Dame un por qué, un simple por qué, cualquier por qué. Pero qué idiota. Ya se sabe.
Cuando un amor se acaba se puede encontrar todo, excepto un porqué.
Estaba totalmente negada a verte ir. Sabía que en algún momento esta historia se iba a terminar, como terminan todas las historias. Sabía que era inevitable. Pero me iba a doler, me iba a doler tanto ver como te deshacías de mi, de nosotros...
Me deje cegar con la excusa de no saber nada, aun sabiendo todo y me deje caer, porque creí que ibas a estar ahí para rescatarme, como siempre.
Al principio pensaba, de hecho estaba segura, de que habías aparecido en mi vida para salvarme, no era casual, estabas ahí para hacerme salir adelante. Y lo lograste. Lograste sumergirme en tu mundo y me enseñaste que el amor es amor, es maravilloso y existe.
Fue un tiempo donde ponía las manos en el fuego por nosotros, donde creía que nada ni nadie podían romper ese mundo aparte que teníamos, lejos de todo y de todos. Lo nuestro era mucho mas que un destino, vos eras mi alma gemela.
El problema fue que creí que un alma gemela llega para quedarse, no entendí que en algún momento tenia que soltarte y cuando me di cuenta... quise jugar un rato más. Negarlo.
Y lo logré. Hice la vista gorda durante años y años, pero de tanto cegarme a mi misma no entendí que la única que jugaba a nosotros era yo. Cuando abrí los ojos era demasiado tarde.
Supe entonces que lo nuestro había llegado a su fin. Sin abrazo, sin cariño, sin dolor.
Fin.
Apreté con fuerza la hoja donde antes escribía nuestra historia, y comencé con una nueva hoja, a un nuevo destinatario, yo misma. Y decía más o menos así:
No hay comentarios:
Publicar un comentario