lunes, 15 de diciembre de 2014

Enamorarse (una y otra y otra y otra vez)

Y así fue como Guillermita en su irremediable soledad de aquella noche se fue a enamorar.


Me di cuenta que estaba enamorada de Gonzalo una noche, en mi casa. 
Me di cuenta de la manera mas absurda, pero así fue. Estábamos un poco borrachos, tirados en la cama, entre risas. En un momento nos quedamos en silencio, un silencio que para mí fue eterno y mientras lo miraba empece a notar todo lo que lo conformaba, todo lo que hacía que fuese él. Me enamore porque me di cuenta que tenia virtudes hermosas y defectos insoportables, pero que no me afectaban. Me enamore de él porque pude verlo. Sí, había tomado un poco de más, pero ese no es el caso... La cuestión es que estaba a punto de decírselo cuando me interrumpió. 
Me interrumpió y me dijo:
-Estoy enamorado de vos

Y fue en ese momento en que me di cuenta que clase de persona era. No antes, no después. En el momento en que vi sus virtudes y acepte cada uno de sus defectos. Me enamore de él cuando entendí que en realidad era noble y buena persona y no solamente un pibito que conoció a alguien en un bar y que estaba de paso por acá (y por unos cuantos lugares más). Me enamore porque no me dejó otra opción, enamorarme era inevitable (creeme, porque trate de evitarlo durante mucho tiempo y finalmente me di por vencida). 
Lo vi tan hombre. Tan lleno de buenos sentimientos y tan sensato para tantas cosas necesarias. Lo vi tan distinto a lo que me mostraba cuando recién empezábamos y tan diferente a la persona que era cuando estamos en público. Lo vi tan mio. Tan entregado a dejarme conocerlo, tan valiente por esa misma razón, tan interesado por lo que yo podía decir o hacer. Y lo vi tan libre que quise ser como él.
Lo vi tan parecido a mí, en tantas cosas y tan necesariamente distinto en muchas otras. Lo vi. Eso fue, Lo vi por primera vez, después de andar al lado suyo tantos meses, realmente lo vi. Le saque la máscara que yo misma le había puesto para alejarlo y me di cuenta que no quería tenerlo lejos nunca más. Supe que podía caminar al lado suyo y que nada malo iba a pasar, que el mundo no se iba a desmoronar y lo mas importante, vi que no me importaba si sufría o no... Estaba enamorada. Aceptarlo y entenderlo me había liberado de todos mis miedos absurdos. 
Y supe que lo acompañaría hasta donde pudiese, que me hundiría a su lado si era necesario, que lo intentaría todo con tal de estar juntos. Y a la vez comprendí que estábamos unidos por algo más que una simple relación o un intenso cariño. Pero no se lo dije, ni ese día, ni los que siguieron. Había sentido el impulso y cuando me interrumpió mis pensamientos se llevaron consigo la magia del momento. No se lo dije pero él siguió ahí. Lo volvió a decir unas cinco veces más y yo seguía en silencio. Un poco asustada todavía estaba, evidentemente. Además, todavía me resultaba irreal. Era la primera vez que mi amor coincidía con el de otra persona. La primera vez que amaba al mismo tiempo de ser amada. Demasiado bueno para ser verdad. 
Así que aguante lo más que pude hasta que lo vi escrito. Dos semanas después yo seguía sin comunicarle mi amor, pero eso a él no le importaba. Una noche, despidiéndonos vía sms lo dejo escrito. Lo dejó ahí, en el final, como si lo hubiese dicho desde siempre. Se despidió y agregó "te amo". Como si nada... Entonces supe que tenía que abandonar mi burbuja porque tenía mas para perder ahí que fuera de ella. Gonzalo era la persona que yo amaba y nada más entraba. Todo lo demás era un simple decorado. 


No hay comentarios: