Olvidándome de las bromas nerviosas
y las inquietudes propias de una pregunta como tal,
siempre voy a recordar lo que le respondí aquella noche:
un sincero y descarado sí.
-¿Te queres casar conmigo?
-¡Si!
-¿Cuándo?
-Emm, no se...
-¿En primavera?
Ojos oscuros. Pelo castaño. Sonrisa contagiosa, demasiado. Alto.
Cuando la carcajada que me provocó su pregunta se esfumó eso fue lo primero que observe. Ya lo conocía, es amigo de un amigo y ya había entablado unas pocas y cortas conversaciones con él, pero de todas formas creo que nunca lo había visto. Sí, dicho así suena bastante mal, pero es la verdad.
La verdad es que antes no veía mucho (o no veía casi nada) a lo que había a mi alrededor. Ahora que estoy sola puedo posar mis ojos donde quiera. Esa noche le tocó a Gonzalo.
Después de bailar un rato y planear nuestra boda ficticia nos fuimos. Nos fuimos de la mano como dos enamorados. Me había olvidado esa sensación, no la de tomar una mano, sino la de hacerlo sin ningún tipo de vínculo real, de pesadez. No recuerdo cuando fue la última vez que camine de la mano con alguien, pero supongo que en vez de liviandad sentí una pesadez enorme (no voy a nombrar cuál fue la imagen que se me vino a la mente, pero seguro te darás cuenta...). Ahora siento todo de una manera diferente, no hay presiones ni complicaciones, entonces lo vivo de esa manera. La verdad es que ni siquiera creo que me guste. Es simpático, muy, divertido, considerando que me sacó unas veinte carcajadas desde que me habló hasta que me fui (y eso, en este momento patético de mi vida es demasiado) y encuentro su mano livianisima y cómoda, pero solo eso. El hecho de concluir esta oración con "solo eso" hace que sonría nuevamente.
No puedo creer estar tan lejos de todo lo que me hacía mal. Quiero seguir festejándolo internamente a los gritos, pero creo que sería demasiado exagerado, o destapar una cerveza y brindar con vos un millón de veces, siempre y cuando estuvieras acá. Quiero muchas cosas, pero me conformo solo con sonreír. Y que las cosas fluyan, por una vez, por favor.
Mientras tanto la luz del messenger me dice que alguien me habla. Es Gonzalo nuevamente. Abro el chat e inmediatamente se me escapa otra sonrisa. Una más, si. Es increíble lo fácil que me resulta, aunque no quiero decir más nada. Voy a respoderle y seguir riendo. Evidentemente con él reír resulta muy fácil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario