martes, 18 de noviembre de 2014

Primavera II

... pero me gustás vos y las cosas bizarras que compartimos 
y la relación tierna que tenemos y la pareja hermosa que hacemos; 
desde abril supe que eras para mí.



Noviembre, 2014. 

Desde que lo besé por primera vez hasta hoy pasamos por muchas cosas. Lindas, malas, buenas, divertidas, tristes... Crecimos, nos reímos, lloramos, nos abrazamos y nos besamos muchísimo (muchas veces más). Y es mentira lo del principio, desde que lo conocí, estuve descubriendolo, conociéndolo y aceptando. No a él, sino a mi misma, enamorada. Porque siempre creí que el amor te destruía y a mí ya me habían aniquilado. En todo sentido del sentimiento.  
Pero una noche lo conocí y otra noche lo besé y una mañana hicimos el amor y un mediodía no podíamos parar de hablar y una noche descubrimos lo cómodo que era abrazarse y un día me enamoré. Y para mi sorpresa él se enamoró también. 

Todos los recuerdos que tengo encima (los buenos y los no tan buenos), todos, me sacan una sonrisa enorme al pensarlos, al revivirlos y al sentirlos. Creo que nunca me había reído tanto como cuando lo conocí a él. Nunca me permití tanto ser feliz (eso no lo creo, de eso estoy segura). Creo que él me desenmascaró y a partir de ese momento no pude negar más nada. Ni hacerme la boluda nunca más. 
Ahora, mientras escribo, Gonzalo duerme en mi cama. Recién termine de escribirle una carta y me quedó tanto por decir que vine a mi habitual rincón a descargar. Él mientras tanto, duerme y tal vez sueña. Desde acá lo veo hermoso, lo veo grande, lo noto distinto al chico que me presentó en aquel bar, aquella noche casi fría de abril. Aquella noche en que me agarre de su mano por primera vez y nunca más la solté. 

Pero como ya dije, en el medio pasaron muchas cosas. No fue una historia de cuento de hadas, de hecho fue demasiado terrenal, pero a la vez mágica. Fue todo a nuestro debido tiempo. Esa fue lo más importante (desde mi punto de vista) porque nos dejamos ser en el sentimiento y la consecuencia de eso es el ahora constante. Es despertarme y elegirlo. Todos los días. 

La verdad es que desconozco la receta, de hecho me sigo sorprendiendo porque no sabía que era capaz de recibir y de dar tanto amor. Lo suponía, claro, pero lo desconocía. Aunque cada vez que recuerdo todo entiendo perfectamente como fue que termine tan enamorada de una persona tan inesperada y desconocida para mí. Era obvio que iba a enamorarme. Es hermoso, tiene un corazón increíble y una mirada del mundo excepcional. Es totalmente sensato pero aventurero. Divertido, pero tomándose las cosas en serio.  Pero lo que más obvio me resultaba era el hecho de haber empezado a amar las cosas que odiaba de él. Sí, chicos, sus defectos. Ese fue uno de mis primeros indicios. Cuando empece a quererlo por todo y no por las cosas que me parecía que estaban bien. 

Porque después de tan poco, pero tan intenso camino recorrido, aprendí que uno ama de verdad cuando acepta, cuando reconoce que el otro no es perfecto, cuando lo banca sin intentar cambiarlo. Y te aman de verdad cuando te aman por como sos. Y recibís amor cuando aprendes a darlo, sin ninguna restricción ¡por supuesto que no es fácil! Esa fue una de las pruebas mas difíciles para mí: animarme a que me vea, dejarme conocer y amar. Porque para mí todo era fácil, alejarlo así no sufro, pero con Gonzalo no pude. O no quise. Y eso es todo lo que voy a decir hasta el momento. 

¿Cómo fue la historia? ¿Cómo sigue? Tienen que descubrirlo como lo hago yo, cada vez que me despierto, que lo veo y me enamoro de nuevo












No hay comentarios: