Hay besos que no deseas, o que no esperas. Pero que llegan y no te sorprenden.
Lo que te sorprende tal vez es que no sabes cómo ni por qué, pero te empiezan a gustar.
Eso sí que es inesperado.
25 de abril. 2010.
Es la primera vez que un beso no me sobresalta de manera desquiciada. Que mi corazón, aunque esta inquieto, no se desespera ante el impacto. Mis mejillas si se ruborizaron, muchísimo. Para eso también es la primera vez.
El primer beso con alguien suele ser incomodo, suele ser ansioso y desencontrado. Las bocas, muchas veces, necesitan tiempo para encajar perfectamente, para entenderse. Y aunque este fue un beso inicial, chiquito, con la timidez digna de un primer beso, hasta me atrevo a decirte que fue perfecto.
Me había pasado toda la tarde explicándole a mis amigas las razones por las que yo no gustaba de Gonzalo. Ellas me decían que era obvio que me gustaba y que tal vez yo no me había dado cuenta, porque hacía muchísimo que no me veían reírme de tantas cosas tan seguidas. Ni hablar de que semejantes carcajadas fueran provocadas por la misma persona. Yo insistía con que no me reía tanto y no me gustaba. Y no mentía, te juro. No me gustaba. Creo que si no nos hubiésemos besado, yo iba a seguir sin gustar de él.
Claro que ahora sí me gusta. O me gustan sus besos. Tampoco lo sé y tampoco tengo ganas de definirlo ya mismo. Eso es lo que me frenaba, que todas las chicas me pedían una definición, que dijera si me gustaba o no, que sea franca conmigo misma... ¡Pero si yo no tenía nada que decirme! Ellas pretendían que me enrede nuevamente en mis propias conclusiones y yo es lo último que quiero.
¿Si me gusta? No lo sé. Supongo que sí.
¿Si besa bien? Encajamos excelente.
-No entiendo como terminas besando a alguien que no te gusta.
-¿Qué haces acá?
-Estaba aburrido en el paraíso.-Las bromas de mis sueños son increíbles. Son reales. Son tuyas. Voy a amar siempre al inconsciente que te trae hacia mí y que te hace tan real y tan Facu.
-Yo tampoco sé como lo termine besando.
-No te hagas la pelotuda y dame detalles.
-Estuvimos hablando durante casi todo el mes. Habían pasado unas semanas desde el encuentro en el bar y la propuesta de casamiento... de hecho, no lo había visto más desde ese día. Empezamos a chatear en la semana y nos pasamos los números de teléfono (ahí es cuando mis amigas empiezan a romper las pelotas) con la certeza de que nos íbamos a cruzar durante el transcurso del fin de semana. Obviedades, amigos y bares en común, tampoco era tan complicado.
El sábado salí como siempre, un poco me olvide de la conversación y un poco la recordé, pero nada fuera de lo común. Entre a un bar, él no y ahí como nos desencontramos creí que no iba a volver a verlo, así que cuando me lo cruce en la estación de servicio (ya casi al finalizar la noche) me pareció genial y cuando fui a saludarlo me encontré envuelta en su abrazo-
-Dejame adivinar... también encajan.
-No te soporto. En fin, yo antes de eso estaba hablando con un amigo de Mauro, así que lo acompañé a la esquina y de paso salude a los demas.
-¿Mauro no estaba?-
-No. Creo que no hubiese podido hacer nada más si Mauro llegaba a estar, por el bloqueo emocional que le provocaría a mi pecho sin aire semejante encuentro.
-¿Todavía lo odias con todo tu amor?
-No nos desviemos de tus detalles.- No quería hablar de Mauro. Nunca más en lo posible. No se por qué sigo escribiendo su nombre con tanta fluidez.- En fin, cuando volví me hizo un chiste al respecto, se hizo un poco el futuro esposo celoso y como consecuencia termine sentada a upa de él. No, no me mires con esa cara y no me preguntes cómo. Un poco de abrazo, un poco de besos en las mejillas, no se como ni por qué terminamos besándonos.
Al principio no entendía lo que estaba sucediendo, porque creía que estaba imposibilitada para besar a alguien más en mi vida...
-Exagerada como siempre.-
-Callate. Pero después me di cuenta que había sido lindo. Que estaba cómoda. Que me gustaba. No se si él, no se si la situación, no se si los besos. Me gusta. Y el viaje en colectivo de la vuelta fue aún mejor.
-Dejame ponerte a prueba...
-A ver.
-¿Ahora que pensas hacer?
-¿Qué pienso hacer con qué? Calmate un poco, novelero. No pienso hacer nada. No tengo nada para hacer.
Y eso era cierto al cien por ciento, pero de todas formas no podía negar que había sucedido algo. Chiquito, nuevo, insignificante. Tal vez más en mí que en él, o por él. Pero algo al fin. Gonzalo había aparecido como algo nuevo, con propuestas divertidas, con sonrisas y más sonrisas y ahora se le sumaban los besos. Lo malo de la situación es que no podía encontrarle nada malo, no había nada de negativo en esa nueva aventura en la que me estaba embarcando. Todo me llamaba a dejarla fluir. Todo él y todo lo que me pasaba. Y cuando me desperté encontré un sms suyo en mi celular. Otra carcajada más y van...
No hay comentarios:
Publicar un comentario