya permitido, para nada, pero como dijo un amigo mío: lo esencial es invisible y solo los ojos adecuados puede llegar tan lejos...
Siempre fue difícil para mi mostrarme del todo. Es como si supiera que no hay forma de ser aceptada si digo todo lo que pienso y hago todo lo que creo que debo hacer. Por eso esta angustia me esta matando. Por eso no puedo cerrar los ojos, no puedo decirle a mi cerebro que deje de armar situaciones en mi mente, porque hay que esperar. Siempre y por mas absurdo que suene, hay que esperar. Y esperar a mi me parece una idiotez. Quedarme de brazos cruzados, esperando que el tiempo resuelva y haga y lo charle con el destino a ver si por casualidad se le ocurre aceptarlo... puro cuento de hadas. Pero así lo quisiste. Esa fue la promesa que te hice. Entonces todas las noches, todas las noches, me acuesto sabiendo que no voy a dormirme, no hasta que no salga el sol. Y llego tarde al colegio, aunque vaya de tarde. Y soy un zombie en el recreo, mientras mis amigas charlan y comparten lo que vivieron en sus ultimas horas. Y yo amo escucharlas, porque aunque hayamos estado el día anterior en la misma situación, siempre, no importa lo que pase, hay historias que actualizar. Pareciera que esas horas que estamos separadas el mundo se empeñe en darnos material para el otro día. Y venimos con dudas, con anécdotas con quejas (casi siempre quejas) confiándonos ciegamente todo lo que pensamos y sentimos.
¿Por qué no puedo hacer eso ahora? ¿Qué es lo que me impide hablar en voz alta? ¿Decir lo que siento? ¿Por qué tengo tanto miedo de ser rechazada? ¿Ridiculizada? ¿Por qué no puedo dejar a un lado la mascara y mostrarme? ¿No se supone que quién realmente te ame tiene que hacerlo por y pese a como sos? ¿No se trata de eso el amor? ¿Quién va a responderme todas estas preguntas? Y casi parece que te escucho responderme: vos. Si, Facundo, yo misma. Ya lo se. Cuando tenga que ser. Siempre y cuando la angustia no me venza primero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario